A la mañana siguiente, cuando me despierto, estoy sola en la habitación y desnuda. Me noto la boca seca y un sabor agrio y asqueroso.
—No me puedo creer que me haya saltado la noche de bodas para dormir la mona. Me quiero morir. ¡Pobre Freen!. Entro en el baño y, con cuidado, me quito las horquillas. Pero ¿cuántas me pusieron? Cuando me parece que ya no queda ninguna más, me meto bajo la ducha mientras pienso dónde puede estar Freen. ¿Estará molesta? ¿Y si me ha abandonado por borracha y me pide el divorcio? No. Eso no va a pasar. Salgo de la ducha, me desenredo el pelo mojado y, cuando vuelvo a la habitación, Freen sigue ausente.
Comienzo a pensar en serio la posibilidad del divorcio y me angustio. Tomo mi telefono y la llamo. Suena en la mesilla de al lado. ¡Mierda, lo ha dejado aquí! Me preocupo. ¡No sé cómo ponerme en contacto con ella! Miro a mi alrededor y veo mi vestido de novia en el suelo. Sin querer pensar en ello, me pongo unas bragas limpias que cojo de una pequeña maleta que dejamos en el hotel con ropa el día anterior. Después vuelvo a ponerme el vestido de novia y los zapatos. Quiero que cuando Freen regrese me vea así. De novia.
Hay un carro con comida, veo frutas, bollos, café y leche. Tomo una especie de donuts y me lo como asomada a la ventana, mientras pienso dónde estará mi amor.
De pronto, la puerta de la habitación se abre y la veo aparecer con una bolsa negra. Corro hacia ella y me tiro a sus brazos. Freen me abraza y murmura:
—Vaya… mi borracha favorita ha recobrado la conciencia.
Avergonzada, la beso en el cuello y, cuando me separo de ella, digo:
—Lo siento, cariño…
Ella no dice nada. Sólo me mira. Me aparto un poco más y la miro con ojos de perrito abandonado, haciendo un puchero. Sus cejas se juntan y hace eso que tanto me gusta, pone su cara de perdonavidas y dice con voz grave:
—Anoche no pude poseer cada centímetro de tu cuerpo...
—De verdad que lo siento. insisto.
Freen se aleja de mí. Deja la bolsa sobre la cama y, dispuesta a compensarla, digo:
—Ya que no te pude dar la increíble noche de bodas que quería, déjame darte la increíble mañana de bodas que te mereces. ¿Como ves?
Sonríe… sonrío. ¡Qué guapa es mi morena! Me acerco a ella y la beso.
Responde rápidamente a mi beso y nos abrazamos. Con mimo, me mordisquea los labios despacio. ¡Oh, Dios… cómo me gusta que haga esto! Entre risas murmura que está loca por mí. Comienza a subirme el vestido de novia.
Al final, su mano llega a donde ambas deseamos. Me toca por encima de las bragas y, sin apartar los ojos de los míos, susurra:
—Señora Chankimha, estás húmeda.
—Es que me pones cardíaca, señora Chankimha. No lo puedo remediar.
Sin hablar, me da la vuelta, me hace inclinarme y poner las manos sobre la cama, sube la falda de mi vestido y, bajándome las bragas, introduce 2 dedos en mi. ¡Oh, sí! Con movimientos suaves y pausados, me hace suya.
—¿Te gusta, cariño? Con la boca seca y casi pegada a las sábanas, respondo:
—No pares, por favor… no pares.
Y cuando me siento a punto de un increíble orgasmo, Freen saca sus dedos de mi rápidamente y se aparta. ¡Ahí va, mi madre! ¡¿Qué ha pasado?! Sin entender nada, me incorporo y veo que entra en el cuarto de baño. Me subo las bragas como puedo para no caerme al caminar, la sigo. Está lavándose en el lavabo y le pregunto:
—¿Por qué no has continuado? Ella toma una toalla, se seca y, responde:
—Porque quiero que te sientas como me sentí yo anoche. Alucinada por su contestación, voy a protestar cuando añade:
—Pero, tranquila, no pasa nada. Ayer tú me dejaste a medias y hoy te dejo yo a ti. ¡Ahora estamos empatadas!
ESTÁS LEYENDO
JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
