La mañana siguiente seguimos hablando de nosotras, y Freen dándome un beso, propone:
—Podemos pasar unas semanas con la abuela como yo estoy pasándolas con tu familia. Quiero que nuestra vida se normalice y así yo poder retomar mi trabajo antes de Navidad y…
—Espera… espera… espera… Freen me mira. Su gesto se endurece y dice:
—Becca, he venido a buscarte. Si por mí fuera, mañana mismo nos casábamos. No quiero separarme de ti y mi intención es que no lo hagamos.
Eso me descoloca. Creía que de momento ella regresaria y un tiempo después… Pero no. Veo que ésos no son sus planes. La miro desconcertada. Irme significa dejarlo todo y no ver a mi familia por un tiempo. Frren, que me observa, intuye lo que pienso y dice:
—Regresaremos siempre que podamos, te lo prometo. Al mirarla, mi corazón se desboca. ¿Qué debo hacer? Si ella se va y ya no la tengo a mi lado, sé que sufriré, que lo pasaré mal. Si me voy yo y no veo a mi familia, también lo pasaré mal. Cierro los ojos. Dejo que el sol me dé en la cara y mi corazón me da la respuesta. Cuando abro los ojos, tengo claro lo que debo hacer. Si Freen se va de mi lado, me moriré de pena.
Realmente quiero estar con ella y separarnos no va a ser fácil. Decidida a hacer la locura de mi vida, la beso y, cuando me separo de su boca, digo:
—De acuerdo. Me iré contigo.
Ella suspira aliviada y, besándome, murmura:
—No te arrepentirás, cariño.
Disfrutaremos de la vida, viajaremos y te enseñaré los sitios más bonitos del mundo y…
—Un momento. La corto.
—Quiero hacer todo eso que tú propones, pero también quiero que quede claro que no voy a renunciar a mi sueño… —No quiero que lo hagas.
Dice con seriedad, al entender de lo que le hablo.
—Sólo te pido tiempo para mí. Para nosotras. Sé que ahora no lo entiendes, pero cuando estés metida en la vida artística, sí lo entenderás.
No sé qué decir. Ella ha vivido toda su vida entre músicos y seguramente sabe bien de qué habla. Haciéndome cosquillas para que cambie mi expresión seria, pregunta:
—¿Has pensado ya en una fecha para la boda?
Su insistencia me hace reír. Cada día me lo pregunta y, al recordar una conversación que mantuvimos en el barco, contesto con gracia:
—¿Qué te parece el 14 de febrero?
Su cara es todo un poema.
—¿El Día de los Enamorados? Pregunta. Esa fecha, sé que ella la odia, pero divertida al ver su cara, asiento y, para hacerle rabiar, digo:
—¿No te parece romántico casarnos ese día? Freen me mira.
¿El antibodas casándose el 14 de febrero? Pero acto seguido dice que sí con la cabeza.
—De acuerdo. Nos casamos ese día en Los Ángeles.
Por el amor de Dios, ¿se lo ha tomado en serio?
—Lo he dicho en broma, Freen. —Pues yo no. Ríe. Incómoda por su seguridad, insisto:
—Pero, mi niña, ¿cómo nos vamos a casar ese día?
Tumbándose encima de mí, me besa y, llevándome donde ella quiere, contesta:
—Nos vamos a casar ese día, bebé, porque te quiero, me quieres y es un maravilloso día para que nos casemos. Y en cuanto a Los Ángeles, tú has dicho la fecha y yo propongo el lugar. Me encargaré de todos los gastos del viaje de tu familia. No te preocupes por nada. Y ahora, no pienses más en ello y bésame, caprichosa…
Lo hago. Como siempre, su boca me hace perder la razón y luego se separa de mí y explica:
—Mañana llamaré a Faye y le pediré que nos organice el viaje a Tailandia para dentro de una semana. Estaremos allí quince días y luego iremos a casa. He de volver al trabajo. Me voy a casar y tengo que mantener a mi mujercita.
Ambas sonreímos. Todavía me asusta lo que dice, pero soy tan feliz que no puedo resistirme.
Una semana después, cuando llegamos al aeropuerto de Tailandia. Nos espera Faye en su coche. Las dos hermanas se abrazan, contentas de verse, y luego ésta me abraza y, al separarse de mí, murmura:
—Bienvenida a Tailandia. Dice
—Vamos, te enseñaremos algo de la ciudad antes de ir con la ogra.
—Pero bueno. Protesto.
- ¿Por qué llamáis así a su abuela? Las dos se miran y, torciendo el gesto, Freen responde:
—Tú misma lo comprobarás. Eso me inquieta. ¿Será tan intratable como dicen?
ESTÁS LEYENDO
JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
