Cada día madrugo más. Estoy tan intranquila en esta casa que apenas puedo dormir. Cada mañana intento pensar que ese día todo cambiará. Todo ha de cambiar por Freen. Pero cuando veo a su abuela, y la saludo e intento acercarme a ella a pesar de los pesares, una vez tras otra ella ignora mi presencia. Pasa de mí.
Otras mañanas en las que está leyendo el periódico acompañada de mi novia o de Faye en el salón, cuando entro se levanta y se va. Freen me mira y me guiña un ojo con complicidad. Yo sonrío pero lo que me gustaría sería cantarle las cuarenta a esa vieja cascarrabias.
Una tarde en la que estoy mirando por uno de los ventanales, veo que da un traspié y corro a ayudarla. Al principio se agarra a mí para no caerse, pero en cuanto se da cuenta de que soy yo, me suelta como si se quemara.
Esta mujer me desconcierta. A veces, cuando estoy con Freen y ésta ríe a carcajadas por algo que yo digo, su expresión se suaviza. Parece alegrarse de ver reír a su nieta. Pero en cuanto ve que la miro, su cejo vuelve a fruncirse. Otras veces, cuando Freen y yo volvemos de la playa, nos mira con expresión plácida. Incluso a veces me parece que sonríe, pero en cuanto bajo la guardia y, en especial, cuando su nieta no la oye, me hace daño y eso cada día me cansa más. La vieja es una auténtica cascarrabias.
Pienso en Freen y no quiero agobiarla. Pronto nos marcharemos y, desde luego, yo no pienso volver nunca más.
Una mañana en que estoy tranquilamente en la cocina, comiendo galletitas saladas con dulce mientras leo un libro, de repente oigo a mi lado:
—¿Otra vez haciendo la misma asquerosidad? Al ver su expresión de ogra, me ahogo y, sin poderlo remediar, al toser se lo echo encima. Su cara es un poema; la mía, otro y, como siempre, me rio mientras pienso: Eso por llamarme puta.
Mi risa la saca de sus casillas. Me dedica unas crueles palabras que me llegan al alma y sale de la cocina muy enfadada. Minutos después, mientras estoy limpiando, con la ayuda de P'Susie a la que le he contado lo ocurrido, Freen viene a buscarme y me pide explicaciones. Intento dárselas, pero es mirar a P'Susie y volver a reír. Mi chica no se ríe en absoluto. Nosotras dos intentamos parar, pero no podemos. Al final, Freen se marcha enfadada. Ahora tengo a dos Chankimha enfadadas conmigo.
Los días pasan y, a pesar de lo mucho que me cuesta, comienzo a aprender a encajar el juego de la vieja. Tiene una lengua afilada y en ocasiones muy cruel y me he dado cuenta de que empeora cuando su nieta no está presente. Delante de Freen discutimos, pero cuando ella no está, se permite decirme cosas terribles. Pero también me he dado cuenta de una cosa: le molesta más verme reír que enfadada. Por lo tanto, ¡a reír se ha dicho!.
A veces, cuando por la tarde estoy sola en el jardín, mientras Freen habla por teléfono dentro de la casa, yo estoy tirada en la hamaca, tomando el sol y escuchando música en mi iPhone. Tarareo bajito:
No me llores más, preciosa mía. Tú no me llores más, que enciendes mi pena. No me llores más, preciosa mía…
Esa tarde, Faye me enseña el sitio donde compone. Es una casita aparte de la casona principal. Me confiesa que prefiere alojarse allí. La regla de su abuela de no escuchar música le molesta y en cambio en esa casa, alejada de la grande, puede hacer lo que quiera.
Asombrada, miro los premios que ha recibido por sus canciones y ahora entiendo mejor esa sensibilidad que malinterpreté cuando la conocí. Por otra parte, desde que he llegado a Tailandia y he salido de noche con las hermanas Chankimha, he podido ver el éxito que tienen con las mujeres. A Freen no se le acercan porque si alguna lo hace le arranco los ojos, pero a Faye sí, y disfruto al ver lo conquistadora nata que es. No se le escapa una. Como diría mi madre, donde pone el ojo pone la bala. En su refugio particular, me canta y toca al piano la última canción que ha compuesto.
Es magnífica, romántica y habla, cómo no, de un corazón roto por amor. La escucho embobada, mientras ella la interpreta con los ojos cerrados; cuando acaba aplaudo y exclamo:
—Qué canción más bonita.
- Me encanta que te guste.
Yo la miro divertida. Ambas nos reímos y luego ella me mira y dice:
—Espero que algún día me dejes componer alguna canción para ti. No dudo que vas a triunfar en la música. Tengo muy buen ojo para esto y Lingling también.
Oírle decir eso me ruboriza. Es algo que en un futuro espero que sea así y respondo:
—Una no. ¡Todas! Para mí sería un honor.
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JUEGOS DE SEDUCCION
Storie d'amoreRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
