Capitulo 15

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Cuando a la mañana siguiente me suena el despertador, siento que muero. Nam se levanta como siempre llena de energía y, una vez aseada y vestida, se va. A trabajar en la cocina, su turno empieza muy temprano. Después de que cierre la puerta, me acurruco de nuevo en mi cama y me vuelvo a dormir.
Cuando el despertador vuelve a sonar, sé que es hora de activarse. Una vez me he aseado y arreglado, salgo del camarote.

Recorro a paso firme la cubierta en dirección al salón, cuando me quedo sorprendida al ver a Freen corriendo con ropa de deporte. Ella no me ve y decido observarla. Continúo mi camino hasta que, de pronto, me encuentro a Freen mirándome con una espectacular sonrisa.

—Buenos días, Rebecca. Me saluda.

Con ropa de deporte está increíble. No quiero ni imaginar cómo estará totalmente desnuda. Le miro las manos y me sonrojo. Pensar que esos dedos anoche entraron y salieron de mi dandome un placer increíble me vuelve loca, pero intento mantener el control. Tiene unas piernas fuertes, el estómago más plano de lo que yo creía y unos brazos maravillosos. Me recompongo en décimas de segundo y, mirando sus ojazos, respondo a su saludo, mientras me meto las manos en los bolsillos de los vaqueros.

—Buenos días.

Apoyándose en los muslos para coger aire, me mira y pregunta:

—¿Cómo te encuentras?
- Mareada. Respondo.
Del bolsillo trasero se saca un paquete de pastillas y me dice:

—Tómate esto. Te aseguro que el mareo desaparecerá.

Acepto las pastillas y le doy las gracias antes de proseguir mi camino. Pero ella me agarra del brazo y, deteniéndome, pregunta:

—¿Vuelves a estar enfadada conmigo?
Su cejo fruncido me hace sonreír y, sacándome su iPod del bolsillo digo:

—Toma, anoche te dejaste esto. Lo coge y me vuelve a mirar con su cara de perdonavidas, pero cuando va a decir algo, me despido:

—Tengo que trabajar. Sin soltarme, ella replica:

—Nos vemos esta noche. Yo frunzo el cejo y, molesta por lo que me hace sentir, pregunto:

—¿Para qué?

Ella se pone seria y yo, molesta por todo, le suelto:

—Pero vamos a ver, ¿De qué vas? Me tientas, me besas, me masturbas. Luego me dices que eso no puede volver a pasar, y ahora… ¿de qué va esto?

Mi morena, porque para mí ya es mi morena, toma aire y contesta:

—Sé lo que dije ayer, pero…
- Creo que lo mejor será que aclaremos esto de una vez. Tú tienes un secreto que yo sé y, por lo que vi anoche, ese secreto es tan grande que fuiste incapaz de terminar algo que comenzaste conmigo. Por lo tanto, fin de la conversación.

Al llegar a mi cuarto, tomo una toalla y me voy a la ducha. Cuando entro, me quito la ropa y me meto bajo el chorro de la ducha. Uf… ¡qué placer! Durante varios minutos dejo que el agua me resbale por el cuerpo y me olvido de todo. Sólo quiero disfrutar de ese relajante momento de paz.
Envuelta en la toalla, pongo música. Suena Shakira y rápidamente canto:

- Yo soy loca con mi tigre.
Loca, loca, loca.
Soy loca con mi tigre.
Loca, loca, loca.

Animada, empiezo a bailar en el estrecho cuarto, moviendo las caderas al sensual ritmo de la canción. ¡Me encanta Shakira! Cuando se acaba, sonrío, mientras me echo crema en la piel y me desenredo el pelo. Después abro un cajón para coger unas bragas y me quedo mirando un tanga muy… muy sexy que tengo, pero niego con la cabeza. No. No pienso ponermelo. No me lo voy a poner para ella. Pero el tanga, que es precioso, me mira y parece decirme:

- Rebecca…, hazlo… No seas tonta….

Cierro el cajón. No pienso hacer lo que el tanga me diga. Pero luego de diez segundos, abro el cajón de nuevo, saco el puñetero tanga y un sujetador de seda negro y, mientras me lo pongo, murmuro:

—Me da igual, Freen. Hoy quiero guerra...

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