La llegada a Filipinas es un gran acontecimiento para todo el mundo. Los pasajeros están encantados de poder salir del barco y caminar por tierra firme durante unas horas. Yo estoy contenta, estoy libre y pienso divertirme. Miro mi telefono pero no tengo ninguna llamada de la mujer que deseo. Tumbada en la cama pienso en ella. Recordar sus besos, sus abrazos o cuando me llama bebé o caprichosa me hace sonreír como una tonta y me desespero al no tener noticias suyas. Mientras yo estoy tirada en la cama, con mi camiseta con el lema de Te cambio una sonrisa por un beso, Nam se está vistiendo. Me conoce y sabe que estoy mal. Al ver que aún no sé cuáles van a ser mis planes, me anima:
—Anda, vente con nosotras. Podemos visitar la ciudad y esta noche, después de cenar, nos vamos a conocer algunas de las discotecas de moda. Y oye… Quién sabe si puedes conocer a una guapa Filipina con quien pasar la noche y te quita toda esa tontería del enamoramiento.
—No me jodas, Nam. Mi amiga se ríe de nuevo y, mientras teclea en el telefono, dice:
—Vamos, mujer, alegra esa cara.
- No puedo.
- Si Freen no da señales de vida, ¿piensas guardar luto por ella? No respondo e insiste.
— Vamos, arréglate. Acabo de decirles a Lisa y a Jennie que ya estamos listas. Nos pasarán a buscar en cinco minutos. Yo me tapo la cara con la almohada. ¿Qué hago? ¿Me voy con mi amiga, espero a ver si Freen da señales de vida o me quedo encerrada en el cuarto, leyendo y llorando mis penas?
Derrepente alguien llama a la puerta del cuarto.
—Abre tú. dice ella, Serán las chicas.
Desganada, me levanto, me abrocho el botón de la minifalda negra que llevo y, al abrir, me quedo sin palabras al ver a Freen más guapa que nunca, con unos vaqueros, una camisa rosada y una mochila al hombro. Me mira, lee el mensaje escrito en mi camiseta y dice:
—Acepto el cambio. Sonrío encantada.
—¿Preparada para nuestra cita? —pregunta. De pronto soy consciente de que estoy a medio vestir y respondo:
—Te llevo llamando desde anoche, ¿no has visto mis llamadas?
—Sí. Pero estaba ocupada.
Eso me enerva. Intento mantener mi mal genio a raya, y aunque su mirada de perdonavidas sigue encendiendo la mecha, consigo mantener la boca cerrada. Mi cara debe de ser un poema, pero Freen, me dice, provocándome:
—Si prefieres ir de fiesta con tu amiga Nam, por mí no hay problema. ¡Ya está, ya me ha encontrado!
—Oye, ¿tú de qué vas? Con una sonrisa que es para matarla, responde:
—Dijo… la caprichosa.
—Mira guapa... yo no sé qué clase de mujeres estás acostumbrada a tratar, pero yo no funciono así, ¿entendido?
Su sonrisa se congela. Frunce el cejo y apoya las manos a ambos lados del marco de la puerta. Está claro que mi tono le ha molestado y replica:
—Mira, guapa, la que no funciona como el resto de las personas que te bailan el agua soy yo. Adiós y que disfrutes del día.
La miro marcharse alucinada. Cuando cierro la puerta del camarote, Nam, que lo ha oído todo, me dice:
—Pero ¿tú estás tonta?
—No.
—¡¿No?! grita ella. Intento explicarme:
—Llevo intentando localizarle desde anoche y…
—¿Y eso qué importa?
—A mí me importa. No quiero que crea que babeo por ella. A ver si va a pensar que con que chasque los dedos, ahí me tiene.
Nam sonríe y, acercándose a mí, murmura:
—Y te tiene, Becca. Tú misma me has dicho que te ha enamorado y, contra eso, créeme, no se puede luchar.
Me tapo los ojos. ¿Cómo he podido llegar a este punto?
—Sinceramente, estás perdida. ¿No te das cuenta?
Me doy cuenta, claro que me doy cuenta. Pero enfadada, me levanto y digo:
— Me voy contigo a visitar la ciudad y a ligarme a alguna guapa Filipina.
Nam, que además de loca es la mujer más sabia del mundo, sonríe y, sentándome en la cama para que me calme, me dice:
— Ella es tu plan A. Yo soy tu plan B, piénsalo.
—No digas tonterías. Tú siempre eres mi plan A. resoplo molesta. Haberla visto tan guapa y dispuesta a mantener su cita conmigo me ha desconcertado.
—Ya lo sé, igual que tú lo eres para mí. Pero vamos, recapacita, ella es tu plan A con final feliz y ha venido a buscarte, cielo. Tú y yo somos amigas y lo seremos siempre, aunque ahora, ¡vete con ella!
—No.
Ella me coge de la mano y, tirando de mí para levantarme, suelta:
—Mierda, Rebecca. Freen tiene loco a medio barco y tú estás enamorada de ella. Esa morena te viene a buscar a ti, a nadie más, y vas tú y le rechazas. ¿Acaso me vas a decir que no te va a jorobar que se vaya con cualquier otro?
Sólo pensarlo me enerva. Sólo imaginarlo me vuelve loca y, finalmente, respondo cabizbaja:
—Ya le he dicho que no y se ha ido y…
—Sal ahora mismo de aquí y ve a buscarla o te juro que la busco yo y me voy a pasar el día con ella por filipinas.
—¿Serías capaz?
—Por una mujer con ese culo, esos ojos y ese cuerpazo yo soy capaz de muchas cosas, becky. afirma ella.
Sonrío divertida por su comentario y en ese momento llaman de nuevo a la puerta.
—Escóndete ahí detrás. Les diré a Jennie y a Lissa que tú ya te has ido. Y haz el favor de pasarlo bien o te juro que como vuelva y me digas que no la has encontrado, ¡te mato!
Pero cuando abre, Nam se queda callada y se marcha de la habitación sin cerrar la puerta. La oigo murmurar:
—Trátala bien.
Me quedo atónita al ver a Freen entrar en el recamara. Cierra la puerta y ambas nos miramos sin decir nada, hasta que ella deja la mochila en el suelo y, dando un paso hacia mí, dice:
—Nunca, en mis ventisiete años de vida, ninguna mujer me ha tratado como lo has hecho tú, ni me ha hecho sentir lo que me haces sentir tú, caprichosa. Pero acabo de dar dos pasos. Uno para regresar a tu cuarto y otro para acercarme a ti. No sé por qué lo he hecho, pero el caso es que aquí estoy y no me quiero ir sola.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomantikRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
