Capitulo 47

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Al día siguiente, cuando abro los ojos y me veo sola en esa inmensa habitación, me quiero morir. No quiero estar aquí. No quiero enfrentarme a la abuela de Freen y no quiero discutir, ni con ella ni con nadie. ¿Por qué he accedido a quedarme? Tras darme una ducha, me pongo unos vaqueros, una camiseta y salgo de la habitación. La casa está en silencio y eso me pone nerviosa. Parece un monasterio. Llego a la cocina y no hay nadie, me siento. Entonces la puerta se abre y entra  P'Susie, que me abraza al verme.

—Hola, linda, ¿cómo has dormido?
—Bien. Muy bien. Sonrió al recordar que Freen vino a mi habitación en mitad de la noche y me hizo el amor con lujuria.

Dos segundos después, aparece por la puerta de la cocina la vieja amargada y, mirándome fijamente a los ojos, me ordena:

—Ven. Quiero enseñarte algo. Y dicho esto, da media vuelta y se va.
P'Susie sonríe y, encogiéndose de hombros, me dice:

—Anda, ve, cariño, no te comerá.  tranquila.

Con paso decidido, me encamino hacia la puerta y, al salir de la cocina, veo que ella me está esperando. ¡Ahhhh, vaya susto me ha dado! ¡Y vaya cara de amargada tiene!

—Sígueme...

Yo la hago sin decir nada. Veo que le cuesta caminar, pero yo no digo ni mu. Se para delante de una puerta y, cuando la abre, veo que la oscuridad reina en su interior. No entro. No me muevo. ¿Y si me encierra allí con varios sicarios?
Desconfío. Esta mujer no me da buena espina. Ella entra, enciende las luces y veo que la estancia se ilumina. Asomo la cabeza y, ¡Dios santooooooooooo!, me quedo atónita al ver lo que hay dentro.

—Éste era el despacho de Luisa, mi hija.

Entro con la boca abierta y miro la habitación decorada en rojo y púrpura. Veo fotos de cientos de actuaciones. Carteles de conciertos y, al fondo, una vitrina plagada de pequeños premios.

—¿Esto son Premios Grammy? Pregunto. No responde. La miro con cara de póquer. Hechizada, me acerco a la vitrina y leo Mejor canción tropical, Mejor cancion del año, Mejor grabación del año, Mejor artista. Alucinada, cuento como más de veinte y me emociono. No los toco. Los miro como quien mira un diamante de tropecientos mil quilates, cuando la abuela de Freen dice:

—Lo que hay a tu derecha son Premios Tailandia.

Curiosa leo en ellos, Premio a la canción del año, Premio al artista del año, Premio al grupo tropical del año, Premio a la trayectoria artística musical e, igual que los otros, hay un montón. ¡Increíble! Esto es increíble. Lo observo todo con los ojos como platos y sonrío. Miro a la mujer que está a mi lado sin moverse y le comento maravillada:

—Su hija era una cantante excepcional. No me extraña que le dieran tantos premios. 
Su gesto se suaviza. Creo que va a decir algo bonito, pero de repente, cogiendo uno de los premios, pregunta:

—¿Esto es lo que tú buscas?
—¡¿Qué?!
—Esto es lo que quieres, ¿verdad?
Desconcertada, no soy capaz de responder. Mi semblante cambia y ella sigue:

—Puedo encontrarte un mánager y un productor. Puedo darte a elegir entre varios para que produzcan tu álbum y tengas éxito. A cambio, sólo tienes que dejar a Freen y no casarte con ella.
Alucino pepinillos. ¿Me está sobornando? Doy un paso atrás. Ella, sin quitarme ojo, añade:

—Mañana mismo puedes tener ese mánager y ese productor si me dices que sí y sales de la vida de mi nieta.

Resoplo. Tomo aire, mientras me muerdo la lengua. Si digo lo que pienso, no sólo esta vieja me echará de su casa, sino que la policía me echará del país amordazada.
¿Cómo puede ser tan mala persona? ¿Cómo puede hacerle esto a Freen? Por un instante, al llevarme al santuario de su hija, creía que había firmado una tregua conmigo. Pero no. Lo tenía todo pensado.

—Se equivoca conmigo. Digo, tras tranquilizarme
—Para mí, es más importante su nieta que un productor o un disco. No me conoce. Ni tampoco quiere conocerme. ¿Cómo puede pensar así de mí? ¿Qué clase de persona cree que soy?
—La clase de persona que va a hacer daño a mi nieta.
—¿Por qué cree eso?

Con una sombría mirada que me deja ver el dolor que lleva dentro, murmura:

—Porque yo fui madre de una cantante. Por eso lo sé. Y tú no me gustas. No pienses que vas a sacarle dinero a mi nieta, inglesa S‌op‌heṇī. No quiero verla contigo.

¿inglesa S‌op‌heṇī? Pero ¿qué dice? ¿Qué significa eso? Resoplo. Y tirarle con un premio en la cabeza me tientan. ¿Se enfadará mucho Freen si lo hago?
Estoy a punto de contestarle, de ponerme a su nivel, pero cierro los ojos y pienso. Le he prometido a Freen que no seré grosera ni mal hablada y he de cumplirlo.

Lo que esta vieja gruñona busca es sacarme de mis casillas y no se lo voy a permitir. No por mí, sino por Freen y, finalmente, respondo:

—Si por mí fuera, le diría las cosas más horribles que nunca una mujer le ha dicho. Pero precisamente porque quiero y respeto a su nieta, me callaré, me iré de aquí y olvidaré que esto tan desagradable ha ocurrido.

—¿Rechazas mi tentadora oferta?…

No respondo. Salgo furiosa de la habitación y subo los escalones de dos en dos. Voy a mi cuarto, me desnudo, y me meto bajo la ducha para intentar calmarme los nervios y la ansiedad que esa sombría vieja me provoca. Cuando regresa Freen, veo que está de buen humor. No le comento lo que ha pasado. Hacerlo le generaría sufrimiento y eso es lo último que quiero. Esa noche en mi habitación estoy tensa. Pienso en lo ocurrido con la vieja esa y maldigo. Recordar lo que piensa de mí y lo que quería hacer para separarme de su nieta me revuelve las tripas y me destroza el corazón.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora