Capitulo 90

317 41 0
                                        


A mediados de abril sale el disco y la locura se apodera de mi vida. Entrevistas, reportajes, fotos, cenas, actuaciones… No paro y Freen me acompaña a todo lo que puede. Divina es una canción  llena de ritmo para que la gente baile y se divierta. La discográfica apuesta fuerte por ella y arrancamos en la lista de ventas en el número 6. ¡Detrás de Beyoncé!  Mi amor disfruta conmigo de lo que está pasando y yo se lo agradezco. Me facilita la vida todo lo que puede, a pesar de que yo sé cuánto le cuesta, en especial porque ya no podemos salir a la calle como hacíamos. Vayamos a donde vayamos, la gente me rodea para que les firme autógrafos. Promociono Divina en las radios y cuando me preguntan cuál es mi canción preferida del álbum,  digo que es Todo. No explico que Freen me la escribió, ni siquiera que es nuestra historia de amor, porque adoro esa canción por encima de todo y sé que es especial.

El 24 de abril estoy en el aeropuerto con Freen. Viajaré a Londres y después a Madrid para cantar. Orm me acompaña y se lo agradezco. También vienen Lingling como productora. Cuando me despido de  Freen me siento fatal. No me quiero ir y ella por su trabajo no me puede acompañar. Estaré fuera diez días. ¡Diez días con sus correspondientes diez noches sin mi amor! ¿Qué va a ser de mí? Freen me besa y permanece en silencio mientras Lingling entrega nuestros boletos y hace el check-in de nuestros equipajes. Nos miramos y, sonriendo, murmuro:
—Te voy a echar mucho de menos. Mi morena particular asiente y, acercando la nariz a la mía, contesta:
—No tanto como yo a ti, caprichosa.

Nuestras bocas se encuentran y también nuestras lenguas, con pausa y con deleite. Quiero retener su sabor, su dulzura, su pasión todo el tiempo que pueda. Y cuanto más la beso, menos ganas tengo de marcharme.

Ya en el avión, me instalo junto a mi cuñada. Desde que esta pilló a Lingling en pleno acto  con su secretaria, no se acerca a ella, que protesta, pero lo acepta. Yo me acurruco en el asiento y creo que antes de despegar ya me he dormido. Es lo mejor que puedo hacer. Cuando me despierto, veo que Orm está dormida. Necesito ir al baño y, con cuidado de no despertarla, me levanto y me marcho. En cuanto vuelvo del servicio, oigo un golpe seco. Al mirar, veo que Orm se ha despertado y Lingling se aleja con la mejilla roja. Sin entender nada, observo que mi cuñada se toca la mano y deduzco lo que ha pasado. Rápidamente, voy a sentarme junto a Orm y le pregunto:
—¿Qué ha ocurrido? Alterada, ella responde:
—Me he despertado y estaba metiéndome mano por debajo de la manta; ¿te lo puedes creer? Le he dado un buen bofetón a P'm… a Lingling. Si se cree que soy como la facilona de su secretaria, ¡lo tiene claro que no! Entiendo su indignación, pero digo yo que algún día tendrán que hablar y decidir qué hacer. Tengo la impresión de que siguen viviendo juntas pero en habitaciones separadas. Por cómo veo a Lingling, creo que la situación la está comenzando a superar, mientras que Orm parece tranquila e incluso más centrada y con más fortaleza.

Al día siguiente todo es una locura. Atiendo a la prensa y a distintas televisiones y todavía no puedo creer que esto me esté pasando a mí. Tras la comida, vamos a la radio.  Antes de empezar, el locutor nos dice que la entrevista se puede seguir en directo por streaming. ¡Mierda! Qué pena no haberlo sabido antes. Se lo habría dicho a Freen y a mi familia

El lunes cogemos un avión que nos lleva a Madrid. Lingling se queda allí para arreglar unas cosas y Orm y yo tomamos otro vuelo a Inglaterra, donde nos quedaremos hasta el 1 de mayo. Cuatro días para estar con mi familia y relajarme. Es justo lo que necesito. Cuando bajo del avión y piso mi tierra, me dan ganas de agacharme y besar el suelo, como hacía Juan Pablo II cuando viajaba. Me contengo, porque creo que nadie lo entendería. ¡Estoy en mi ciudad! Al salir por la puerta del brazo de mi cuñada esperando ver a mi familia, me encuentro con un batallón de periodistas que casi me meten el micro en la boca, y de jovencitos que gritan mi nombre. Los miro alucinada y sonrío al ver que me tratan como si yo fuera Taylor Swift.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora