Cuando hacemos la primera pausa para descansar, Lingling, la hermana de Faye, está a mi lado para ofrecerme agua. Es muy detallista.
—Tienes una voz increíble, Rebecca.
—Gracias. Digo sonriendo.
—¿Siempre has actuado en cruceros?
—No. Ésta es la primera vez. Por norma general, trabajo en hoteles.
Lingling sonríe y ambas salimos a cubierta para seguir hablando. Soy consciente de que si Freen me ve se va a molestar. Tal como está últimamente, cualquiera que respire a mi lado la molesta. Pero la conversación con Lingling me gusta y deberá entenderlo, le guste o no.
Durante un rato, charlamos de música. Y casi me caigo redonda cuando me dice que conoce a los productores de Ricky Martin y Marc Anthony.
Un escalofrío me recorre entera poniéndome el vello de punta. Al verlo, Lingling se quita la chaqueta blanca que lleva y, amablemente, me la echa sobre los hombros.
—¿Mejor así? Asiento y respondo:
—Sí. Gracias.
Durante unos segundos, nos miramos en silencio. Su mirada me inquieta y me recuerda a alguien. Y en ese instante, como salida de la nada, aparece Freen y se abalanza sobre ella. Le da varios puñetazos y yo empiezo a gritar. Lingling no se queda quieta y ambas comienzan a golpearse sin piedad.
Por suerte, rápidamente aparecen Faye y Engfa, que al verlas se meten en medio y las separan. No sé qué hacer, estoy desconcertada, y entonces oigo a Freen gritar:
—Vuelve a acercarte a ella en ese plan y juro que te mato.
Varios pasajeros la sujetan. Instantes después, veo aparecer a Saint y al jefe de Freen. ¡El desastre está servido! Horrorizada, veo que Saint me mira con mala cara y comienza a pedirme explicaciones. No sé qué decir. Freen no habla, sólo mira a Lingling con odio, mientras todo el mundo opina.
Instantes después, Engfa le pide a la gente que se vaya dispersando. El show ha acabado. Pero yo estoy alucinada ¿Qué ha ocurrido? Allí quedamos solamente Lingling, Faye, Freen, Engfa y yo. Las miro desconcertada.
Me siento culpable de haber provocado todo eso. Freen, con el labio ensangrentado. Maldice una y otra vez y le grita a Lingling que ella se lo ha buscado.
Su instinto de posesión me asusta. Les habla de tal manera de mí a las otras que siento que soy algo totalmente suyo e intocable. No. Decididamente, no me gusta nada lo que estoy oyendo. De pronto, me doy cuenta de que soy invisible para todas ellas.
Discuten en inglés, como en Tailandes y, aunque entiendo ambos idiomas, me cuesta reaccionar ante sus gritos, hasta que oigo a Lingling decir:
—¿Acaso creías que no te encontraría?
—Vete a la mierda, Lingling… Te dije que me dejaras en paz.
Frunzo el cejo. ¿Se conocen? Pero bueno, ¡¿qué es esto de que se conocen?!
—Yo no se lo dije. Afirma Faye y Engfa tampoco. Te lo prometo, Freen. Mi bombón, enjugándose la sangre que tiene en el labio, contesta con cara de pocos amigos:
—Te creo, Faye, no te preocupes. Pero hazme un favor, necesito que todos desaparezcan de mi vista cuanto antes. Especialmente ella.
Lingling suelta una carcajada y dice:
—Serás idiota, Freen.
Dios santo, ¿la ha llamado idiota? No sé qué hacer. ¡Que alguien me explique qué está ocurriendo aquí! Faye, que hasta el momento había permanecido calmada, da un paso al frente y dice:
—Si alguien puede hacerle volver a casa, ésa es Engfa. Tú, Lingling, desde luego no.
Freen suelta una palabrota de lo más desagradable, que se lleva el aire. Yo la miro. Pero no parece verme
Voy a decir algo, pero no me salen las palabras. Cada vez estoy más confusa. Necesito que alguien me aclare qué sucede.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
