Mi índice de tolerancia está llegando a un tope y me parece estar viviendo una novela en directo, de esos con los que Nam sería la mujer más feliz viendo. Aún no se qué pensar cuando Engfa dice:
—Esto se tiene que solucionar de una vez por todas, chicas. Llevamos con esta situación casi dos años. Si seguís así, vas a matar a su abuela.
¿Su abuela? ¿Ha dicho su abuela?
—Con la abuela hablo por teléfono un par de veces al mes, Engfa. Dice Freen y, al oírla, Lingling se retira el pañuelo ensangrentado que tiene en la nariz y agrega:
—La abuela es quien nos ha pedido que te llevemos de regreso a casa ¡idiota!
Me da… me da… ¡me va a dar algo!
—Tú no me hables, Lingling… grita Freen, furiosa.
—Te echamos de menos, por eso estamos aquí.
—¡Te he dicho que no me hables!. Grita Freen. Al ver que mi bombón se abalanza de nuevo sobre ella, intento sujetarla y en ese momento Faye grita alterada:
—¡¿Cuándo vais a parar con esto?! Me avergüenzo de las dos. Somos hermanas.
Ay, Dios..... me mareo. Creo que me voy a caer redonda de un momento a otro. Suelto a Freen y me siento en una hamaca o me desmayo. Se hace un silencio. No se oye nada excepto la brisa del mar. Freen y yo nos miramos sin hablar y luego oigo que Engfa comenta:
—Si mi hermana las viera, se moriría de pena.
¿Hernana?... Un momento, Entonces, ¿Engfa es la tia de todas? ¿No es la novia de Faye?
Cada vez más alucinada, con todo casi no puedo respirar. Esto es surrealista, pero Engfa continúa:
—¿Qué les ha pasado, chicas? Las chankimha eran un ejemplo de familia, de hermanas, de unión. ¿Acaso sus diferencias son tan irreconciliables que…?
—Sí. Grita Freen, furiosa. Entonces Lingling se levanta y señalándola con el dedo, grita:
—Eres una rencorosa, como la abuela, y…
No puede acabar la frase, porque Freen se lanza de nuevo contra ella y, cogiéndola de la camisa, dice totalmente fuera de sí:
—Cierra la boca, imbécil.
Ay, Dios… ay, Dios… Cada vez entiendo menos. Sin embargo, olvidándome de mí, me levanto de la hamaca y ayudo a Faye y a Engfa a separarlas. No es momento de desmayos. Freen me asusta. Se la ve totalmente desencajada y sólo quiero que se calme. Necesito que se calme. Al final, Engfa se lleva a Lingling y nos quedamos solamente Faye, Freen y yo, e, incapaz de callar, pregunto con un hilo de voz:
—¿Son tus hermanas?.
Freen asiente y se levanta y, sin permitir que yo la siga, se marcha, dejándome sin saber qué hacer.
Cuando me quedo a solas con Faye, la miro y digo:
—Ahora mismo me vas a contar qué ocurre aquí.
Ella se sienta en una de las sillas. Se lleva las manos a la cabeza y luego dice:
—Mi madre, murió cuando nació Freen; Lingling tenia 4 años y yo dos. Siempre fuimos una familia unida, porque la abuela es el nexo de unión entre todas. Y el día que mi padre murió todo se derrumbó. Papá era…Se emociona y murmura:
—Se empeñó en operarse, pero algo salió mal con la anestesia y…
—Lo siento, Faye. Digo, tocándole el brazo para que no siga hablando. Ella me mira y añade:
—Freen… es médica.
—¡¿Qué?!
—Cirujana
—¿¡Cirujana?!
—Concretamente, cirujana cardióloga. Al ver mi confusión, Faye asiente con la cabeza Y continúa:
—La mujer que has conocido trabajando en el mantenimiento de este barco, pintando barandillas o arreglando duchas es la doctora Freen Chankimha. Una de las cirujanas cardiotoraxicas más respetada de Tailandia. Ella estaba de viaje cuando papá decidió adelantar su operación y Lingling la culpo de su muerte por no haber estado ese día. Y yo sé que Freen se culpa también por ello.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
