Capitulo 62

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Media hora más tarde, mi nivel de cabreo sube, sube y sube cuando la muy cerda, porque no tiene otro nombre, comienza a comentar ante las demas mujeres del grupo detalles de cómo eligieron Freen y ella la encimera roja de la cocina de la casa, por qué decidieron el color  para las paredes del salón o el estreno que hicieron del colchón de la habitación principal.
Mi gesto ya no es bonito y creo que todas se dan cuenta menos ella. Sus anécdotas fuera de lugar ya me tienen harta. Y, una de dos: o me voy de allí, o la cago.

Miro a Freen, que habla con sus compañeros y sonríe sin saber lo  que Nita cuenta. Pero cuando nuestras miradas se cruzan, sabe que me ocurre algo. Se acerca a mí, me coge de la cintura y me pregunta al oído:

—¿Qué ocurre, cariño? Volviéndome hacia ella para que nadie me oiga, respondo:

—¡Quiero irme de aquí ya! Y cuando digo ya es ya.

Sin preguntar nada, asiente. Nos despedimos de los que nos rodean y Lingling y Orm aprovechan y se marchan con nosotras.

Al salir del local, caminamos un par de metros y nos despedimos de las chicas, que cruzan al otro lado de la calle para ir hacia su coche, mientras nosotras dos nos dirigimos al nuestro.

—¡Maldita bruja de mierda! Freen, que no sabe qué me pasa, me mira y dice:

—De acuerdo, cariño, ¿qué ha ocurrido? Enfadada, me paro y digo:
—Tu ex, esa rata con cara de angelito, ha tenido la poca vergüenza de decirme, para sacarme de mis casillas, que  su Freen es romántica, caballerosa y apasionada. Y por si eso fuera poco, no ha perdido ocasión de contarme, a mí y a todas las mujeres de tus amigos, por qué elegisteis la encimera roja de la cocina, el porqué del color almendra de las paredes, y para rematar, la muy asquerosa se ha pasado  insinuando que el día que les llevaron el colchón de la cama principal le dieron un buen estreno. Freen se pone seria.
—¿Ha comentado eso?
—Sí, lo ha hecho. No sé a qué quiere jugar esa perra, pero que tenga cuidado conmigo.

Ella está desconcertada por mis palabras y murmura:

—Vale, cariño. Tranquilízate.
—Me tranquilizo. ¡Claro que me tranquilizo!. Pero ¿qué te parecería que una ex mío, delante de un grupo de hombres, presumiera de lo bien que lo ha pasado conmigo en la cama delante de ti? ¿A que jodería? Sin duda jodería. Sólo hay que ver cómo se desencaja cuando dice:

—Tardaré dos minutos. No te muevas de aquí.

La miro entrar en el local. Si a mí un ex me hiciera esto, desde luego que le diría cuatro cosas bien dichas. ¡Maldita perra! Por mi mente comienzan a pasar los peores improperios que una persona puede decir.

Me encantaría soltárselos todos a ella. Pero no. Mejor me callo. Con lo que Freen le diga, seguro que es más que suficiente.

—Rebecca. Al oír la voz de Lingling, miro al otro lado de la acera y la veo con Orm en su coche.

—¿Qué haces aquí sola?
—Freen se ha olvidado algo en el pub. Saldrá en seguida. Miento.

Lingling para el motor, se baja del coche y dice, ignorando a Orm:
—Esperaremos contigo. No quiero que estés sola en la calle. Sonrío. Ésa es la galantería de las Chankimha. Encantada por el detalle, comienzo a cruzar la calle para acercarme a ellas mientras sonrío.

De pronto, un coche enciende las luces a unos metros de mí. La miro y prosigo mi camino, pero el sonido de un estridente acelerón me hace volver a mirarlo y me detengo.
Los pies se me quedan pegados y el coche se acerca. El miedo me paraliza y en ese momento veo a Freen salir del local. Nuestras miradas se encuentran y la oigo gritar desesperada:

—¡¡¡Rebecca!!!.....

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