Capitulo 104

393 47 2
                                        


Mis vómitos continúan. Desde que sé que estoy embarazada, mi cuerpo no me da tregua, pero no pienso darme por vencida e intento seguir con mi vida. En este tiempo intento hablar con Freen. Le pregunto si en el hospital todo va bien. Ella asiente, no quiere hablar de eso. Sólo quiere cuidarme y mimarme, aunque a veces me agobia. Se pone tan pesada con la comida, con las vitaminas y con que descanse, que me tengo que enfadar con ella.

Una semana después vamos camino a Nevada y yo estoy hecha unos nervios. Tengo que actuar allí y Freen ha pedido unos días libres para acompañarme. En el autocar donde viajamos, todo el equipo me mima y me cuida y me dicen una y mil veces que tengo que descansar. Orm no se apunta a esta minigira. Ha decidido quedarse. Contratamos a una amiga suya como peluquera, y rápidamente veo que Lingling y ella se hacen ojitos. ¡Sin palabras!

Cuando llegamos al hotel estoy sin fuerzas y nada más entrar en la habitación, me tumbo en la cama. Quiero dormir. Necesito descansar. A las siete y media llaman a la puerta. Es Lingling para que vaya a hacer la prueba de sonido. Cuando Freen cierra la puerta, me mira y dice:
—No deberías ir. ¿No ves que no estás bien? No le contesto. No quiero volver a discutir. Últimamente discutimos demasiado y siempre por el mismo tema. Me levanto con esfuerzo, entro en el cuarto de baño, me ducho y me encuentro mucho mejor y al salir sonrío:
—Vamos, cariño, cambia esa cara. Me encuentro genial, ¿no me ves?

Freen me mira con atención y al ver que yo le guiño un ojo, finalmente sonríe y murmura:

—No sé qué voy a hacer contigo.

Dos horas después, tras la prueba de sonido, regresamos al hotel. El macroconcierto empieza a las doce de la noche y yo soy la séptima en actuar. El malestar vuelve a apoderarse de mi cuerpo, pero no me dejo vencer. Si lo hago, si demuestro mi debilidad, Freen comenzará de nuevo y volveremos a discutir.

¡Cuando suena el despertador me quiero morir! No tengo fuerzas. Apenas hemos descansado tres horas y estoy exhausta. En el autocar vomito varias veces y, angustiada, Freen sufre por mí. Pobrecilla, lo mal que se lo estoy haciendo pasar. Lingling se interesa por mi estado y ambas hermanas intercambian unas palabras no muy agradables. Al final tengo que poner paz. Sólo me falta oírlas discutir. Al llegar al hotel, no tenemos tiempo de descansar. Lingling nos apresura para que vayamos a la prueba de sonido y Freen vuelve a discutir con ella y le dice si no ve cómo estoy. Lingling me mira. Me pregunta qué quiero hacer y, sin dudarlo, yo contesto que iré a la prueba de sonido.
Durante la prueba, tengo que parar dos veces para vomitar y cuando paro la tercera vez, Freen sube al escenario y me hace bajar entre gruñidos. Lingling nos mira, pero no dice nada. Sin duda sabe que su hermana tiene razón.
Cuando llegamos al hotel, Freen me obliga a meterme en la cama mientras grita que esa noche no hay actuación. Está muy enfadada y me quedo callada. No puedo con mi alma. Pero sin que me vea, cuando entra en el baño, cojo mi telefono y me pongo una alarma para despertarme. Debo actuar, le guste o no.

Cuando la alarma suena y me despierto sobresaltada, Freen, que está a mi lado, para el sonido y, besándome en la frente, murmura:

—Descansa. Lo necesitas.

Es lo que me pide el cuerpo y no me muevo, pero un par de minutos después me levanto y, al ver su cara de enfado, digo:

—No me mires así. Tengo que actuar.
—No. He hablado con Lingling y he suspendido tu actuación.
—¡¿Qué has hecho qué?! Grito incrédula.
—¡Cuídate y déjame cuidarte. Anula los conciertos y las jodidas giras y saldrás de esto!
—¿Esa es tu solución?
—¡Sí! Grita. Resoplo.
No contesto. Sé que tiene razón, pero me pongo en marcha. Llamo a Lingling y le digo que actuaré. Increíblemente, mi cuñada dice que no, que no estoy bien. Pero es tal mi insistencia, que al final cede.

Esa noche Freen  se niega a acompañarme a la actuación. Enfadada por su rabieta, yo también salgo dando un portazo e, inspirando hondo para contener las náuseas, me meto en el coche. Horas después, cuando subo al escenario, intento dar todo lo que puedo. Canto y bailo. Aguanto como puedo y, cuando acabo, tras sonreír y saludar, me voy a la parte trasera del escenario, donde Lingling me agarra y, al ver mi estado, exclama:
—¡Por Dios, Rebecca! Deberías haberte quedado en el hotel. Freen me va a matar.
—Tranquila. Digo sonriendo
—Primero me matará a mí.

Cuando llegamos a la habitación y Freen ve cómo estoy, rápidamente me tumba en la cama y, medio inconsciente de cansancio, la oigo gritarle a su hermana todas las barbaridades que se lleva guardando hace tiempo. Discuten y, sin fuerzas para protestar, oigo que Freen le dice a Lingling que anule todas las giras. Que no voy a ir. Esa madrugada, me despierto sobresaltada. El corazón me va a mil y tiemblo como una hoja. Freen está a mi lado, y rápidamente me pregunta:

—¿Qué te ocurre?

Asustada, respiro con dificultad y me toco el corazón. En realidad, no sé qué me ocurre, pero sé que me pasa algo. Freen me pide que le explique, pero no puedo. De pronto, siento que algo caliente me corre por los muslos y, apartando la sábana, veo la sangre entre mis piernas. Bloqueada, me quedo mirándola sin moverme, hasta que Freen me tumba en la cama y su expresión me indica que está tan asustada como yo. Pero mantiene la calma y dice:

—Cruza las piernas y tranquila, cariño. Llamaré una ambulancia.

Lo siguiente que recuerdo es la ambulancia, la cara de Lingling, las palabras de amor de Freen y la oscuridad.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora