Sin tiempo que perder hago el equipaje y, cuando termino, llamo a Orm. Ella se encargará de todo. Yo sólo me llevaré lo básico. Lingling me consigue un coche para ir al aeropuerto y a las seis ya estoy allí. Voy justa, porque el avión sale a las siete, pero me tranquilizo, pues Lingling me ha dicho que no me van a poner ningún impedimento. ¡Soy Becky! La famosa cantante. Con el pelo oculto bajo una gorra oscura y la cara tras unas enormes gafas de sol, me encamino hacia el arco de seguridad. Espero que nadie me reconozca ni me pare. Una vez dentro, busco mi puerta de embarque y corro hacia allá. Cuando llego estoy sin aliento. De pronto, veo a Freen apoyada en el cristal, mirando los aviones. Parece pensativa. Sin moverme de donde estoy, la observo y decido llamarla por teléfono. Veo que se lo saca del bolsillo de los vaqueros y que lo mira dudosa, pero finalmente lo toma.
—Hola, cariño. La saludo.
—Hola. Contesta. Ni cariño ni nada. Y antes de que yo pueda decir nada, dice:
—Te he dejado una nota en la habitación, ¿la has visto?
—Sí. ¿Por qué no me has buscado para despedirte de mí? Su semblante se pone serio, vuelve a mirar hacia la cristalera y responde:
—Estabas trabajando y no quería molestar.
—Tú nunca molestas.
En ese instante, anuncian por los altavoces el vuelo con destino a Los Ángeles. Freen, al oírlo también a través del teléfono, mira a su alrededor y cuando me ve por fin, sonríe. Camino hacia ella y, sin colgar el teléfono, pregunto:
—¿De verdad creías que te ibas a marchar sin mí?
—Sí.
—Eres tonta… una tonta muy tonta, pero te quiero.
Viene hacia mí y, cuando estamos a sólo a un paso, colgamos los teléfonos y nos abrazamos y besamos con pasión. La gente nos mira, pero no nos importa. Estamos juntas y, como siempre, eso es lo único que cuenta para las dos.
La noche de la cena con el jefe de Freen, me pongo guapa y elegante. Me recojo el pelo en un moño alto y, al mirarme al espejo, sonrío al ver el resultado. Vestida así, sin duda soy la digna mujercita de la doctora Chankimha. Al llegar al restaurante, están casi todos los médicos del hospital, que me saludan encantados y se hacen fotos conmigo. Está claro que para ellos soy una celebridad y Freen, orgullosa, sonríe y lo disfruta.
Hace sólo unas pocas horas que hemos regresado de nuestro viaje y cada instante estoy más feliz de haberme vuelto con ella. Freen es mi vida. Y, aunque hemos vuelto cansadas del vuelo, aquí estamos, dispuestas a cenar con sus compañeros médicos y a demostrar que seguimos juntas y bien.
Cuando nos traen los postres, Freen sonríe al ver que es tarta de crema. Pero no sé si son los nervios de sentirme el centro de los chismes, que ni la toco. Sorprendida, mi amor me mira y me pregunta:
—¿No tomas postre? Niego con la cabeza y ella insiste divertida:
—¿Te encuentras bien? Suelto una carcajada y Freen ríe conmigo. Es la primera vez que me resisto a una tarta de crema.
Un rato después, algunos de los invitados me piden que les cante una canción. Al principio me resisto. No he venido aquí para eso. Ya estoy demasiado en el punto de mira. Pero al ver que Freen me anima a hacerlo, subo encantada al pequeño escenario. Pienso qué puedo cantar. Bajo la atenta mirada de los presentes, hablo con los músicos, que están emocionados por tenerme junto a ellos. Buscamos una canción y propongo la que a mí me gusta de Michael Bolton. Ellos aceptan encantados y ajustamos tonos para que todo quede perfecto. Sonrío, cojo el micrófono y digo:
—Muchísimas gracias. Voy a cantar una canción que estoy segura de que ya la conocen. Es una romántica e increíble canción, que espero que les llegue al corazón. Para todos ustedes, y en especial para mi esposa, la miro con amor y ella sonríe, la maravillosa doctora Freen Chankimha.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomansRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
