Todo, absolutamente todo lo que digo en esta canción es lo que siento por ella. Por mi amor. Por Freen. Sin duda alguna, tras conocerla ya no sabría vivir sin ella y el corazón se me parte si pienso en que alguna vez nos tuviéramos que separar.
Totalmente metida, me dejo llevar hasta tal punto por la intensidad de lo que canto y siento que hasta se me eriza la piel. Con los ojos cerrados, me dejo llevar por lo que canto. Cuando abro los ojos, la veo allí, frente a mí, observándome y diciéndome con la mirada que no me preocupe, porque ella me quiere tanto como yo la quiero a ella. Cuando suenan los últimos acordes de la canción, los presentes estallan en aplausos y yo sonrío agradecida. Freen me ayuda a bajar del escenario, me besa ante la atenta mirada de todos y me murmura al oído:
—Yo ahora ya tampoco puedo vivir sin ti, cariño.
Me contengo. Pero esta canción y su intensidad lo han aclarado todo.
Durante un buen rato, seguimos en esta sala repleta de gente, charlando con ellos. En todo el rato, Freen no me suelta ni un segundo. Su tacto me encanta y presiento que ella necesita sentirme cerca. En varias ocasiones me invita a bailar. Aprovechamos esos instantes para decirnos dulces palabras de amor y, al final, de uno de los bailes, mientras vamos a buscar algo para beber, Freen murmura a mi oído con voz tensa:
—Te deseo.
—Soy tuya. Respondo sonriendo
—Sólo tienes que decir dónde y cuándo me quieres poseer.
Sus pupilas se dilatan al instante y yo siento que mi vagina se lubrica en décimas de segundo.
¡Vaya! La veo mirar alrededor y morderse el labio. De pronto, tirando de mí, dice:
—Ven, sígueme. Lo hago y, agarrada de su mano, cruzamos el salón, donde la música continúa y la gente habla, baila y se divierte. Cuando salimos del salón, Freen se dirige hacia el parking. Una vez allí, vamos hacia nuestro coche, pero lo pasamos de largo y, sorprendida, veo que abre de un manotazo la puerta de los servicios. Tras comprobar que está vacío, Freen me mete en uno de los minúsculos cubículos y con urgencia me aprisiona contra la pared y me besa con desesperación. Yo respondo a su beso y, cuando le paso una mano por la entrepierna susurra:
—Creo que la cosa va a ser rápida, cariño.
—Mejor rápida que nada. Respondo encantada.
Mi pasión es desmedida y la suya descontrolada. Me sube el vestido y me arranca las bragas con ferocidad. Me mueve para colocarme y me penetra con dos de sus dedos. No puedo evitar gemir.
—¿Cómo sabías lo de la canción? No lo entiendo y pregunto con la voz ronca:
—¿Qué canción? Dando rienda suelta a sus más bajos instintos, Freen aprieta las caderas contra mí con fogosidad y musita contra mi boca:
—La que has cantado. Sin parar de tocarla y besarla mientras me posee, murmuro:
—¿Qué pasa con la canción? Jadeamos al movernos y cuando nos recuperamos, responde:
—Cuando te fuiste, no paraba de escucharla mientras pensaba cómo se suponía que podía vivir sin ti. Un placentero grito me sale del alma.
—¿En serio? y, mirándome a los ojos, afirma:
—Totalmente en serio.
A partir de ese instante ya no podemos hablar. Mientras nos acoplamos la una de la otra, nos poseemos con dureza y alcanzamos el clímax antes de lo que deseamos.
Diez minutos después, cuando regresamos al salón, y yo sin bragas, disfrutamos de la fiesta como si no hubiera pasado nada.
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JUEGOS DE SEDUCCION
Roman d'amourRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
