Al día siguiente, en el aeropuerto para iniciar nuestra gira latinoamericana. No he podido descansar pensando en Freen, en lo que pasó anoche entre nosotras y en las cosas que me dijo y me pidió.
¿Se ha vuelto loca? ¿Cómo nos vamos a casar otra vez?
De pronto suena mi móvil. Un mensaje de ella.
Que tengas un buen viaje.
Te quiero.
¿Es que no se va a dar por vencida?
Me pongo las manos en la cintura y niego con la cabeza. Estoy a punto de contestarle, cuando el móvil vuelve a sonar.
Con las manos en la cintura estás preciosa.
Alucinada, me quito las manos de la cintura y miro a mi alrededor. No la veo. ¿Dónde está? De pronto la localizo sentada en una de las cafeterías del fondo, con una gorra oscura y unas gafas de sol. Cuando nuestras miradas se encuentran, sonríe, se baja las gafas y puedo ver sus bonitos ojos.
La comería a besos y la mataría a partes iguales, pienso al verla.
—¿Qué te ocurre? Pegunta Orm, acercándose a mí.
Irin, que camina a su lado, mira hacia donde yo miro y dice:
—Oh… oh… Chankimha. Sexta mesa a la derecha y al fondo.
Nam que nos ha venido a despedir, mira con rabia hacia ella y dice:
—Al final le cortaré la cabeza.
—¡Nam, basta ya!. Digo.
Orm, al oírme, pregunta:
—¿Qué no nos has contado, Becbec?
Me río; mi excuñada habla ya como Nam y lleva las uñas como Irin,
¿quién lo iba a decir? Después miro a esta con reproche, seguro que les ha contado lo que ocurrió anoche, pero me callo. Bastante humillante es para mí saber que he caído bajo su juego.
Lingling se acerca a nosotras para decirnos que ya está todo listo. Luego sonríe, mira a Orm y susurra:
— Orm, esa falda te queda muy bien.
Ella sonríe, se toca el trasero lentamente y responde:
—Lo verás pero no lo tocaras.
Lingling cambia el gesto y se marcha. Sin duda, ya no tiene nada que hacer con ella.
Horas más tarde, cuando estamos en pleno vuelo, mis amigas, que se han sentado conmigo, me miran fijamente y yo les cuento lo que ha pasado.
Orm me pregunta:
—Pero vamos a ver, Becky, si tú la quieres y ella te quiere, ¿dónde está el problema?
—No puede ser. Volvería a salir mal.
—Si no me equivoco, su familia se divorcia y se casa otra vez, ¿verdad?. Quizá sea tradición familiar.
Me río. Me hace recordar a Song y respondo:
—Pues esa tradición conmigo no va a continuar.
Irin, convencida de que me falta un tornillo, pregunta:
—¿Por qué le dijiste que no la quieres?
—Porque la mentira a veces es un antídoto, Irin.
—¿Un antídoto para qué?. Dice Orm.
Con el corazón acelerado y una extraña felicidad al saber que Freen se muere por mí, respondo:
—En mi caso para que me olvide. Yo no soy buena para ella.
No paro de recibir mensajes en el móvil, uno más bonito que el otro, romántico y maravilloso. Cuando llego a las distintas ciudades, siempre hay un hombre parado en la puerta del hotel con un mensaje que dice:
Dime que sí
O parados frente a la salida de mis conciertos, tapizados con pancartas
que dicen:
Tengo todo excepto a ti
Los periodistas se vuelven locos preguntándose quién será mi enamorado.
Indagan, investigan, me preguntan, pero yo no digo nada. Hablan de mil hombres y mujeres yo sonrío, en lo último que piensan es en la doctora Freen Chankimha.
Sin duda, mi loca enamorada sorprendería a más de uno si la conocieran. Y eso es lo que más me gusta de ella. Lo sorprendente que es.
Allá adonde vaya, me encuentro con mil ocurrencias suyas, a cuál más
bonita y romántica.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
