Capitulo 44

438 58 1
                                        


Al levantar la vista, en lo alto de la escalera veo a una mujer sentada en una silla de ruedas. Eso me sorprende. Freen no me lo había dicho.

—Ya era hora de que llegaran. Me informaron de que su avión aterrizó hace horas. ¿Dónde se habian metido, muchachas?

Me mira seria e intimidatoria. ¡Vaya lo que me espera con la gruñóna…!

—Abuela, ¿qué haces en la silla?. Le reprocha Freen.
—Vaya, ya llegó la doctora. replica ella.
—P'Susie.. quiero esa silla fuera ¡ya!
—De acuerdo, cariño, de acuerdo. Dice  sonriendo la mujer ante la cara de incomodidad de su jefa.

Entonces, tirando de mí, Freen me hace subir los escalones y, poniéndome frente a su abuela, dice:
—Abuela, te presento a Rebecca Armstrong. Rebecca, mi abuela. La mirada seria de la mujer se clava en mis ojos y, con los nervios, me rio. Intento contenerme, pero soy incapaz. Ella pregunta muy seria:

—¿Te hago gracia?

Niego con la cabeza. Madre mía, qué mal. E intentando ser correcta, murmuro:
—No, señora. Pero cuando me pongo nerviosa me río.

Me mira unos segundos y finalmente espeta, aún mas  seria:

—Curiosos nervios los tuyos.

Voy a agacharme para darle dos besos, pero ella me corta tendiéndome la mano. Intento que no lo note y le tiendo la mía. Al cogerla, mira en el anillo que llevo puesto. Lo mira durante unos segundos en los que creo que va a decir algo al respecto, no precisamente agradable, pero tras darme un apretón, me suelta y pregunta:

—¿Por qué tardaron tanto?
—Le hemos enseñado un poco la ciudad a Rebecca abuela. Responde Faye.

Durante unos instantes que a mí se me hacen eternos, me mira hasta que dice:

—La comida se enfría. Tienen cinco minutos para lavarse.

Y sin decir nada más, hace girar la silla de ruedas y desaparece en el interior de la casa. Resoplo y respiro hondo, y para aliviar el tema digo:
—Tranquilos. No ha pasado nada.

Freen, que intuyo que teme problemas con su abuela, me da un beso en la cabeza y murmura:

—No te preocupes. Todo irá bien.

Convencida de que la Ogra pretende disfrutar a mi costa, sonrío y contesto:

—¡No lo dudo!
—P'Susie, enséñale su habitación para que se refresque. Le ordena entonces a la mujer. Y, dicho esto, se marcha con Faye. Ella y yo entramos en la impresionante casa. Lo primero que me llama la atención es el silencio. Un silencio denso, incómodo. Un silencio que no me gusta nada. Pero el lugar es impresionante. Mármoles en el suelo, lujo y elegancia allá donde mire. Subimos una majestuosa escalera y, al llegar al segundo piso, veo un pasillo con varias puertas. P'Susie abre una de ellas y me comunica:

—Ésta es tu habitación. La de Freen es la segunda puerta a la derecha. Me guiña un ojo y yo sonrío.
—Refréscate y luego baja al comedor. Te esperamos.

Cuando me quedo sola en la estancia, miro a mi alrededor. La habitación es preciosa, pero me molesta no dormir con Freen. Sin tiempo que perder, entro en el cuarto de baño de la habitación, me lavo la cara y las manos y decido darme prisa. No quiero que la abuela se moleste. Bajo la escalera por la que acabo de subir y, al llegar a la puerta del salón, oigo la voz de la mujer diciendo:
—¿Tenías que regalarle el anillo que te di?
—Sí, abuela. Oigo que responde Freen.
—Pero era mio. insiste la gruñóna.

Me apoyo en la pared, asustada. Está claro que esto va a ser duro. Y no puedo escapar de aquí, ¡no tengo adónde ir!
—Me regalaste ese anillo, como a Faye y a Lingling les regalastes otros. Oigo decir a Freen
— siempre dijiste que se lo debíamos entregar a la mujer que creyéramos tenía nuestro corazón. Y Rebecca tiene el mío. Por tanto, lo llevará te guste o no.
Me estremezco al oírle decir eso. ¡Es un amor!

—Mira tu hermana Lingling. Continúa la voz de la abuela
—Cada divorcio nos ha costado un dineral. Las mujeres con las que se ha casado han sido todas unas aprov…
—Lo que haga o deje de hacer Lingling con su vida o sus mujeres no me incumbe. La corta Freen.
- Yo sólo me preocupo por mi futura mujer. Por nadie más.

¡Esa es mi chica! Su contestación me da fuerzas y tomo aire para entrar en el salón.
Que sea lo que Dios quiera...

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora