Tiemblo. No sé qué hacer. Finalmente, miro a la única persona que allí me importa.
Freen...
Está seria, pero al final, presionada por cómo la miran los otros, se da por vencida y asegura, intentando sonreír:
—Cariño, lo harás genial. Alejandro me coge de la mano, me hace levantar y, tirando de mí, dice:
—Ven, vamos a hablar con mis musicos. Mira a Freen y dice:
—Tranquila, hermana, en veinte minutos te la devuelvo.
—Que sean diez. Le oigo decir a ella cuando me marcho.
Sin poder negarme, me dejo guiar, mientras veo cómo se miran Song y Freen. Sé lo que piensan y me angustia. Entramos en un cuarto donde hay varios musicos, Alejandro habla con ellos, que asienten, y luego me indica:
—Acompáñame un segundo.
—Oye, de verdad que no tienes por qué hacerlo. Yo no sé si voy a estar a la altura de…
—Pero ¡qué dices!. Me corta él sonriendo.
—Lo harás fenomenal. Además, preciosa, mi intención es ser tu padrino musical y Lingling me apoya en eso. Sabe que va a ser un éxito. Vamos… ¡sé positiva!
Ash me cago en los muertos de Lingling, menuda celestina musical es.
Tras ensayar un par de veces la dichosa canción, vuelvo a la mesa. Alaejandro me avisará cuando tenga que subir al escenario. Al llegar, me siento en mi sitio entre Song y Freen, miro a mi chica y murmuro:
—Creo que voy a vomitar. Se ríe. Parece que su humor ha cambiado y responde, dándome un beso:
—Tranquila, cariño. Lo harás estupendamente.
Pero a partir de ese instante ya no puedo comer. Mirar la comida me pone enferma, a pesar de que veo que el gesto ceñudo de Freen y de Song ha desaparecido y en cierto modo eso me calma. Sin embargo, mis nervios se acrecientan cuando distintos artistas suben al escenario a cantar. No puedo disfrutar de nada. Sólo sufro pensando que en breves minutos yo también estaré allí y que todos los presentes me verán hacer el ridículo. ¿Por qué me he dejado convencer? ¿Por qué?
Cuando veo a Alejandro subir al escenario, busco con urgencia las salidas de emergencia.
Freen, que me debe de leer el pensamiento, me agarra la mano con fuerza. Yo tiemblo como una hoja, mientras Alejandro canta uno de sus éxitos y sus bailarines se mueven por el escenario, llenándolo de luz, sonido y color. Su seguridad mientras canta me fascina, pero cuando acaba la canción y me señala, me quiero morir.
¡Socorrroooooo! Un gran foco de luz ilumina nuestra mesa, y cuando Alejandro. dice mi nombre, todo el mundo aplaude.
Freen y todos los de la mesa se levantan también y aplauden, mientras yo me siento chiquitita, y no me puedo levantar. Ay, Dios, y si me desmayo y hago el mayor ridículo de mi vida. Las piernas no me sostienen y mi chica, que es más lista que nadie en el mundo, me coge de la cintura con fuerza, tira de mí y me acompaña caballerosamente hasta la escalerilla que sube al escenario. Una vez allí, me da un beso en los labios y murmura:
—Ya no hay remedio, así que, ¡cómetelos!
Sé por qué dice que ya no hay remedio, y me angustio. Pero ver que me sonríe y me guiña un ojo me deja algo más tranquila. Con piernas como de goma subo la escalera, mientras Alejandro. se dirige a los asistentes y me presenta como la mujer de su amiga Freen Chankimha y su futura compañera discográfica. Todos los allí presentes me miran con curiosidad y no me cabe duda de que, tras esta noche, ya no voy a ser una desconocida para ellos. Durante varios minutos, dialogamos sobre el escenario bajo la atenta mirada de todos los invitados. Alejandro pregunta y yo le sigo el juego, mientras los asistentes ríen al ver nuestra quimica y naturalidad. Intuyo que él me está dando esos minutos para que me calme, y así es. Comienzo a sentirme más segura y noto que la sangre ya me corre por las venas. ¡Vamos, Rebecca tú puedes! La tranquilidad me va invadiendo y ahora sé que soy capaz de hacerlo. Cuando suenan los primeros acordes de la canción y los bailarines comienzan a moverse a nuestro alrededor, yo hago lo mismo.
De pronto, la musica comienza a sonar. Cierro los ojos, me dejo envolver por esta música y, cuando me toca cantar, lo hago tan bien que ni yo me lo creo. Cantamos. La unión de nuestras voces le gusta a la gente y aplauden mientras ambos actuamos con soltura. Al ver la buena aceptación, me dejo llevar por la música y, olvidándome de los nervios, hago eso que tanto me gusta, que es cantar. Disfruto como llevaba meses sin hacerlo e incluso bailo con Alejandro Intento buscar a Freen con la mirada, pero los focos son tan potentes que no la veo. Pero sé que me mira. Lo sé. Lo siento.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
