Capitulo 83

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Por la tarde, tras ponerme un bonito y sencillo vestido turquesa, llego al hospital un poco antes de las cinco y decido subir a la planta donde está el despacho de mi maravillosa esposa. Al abrirse las puertas del ascensor, la veo al fondo, hablando con otro médico con su gorrito azul en la cabeza. No me acerco a ella. Parece concentrada mirando con el otro una tablet que lleva en la mano. Se acerca una enfermera y le entrega unos papeles, pero por cómo lo mira, estoy segura de que le entregaría algo más. Por el amor de Dios, ¿será descarada?

Pero vamos a ver, ¿es que esa tipa no ve el anillo que mi esposa lleva en el dedo? No cabe duda de que, cuando nos lo proponemos, las mujeres somos unas auténticas arpías egoístas. Y en este instante esa lo está siendo. Sin moverme de mi sitio, observo cómo Freen mira los papeles, mientras ella  se toca el pelo en plan coqueto. ¡Al final le cortaré las orejas! Y cuando ya no puedo más con tanto meneo, me acerco a ellos y saludo como un huracán.
—Hola, cariño. Al verme, Freen sonríe, me besa en los labios y contesta:
—Hola, tesoro, ¿hace mucho que has llegado? Contenta al ver que no tiene nada que ocultar, dejo que me coja por la cintura. Ella mira a sus compañeros y pregunta:
—¿Conocen a mi mujer, Rebecca? Los dos niegan con la cabeza y mirándome, Freen me dice
—Ellos son compañeros de laboratorio. Los saludo a ambos con cordialidad, abrazo a Freen por la cintura y digo:
—¿Te queda mucho? Si quieres, esperaré en tu despacho. Ella sonríe, se quita el gorrito azul y responde:

—A partir de este instante, soy toda tuya, preciosa. Sonrío mientras los otros dos me miran. La expresión de esa tipa ha cambiado totalmente y me dan ganas de decirle: ¡Jó-de-te!. Pero en vez de eso, tras una rápida y más que significativa mirada, suspiro y, guiñándoles un ojo, me despido de ellos.
De la mano camino por el hospital y sonrío al reconocer a varios de los médicos. Nos encontramos con addison, y quedamos en salir otra noche a cenar. Una vez entramos en su despacho, Freen cierra la puerta y mientras me besa murmura con urgencia:

—Dios, nena, no veía el momento de que llegaras. Eso me hace reír y cuchicheo:
—Oye, ¿sabes que estás muy sexy vestida así? Creo que deberías llevarte a casa un gorrito de estos y una bata, ¿no crees? Freen suelta una carcajada y yo añado:

—Me muero de ganas de jugar contigo al médico y la paciente. Divertida, se quita la bata y entra en un cuartito para vestirse. La sigo. Hay una pequeña cama y, sin dudarlo, me lanzo de nuevo a sus brazos y, dos segundos después, estamos sobre la pequeña cama. Sin decir nada, le meto la mano en los pantalones y, acariciándola, murmuro:
—¿Se anima la doctora echar uno rapidito? Sonríe dudando. Le tienta la oferta, pero finalmente, se levanta de la cama y comenta:

—La puerta está abierta y todos saben que estamos aquí. Prometo echarte todos los que quieras una vez lleguemos a casa. Hago un puchero y ella cierra la puerta del cuartito y dice, desabrochándose el pantalón:
—Ven aquí, caprichosa. Me coge entre sus brazos y me apoya contra la puerta que ha cerrado, como para asegurarse de que nadie podrá abrir. Sus manos se meten bajo mi vestido y, sin quitarme las bragas, me las echa a un lado y, mientras me mira, susurra:

—Reprime los gritos o todo el hospital sabrá lo que estamos haciendo.

Me penetra con sus dedos. El placer es intenso, increíble. Le rodeo la cintura con las piernas y me dejo llevar. Me dejo follar. Me dejo poseer. Yo la he incitado a que lo haga y ahora simplemente he decidido disfrutar de mi triunfo.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora