Cuando llego, después de que se vaya el taxi, abro el portón con el corazón a mil. Camino hacia la casa y desde fuera veo una pequeña luz en el salón. Sin hacer ruido, introduzco la llave en la cerradura, entro y cierro la puerta, quedándome unos segundos apoyada en ella. ¡Qué nerviosa estoy! Tras dejar el bolso en la entrada, me encamino hacia el salón, donde se encuentra Freen. Sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el respaldo y los ojos cerrados. La observo, esta dormida. Ante ella tiene el telefono, el marco de fotos digital encendido, una botella de agua abierta y un vaso. Con lo que bebió el otro día, sin duda tuvo más que suficiente, y con las fotos ha debido de martirizarse una y otra vez. Tenerla ante mí hace que mi cuerpo se relaje. Tenerla ante mí hace que mi vida vuelva a tener sentido. Tenerla ante mí es lo que quiero, lo que necesito y lo que no me voy a negar. Sin hacer ruido, camino hacia ella, pero cuando estoy a punto de tocarla, me paro. Se la ve cansada y ojerosa. Igual que yo. Me quito la chaqueta blanca de cuero, miro la camiseta que llevo y sonrío. Me siento a la mesa, delante de ella, y la observo. Dicen que cuando alguien te observa detenidamente, tu cuerpo se alerta y lo percibe. Quiero ver si es cierto. Pero mi impaciencia me puede y, acercándome a ella, poso mis labios sobre los suyos y la beso. Oh, sí… su olor, su sabor. Cuánto la he echado de menos. Freen, al notarlo, abre los ojos y murmura confusa:
—Rebecca… Se despierta y se sienta en el sofá.
—¿Cuándo… cuándo has vuelto? Enamorada, susurro:
—Como dice Michael Bolton, cómo se supone que voy a vivir sin tu amor.
Me mira alucinada. La romántica es ella, no yo.
—Siempre me ha gustado esa canción.
Sin dejar de mirarla, afirmo:
—A mí también.
Freen se va a mover, pero yo, sin dejar que se levante, ni me toque, digo:
—Richie tenía razón.
—¿Richie? Pregunta confundida.
—hable con el y me dijo.. Que Él primero en pedir perdón es el más valiente y…
Pero ya no puedo decir nada más. Mi chica, mi esposa, mi morena, mi amor, ya me ha cogido entre sus brazos y me besa… me besa… y me besa.
Dispuesta a disfrutar de ella como ella ya disfruta de mí, me aprieto contra su cuerpo y la beso con locura y desesperación. Así estamos unos segundos, hasta que Freen me mira y murmura:
—Amo esa camisa. Sonrío. Nuestra respiración se acelera y contesto:
—Es la misma que llevaba la noche que intenté entrar en tu despacho y no me lo permitiste. Quería que todo acabara bien, pero…
—Lo siento, cariño. Lo siento. Te prometo que nunca más volverá a pasar.
Deseosa de notar sus labios y sus caricias, digo mientras la beso:
—Lo sé, pero tenemos que hablar.
—Sí.
—Ahora. Insisto.
—Luego. Responde.
Mi amor me llena la cara, el cuello y la boca de dulces besos, mientras yo hago lo mismo con ella. Sin duda alguna, ambas queremos estar bien. Nos necesitamos con urgencia. No queremos discutir. Sólo amarnos y estar juntas. Sólo eso. Cuando la boca de Freen se separa de la mía, murmura:
—Tienes razón, debemos hablar.
—Luego. Digo ahora yo, excitada.
Ella sonríe y, apretándose contra mí, comenta:
—Debería bañarme. Creo que…
—Luego.. Repito.
Sin apartar los ojos de ella, meto las manos por debajo de su camiseta gris y se la quito. Le toco sus pechos, se los beso y aspiro el perfume de su piel. Me encanta. La necesito. Extasiada por lo que ve en mi mirada, ella me quita también a mí la camiseta y la deja caer al suelo junto a la suya. Después, sin apartar sus bonitos ojos, de los míos, me desabrocha el brasier. Mira mis pechos y, tras soltar la prenda interior, me besa. Le doy acceso a mi cuello y a toda yo, mientras me agarro a ella, que me desabrocha el vaquero y me lo quita. Me desnuda con urgencia, con pasión, con deleite. Recorre con su excitada mirada mi cuerpo mientras se desprende del pantalón y su braga y, una vez las dos estamos desnudas, calientes y deseosas de sexo salvaje, me agarra y me sienta sobre la mesa. Luego me tumba boca arriba y, quitándome las bragas con gesto posesivo, murmura:
—No sabes cuánto te necesito. Asiento. Sin duda tanto como yo a ella; abro las piernas para que haga lo que le estoy pidiendo sin palabras y digo:
—Házmelo saber.
Freen se arrodilla frente a mí. Su cara queda a la altura de mi húmeda y tentadora vagina. Sin dudar, posa la boca en ella y hace lo que necesito. Me devora con ansia, con amor, con pasión, mientras yo me abro para ella y le entrego cuanto soy. Gimo de placer e, incorporándome, me siento en la mesa para enredar las manos en su cabello y animarla a continuar mientras me aprieto contra ella. Oh, sí… esto es lo que quiero. Su asedio es frenético y siento que me hace suya con la boca. Utiliza todas sus armas para volverme loca y cuando tiene mi clítoris hinchado, lo succiona, y yo me derrito de placer. Gimo de nuevo, tiemblo enloquecida y Freen me coge en brazos y, poniéndome contra la pared, va a decir algo cuando yo murmuro contra su boca:
—Exijo que me hagas tuya. Que seas mía. Quiero sentirme viva en tus brazos y olvidar lo que ha pasado.
Sonríe, me encanta su sonrisa, y pasa la boca sobre la mía al tiempo que susurra:
—Caprichosa… Seguramente tiene razón.
Soy caprichosa. Pero caprichosa de ella. De nuestro tiempo juntas. De nuestra sexualidad loca y salvaje. Sin decir nada más, guía su mano a mi íntima humedad y, cuando introduce totalmente sus dedos, grito, jadeo, nos dejamos llevar por el morbo y la satisfacción del momento. El calor sube por mi cuerpo y a ella le tiemblan las piernas. Sé que su orgasmo está cerca cuando la oigo decir:
—Dios, cariño… Te deseo tanto que temo ser demasiado bruta.
—No pares.
—¿Estás segura? Asiento y murmuro:
—Te lo exijo, mi amor… Y cuando acabemos, quiero subir a la habitación y seguir hagiendolo toda la noche. Estoy caliente, receptiva. Te necesito y quiero ver y saber cuánto me necesitas tú.
Cuando me despierto tras la increíble noche de sexo que he tenido con mi esposa, estoy algo desconcertada. Pero en cuanto miro el color violenta de las paredes, sé dónde me encuentro y sonrío. Por primera vez desde que estoy aquí, al abrir los ojos me he sentido en mi casa. Miro el reloj digital que hay en la mesilla y veo que son las nueve y cuarto. La puerta del baño se abre y de pronto sale Freen, con una toalla negra enrollada. Me mira, se muerde el labio inferior y pregunta:
—¿Todavía no estás satisfecha? La miro y, al ver su mirada, respondo:
—No, y menos si te muerdes el labio así. Se rie e, invitándola a que se tumbe a mi lado, cuchicheo:
—El placer no ocupa lugar.
—Dirás el saber… Puntualiza divertida. Encantada de estar a su lado, resoplo y replico:
—Sin duda alguna, tratándose de ti es el placer. Freen, mi romántica esposa, acerca la boca a la mía y me vuelve loca cuando tararea:
—Loving can hurt sometimes
But it's the only thing that I know
When it gets hard
You know, it can get hard sometimes
It is the only thing that makes us feel alive.
Qué voz más bonita tiene. Escucharla cantar esta canción mientras me besa y me mira a los ojos es sexy, caliente y provocador. Muy provocador. Cuando termina con un beso, estoy a punto de hacerla mía sin piedad, pero consciente de que es necesario, le digo:
—Tenemos que hablar muy seriamente. Me pasa un dedo por el óvalo de la cara y murmura:
—Enfadada estás muy guapa. Lo que dice me gusta, pero respondo:
—Y tú eres una cursi. Freen suelta una carcajada y sin dejarme ir, explica:
— No quiero volver a pasar por lo que hemos pasado estos días y te aseguro que, por mi parte, nunca más se va a volver a repetir.
ESTÁS LEYENDO
JUEGOS DE SEDUCCION
RomantizmRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
