Cuando llegamos veo a una mujer apoyada en la barandilla, mirando el mar. Es alta y morena y lleva un traje oscuro.
—Lingling. La llama Faye.
Al volverse, no se parece en nada a lo que esperaba. Creí que sería una mujer de edad avanzada y me encuentro con una de mas o menos 30 años, muy pero que muy atractiva. A diferencia de Faye, que tiene los ojos claros, ella los tiene castaños. Durante unos instantes, nos miramos con curiosidad, hasta que pregunta con voz ronca:
—¿Quién es esta preciosa dama?
¿Dama? Vaya… qué galante.
—Ella es Rebecca. Contesta Faye.
— Y, por lo que tengo entendido, no fuiste muy amable con ella en Inglaterra.
Me sofoco. Recuerdo que la llamé mamarracha y que le dije otras cosas aún peores. No espero que ella lo haya olvidado, pero contra todo pronóstico, coge mi mano y, murmura:
—Siento mucho lo desagradable que fui contigo ese día. Creo que pagaste mi mal humor y…
—No pasa nada. La interrumpo, quitándole importancia.
—Espero que me permitas hacer algo para cambiar la mala impresión que te di.
No sé qué decir cuando Faye explica:
— Rebecca canta en la orquesta del barco y lo hace muy bien. Lingling asiente.
Me escanea con sus ojos castaños, e, inclinándose un poco para estar a mi altura, pregunta:
—¿Qué tipo de música cantas? —De todo un poco. Respondo un poco cohibida.
Ella sonríe y en ese momento, Engfa llama a Faye, dejándonos a solas. Durante unos segundos nos quedamos calladas, hasta que finalmente insiste:
—En serio, Rebecca, quisiera que cambiaras tu opinión sobre mí.
—De verdad que no pasa nada. insisto. Entiendo tu preocupación. Ya te dije que yo también tengo un hermano y, por el, en ocasiones he tenido que actuar de una manera que no es la que más me gusta.
Lingling sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. Charlamos durante unos minutos. Nuestro tema de conversación se centra en el barco y el mar. Siento que me escucha, que me presta atención y eso me gusta. Pero cuando miro el reloj y veo la hora que es, digo rápidamente:
—Lo siento, tengo que dejarte. Entro a trabajar dentro de una hora y todavía no he cenado.
Veo que sonríe y yo corro hacia mi recamara. Tengo prisa. Pero al llegar me encuentro a Freen en la puerta. Su expresión no es divertida. Al contrario, parece enfadada y, mirando a ambos lados, dice:
—Abre y entremos antes de que alguien nos vea.
Una vez dentro, me lanzo a sus brazos dispuesta a besarla, pero me aparta de malos modos y pregunta:
—¿Qué hacías hablando con esa tipa? Sé a quién se refiere y respondo:
—Es la hermana de Faye. Ha subido al barco en Filipinas y…
—Mantente alejada de ella, ¿entendido?
Su voz… su gesto enfadado y su furia me hacen decirle:
—Vamos a ver, ¿qué ocurre, cariño?
Freen apenas puede moverse. El cuarto es tan pequeño, que hacerlo supondría darse un golpe contra algo.
—Tú mantente alejada de ella. Repite.
—¡Por el amor de Dios!. Protesto
—Tú y yo hemos comenzado una relación, pero no te tomes al pie de la letra eso de que soy tuya, porque yo soy una persona muy sociable y me gusta hablar con todo el mundo, ¿entendido?
—¡¿Qué?!
—Lo que has oído, Freen. Por favor, no vayamos a joder lo que tenemos.
Mi morena me mira. Su mirada me grita algo, pero yo soy incapaz de descifrar qué es lo que quiere decir. Respira y toma aire. No dice nada y, finalmente, yo la abrazo y murmuro:
—Me gustas, te gusto y lo nuestro está bien. No necesito a nadie más. Sólo a ti, ¿entendido?
Ella asiente y noto que sus hombros se relajan. Parece que le queda claro lo que le digo y, besándome, me indica:
—Abre la puerta y mira a ver si hay alguien.
Tengo que volver al trabajo. Hago lo que me pide y cuando no veo moros en la costa, le aviso y se marcha tras darme un rápido beso. Yo sonrío, aunque me deja preocupada con su inquietud.
ESTÁS LEYENDO
JUEGOS DE SEDUCCION
RomansaRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
