La gira latinoamericana dará comienzo en breve y los ensayos son más intensos. Queremos sorprender a nuestro público y nos esforzamos en que el espectáculo sea magnífico. Y aunque en la discográfica protestan, omito la canción de Freen. Para mí tiene demasiado significado y me niego a cantarla. Bastante tengo con cantarla en casa, como para hacerlo también en público y demostrarles a mis miles de seguidores lo desesperada que estoy. No. ¡Definitivamente suprimida! La noche antes de comenzar la gira salgo con Irin y unos amigos. Vamos a cenar y a celebrar el cumpleaños de mike, un modelo que quiere que le de una oportunidad, y luego tomaremos algo en un bar al que ya he ido en otras ocasiones con mi ex esposa. Cuando estamos cenando, de pronto el mundo se detiene. Acaba de entrar Freen acompañada de una mujer. Pero vamos a ver, ¿cómo sabe siempre dónde estoy? Irin, que la ve, me agarra la mano por debajo de la mesa y murmura con disimulo:
-Tranquila, Bec. Ella no te ha visto. Asiento. Ella no, pero yo sí. Desde donde estoy, observo sus manos, esas hermosas manos que me volvían loca cuando me tocaban, y ya no puedo comer.
Mis acompañantes no se dan cuenta de lo que me ocurre, excepto Irin. Yo intento disimular, sonrío y me integro en la conversación, pero, en realidad, ni sé de qué hablan. Sólo puedo mirar la espalda de Freen y ver las sonrisas de la idiota que está sentada frente a ella. Cuando terminamos la cena, me excuso y voy al servicio con Irin. Una vez allí, me echo agua en el cuello mientras ella me da aire.
-Respira, que me estás asustando. Vuelvo a echarme agua en el cuello.
-Qué mala suerte tengo.
-¿Por qué?
Más que convencida de que Irin entiende por qué lo digo, contesto:
-Porque cuanto más hago por no verla, más me la encuentro. Pero si ya he cambiado de número de teléfono cuatro veces. ¡¿Qué más tengo que hacer?!
La pobre no sabe qué decir y, cuando salimos del servicio, me quiero morir al ver a nuestro grupo hablando con Freen y murmuro horrorizada:
-No... no... no... qué mala suerte.
-Pues sí, cielo para qué te lo voy a negar. Dice Irin.
Salgo por la ventana del baño. Junto a una incrédula Irin, que no para de protestar.
Una vez en la calle, nos echamos a reír. Desde luego, me estoy volviendo loca.
Una vez fuera, vamos a la entrada del restaurante para esperar a los demás. Cuando salen nos miran sin dar crédito. ¿Por dónde hemos salido? Feliz por haber escapado de Freen y furiosa por haberla dejado allí con aquella mujer, camino con el resto del grupo, mientras me comentan que la han visto.
-¿Ah... sí? Pues yo no la he visto. Si no, la habría saludado.
Mike, el cumpleañero, agarrándome por la cintura dice:
-Me alegra saber que te llevas tan bien con tu ex esposa.
-Somos adultas y civilizada. Respondo. En ese instante, suena mi teléfono. Mensaje.
-Dile al idiota ese que te suelte.
Acabo de decir que somos civilizada. Me deshago instintivamente de la mano de Mike y miro a ambos lados, pero no hay nadie. ¿Cómo ha conseguido mi número nuevo? ¿Acaso me ha puesto un microchip?
Al llegar al local donde se celebra la fiesta de Mike, todos tenemos ganas de pasarlo bien. Yo la primera. Una orquesta ameniza el evento y, dispuesta a olvidar todo lo que me está pasando, bebo y me dejo llevar por la música.
Un rato después, cuando estoy bailando un merengue con Mike, Irin, que está con un chico cerca de mí, me dice con disimulo:
-Lo siento, reina, la Chankimha ha llegado con su acompañante. ¡Ya estamos todos! Dios mío, ¡quiero salir corriendo de allí! ¿El baño tendrá ventanuco? Mi amiga, que parece que me ha leído el pensamiento, levanta un dedo y murmura:
-¡Ni se te ocurra otra vez!
No quiero mirar, me niego. Pero la morbosa que hay en mí al final lo hace y veo llegar a Freen a la barra de la mano de aquella mujer, mientras saluda a varios de los presentes. Cuando la canción acaba, bailo un perreíto, el baile más calentito que hay y que es lo que yo necesito para desfogarme. ¿O no? Cuando la música termina, mientras me dirijo hacia mi mesa, mis ojos se encuentran con los de Freen. Me saluda con un movimiento de cabeza y yo hago lo mismo. Uf... qué calor, por Dios. Y eso que sólo nos hemos saludado. A partir de ese instante, mi paz interior, exterior y mundial se acaba. Cada vez que la miro está observándome y eso me pone cardíaca. Sé lo que hace, la conozco, intenta ponerme nerviosa para provocarme y que me acerque a ella. Pero no lo va a conseguir. ¡No me acerco a ella ni loca!
Una hora después, veo que su acompañante coge su bolso y casi aplaudo de alegría. ¡Se van! Pasan por mi lado sin despedirse, y yo los sigo con la mirada clavada en su espalda hasta que salen del local.
-Ea, reina... ahora a disfrutar. Dice Irin saliendo a bailar.
Asiento. Sin duda ahora sí voy a disfrutar de la fiesta. Pero cuando Freen desaparece de mi vista, cierro los ojos y siento ganas de llorar. No hay quien me entienda. Me siento incómoda cuando me mira, pero cuando se va la desolación me consume. Más liberada por no tenerla cerca, por fin me puedo apartar del grupo y voy hasta la barra para pedir un dry martini. Mientras me lo preparan, me estoy tocando mi dedo sin alianza, cuando oigo a mi espalda:
-¿Bebes lo mismo que una tal señorita Armstrong a la que conocí una vez?
Se me hiela la sangre. ¿Freen está aquí? Me doy la vuelta y la veo detrás de mí, más cerca de lo que yo esperaba. No se mueve y yo tampoco y, cuando el camarero deja mi bebida sobre la barra, le doy la espalda. ¿Por qué ha vuelto? ¿Por qué no se va si me ve incómoda?
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
