Capitulo 53

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Lloro y me desespero y a las dos de la madrugada, cuando sé que todos duermen, bajo a la cocina a beber agua. Entro a oscuras y pienso en mi hermano Richie. Necesito hablar con él y, sin dudarlo, me dejo caer al suelo en un rincón de la cocina y, tras calcular la diferencia horaria, lo llamo por teléfono. Se oyen dos sonidos y entonces:

—Hola, mi niñaaaaaaaaaaaa.

Su voz cariñosa me emociona y me echo a llorar. Richie se preocupa. Me pide que por favor deje de llorar y que le hable.

Rápidamente me recompongo. No puedo hacerle eso a mi hermano y, secándome las lágrimas, le hago saber:

—Ya está… ya se me ha pasado.
—¿Qué te ocurre, Becky?

Necesito ser sincera, decirle la verdad y murmuro:

—Aquí todo es un desastre, Richie. Todo está saliendo mal.
—¿Estás mal con Freen?
—Con Freen no, ¡con su jodida abuela! Esa maldita vieja se cree que estoy con ella por su dinero. No cree que esté enamorada. Me llama inglesa con desprecio. Cree que por tener veintiun años no tengo cerebro. Me rechaza por ser cantante y no para de insistir en que su nieta no va a ser feliz conmigo y que… y que… debería dejarla.

Mi hermano resopla y dice:

—Tranquilízate, Becky. Si esa mujer dice eso es porque no te conoce. Si te conociera…
—No quiere conocerme, Richie. Sólo quiere desesperarme, humillarme y sacarme de mis casillas para discutir conmigo a todas horas y que su nieta me odie y finalmente me deje. Hoy nos hemos enfrentado como nunca y yo… ahora no sé dónde está Freen y…

De pronto oigo a mi madre, que le quita el teléfono a mi hermano y dice:

—Cariño, ¿cómo estás?

Tragándome el nudo de emociones que no me dejan vivir, respondo:

—Hola, mamá. Estoy bien… muy bien.
—¿Qué tal la familia de Freen?
—Bien, mamá la familia de Freen está muy bien.
—¿Y su abuela, mi niña, está mejor? Se me encoge el estómago. Tengo que mentirle:
—Sí, mamá, esta mejor. Se toma la medicación que le han dado y cada día está más fuerte. Ya incluso camina con normalidad.

Hablamos unos minutos más y, finalmente, me vuelve a pasar con mi hermano. Cuando Richie toma el teléfono, murmura:

—Perdóname, Becky. Mamá ha llegado en este momento y me ha quitado el teléfono de las manos. ¿Le has contado algo?
—No, no le he dicho nada. Simplemente que todo bien por aquí y que la abuela de Freen es muy cariñosa....

Eso nos hace reír a los dos y entonces mi hermano me plantea:

—¿Quieres que vaya a buscarte? Puedo coger el primer vuelo que haya y mañana estoy ahí. Lo pienso. No sé qué responder e, intentando aclararme, respondo:

—Déjame pensarlo y mañana hablamos, ¿vale? Me despido de él, cierro el telefono y me tapo la cara con las manos. ¿Qué debo hacer?. Cuando consigo encontrar un poco de fuerzas, salgo al jardín. Está precioso, iluminado por la luna. Pienso en lo que he hablado con mi hermano y me doy cuenta de que estoy enfadada con Freen y que no quiero verla. Creo que su abuela está consiguiendo lo que busca: hacernos romper.  Mide nuestras fuerzas, crea dudas en ella e inseguridades en mí y al final una de las dos va a terminar con todo. ¡Menuda vieja zorra! Camino por el jardín y me acerco a la valla para ver el mar. Las vistas son espectaculares. Abro la puerta lateral y salgo. Cruzo la carretera y, de pronto, veo acercarse las luces de un coche y me escondo. El corazón se me acelera al ver que es Freen. No tiene buena cara y me preocupa. Aunque la mía tampoco debe de estar muy bien. Cuando el coche desaparece, respiro aliviada. No me ha visto. ¿Irá a mi habitación o se irá a la suya?

Salgo de detrás del árbol y camino hacia la playa, pero de pronto oigo a mi espalda:

—¿Qué haces levantada y sola por aquí a estas horas?

Doy un chillido, asustada. Pero me tranquilizo al encontrarme con Faye. Aliviada, sin pensarlo me echo en sus brazos y cuando me separo de ella, le digo:

—Hoy he tenido un día terrible, Faye.
—Algo me ha dicho P'Susie por teléfono. Comenta, mirándome
—Vamos, relájate. Caminamos por la arena de la playa y pregunto:

—¿Qué haces tú aquí? Señala su coche, aparcado en un lateral, y explica:

—Me gusta pasear de noche por la playa. Mi padre lo hacía cuando estaba en casa y creo que su manía ahora es la mía.

Pensando en su abuela, pienso claro que nunca seré objeto de su devoción y digo:
—He tenido una terrible discusión con Freen por culpa de tu abuela. Dice que…

Faye no me deja terminar. Me corta y dice:
—Joder… con mi abuela. Así es.
—Creo que esto no va a funcionar, Faye. Vamos a cometer un error y cada vez lo veo más claro. Lo mejor es que regrese a Inglaterra.
—No.
—Necesito desaparecer. Tu abuela me está volviendo loca. Pero si hasta me ha llamado inglesa S‌op‌heṇī…
—¡¿Mi abuela te ha llamado asi?! Asiento y, angustiadísima, se lo cuento todo. Faye, atónita, no da crédito a lo que oye, cuando añado:

—Pero si hasta me ha tentado con una propuesta bochornosa para que me marche y deje a Freen. Ella, que ya está calentita, me mira y con la mandíbula tensa, pregunta:

—¿Qué clase de propuesta?

Horrorizada por lo que creo que he dado entender, aclaro:

—Nada sexual, tranquila… tranquila. Respira aliviada y explico:

—Hace unos días, me pilló cantando. Me invitó a visitar el despacho de tu madre. Yo pensé que íbamos a fumar la pipa de la paz y cuando más emocionada estaba mirando los premios de toda su vida, me dice que me puede buscar un productor musical que lance mi carrera al estrellato, pero que, a cambio, tengo que dejar a Freen y desaparecer.

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