Catorce

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Hacía dos años y medio que no lo veía y ahora estaba en una sala de reunión, en París, esperando a que el señor impuntual llegara. Supongo que algunas cosas nunca cambiaban. La raza humana era tonta, cometíamos los mismos errores una y otra vez, y aquí me encontraba yo, viendo a mi ex entrar por la puerta.

Mi padre estaba presente, también su manager. Teníamos que hablar sobre cuándo se sacaría la canción, ya que la cantaríamos en una gala, cosa que me había negado rotundamente, pero después, acepté. Negarme significaba que aún estaba dolida (lo estaba), y sería darle a él la satisfacción de saber que había conseguido hacerme daño.

Mi padre se levantó para saludarlos pero yo no moví ni un dedo mientras bebía de mi lata de redbull.

— Alissa —saludó su manager sonriendo.

— Claude —le sonreí de vuelta—, Matt.

Matt se sentó frente a mí y Claude frente a mi padre. Él me miraba con una estúpida sonrisa que quería quitar de su cara a puñetazos. Ahora, sus brazos estaban llenos de tatuajes y se había teñido el pelo de rubio pollo, estaba incluso más guapo. Mierda.

Dejé de mirarlo para mirar a nuestros managers hablar sobre cómo les iba todo.

— Será mejor que hablemos ya de la canción —interrumpí—, tengo un disco que grabar y no se graba solo.

Claude sonrió. — Siempre con carácter, me gusta.

Claude era un amor comparado con Matt. Ese señor ya con pelo canoso y vistiendo como si aún fuera un chaval me había consolado más de una vez mientras estaba con Matt. Nunca había tenido carácter delante de ellos, quizás fue el día que Matt me dejó, que empecé a romper todo lo que había en mi camino y se corrió la voz, pero nada más.

La canción la empezaríamos a grabar ya, y cuando digo ya es que ya había tres o cuatro canciones escritas para nosotros y teníamos que escoger una. Ojeé dos de las cuatro canciones y en ningún verso se cantaba que Matt era un capullo, no me gustaba.

¿Había mencionado que estábamos hablando en francés? ¿No? Pues sí. Aquí mi amigo Matt solo cantaba en francés, por lo que la canción era en francés, no me importaba, lo manejaba bien.

— ¿Esto es un rap? —pregunté— ¿Desde cuándo... —este deshecho de la vida—... sabe rapear?

— Se hacer muchas cosas que no sabes.

— Cuidado con el doble sentido, Matt —dijo severo mi padre. Vaya, las cogía al vuelo. Él levantó sus manos en son de paz y me pregunté por qué Matt no maduraba, ya con veintinueve años, debería empezar a hacerlo.

— Me gusta esta, Dreamin' —Le enseñé la canción a mi padre—, ¿Tenéis la demo?

— Sí, pensábamos escucharla en el estudio, pero la tengo en el teléfono —Claude no tardó en ponerla y la escuchamos.

Definitivamente, era esa. Mi parte era pequeña y era lo mejor, mientras menos cantara, menos éxito tendría la canción fuera de Francia.

No es que fuera egocéntrica, pero a Matt no lo conocían ni en su casa. O eso pensaba yo, claro. Ya que según me enteré camino al estudio de grabación al día siguiente, no le iba muy mal. Había estado de tour, había sacado un DVD de su show, había firmado un contrato con la voz y estaba grabando otro disco.

En el tiempo que había estado con él, ambos estábamos escalando en ese mundo que llaman fama, él ya era "conocido", y yo, estaba en proceso. Aunque solo me hizo falta sacar dos colaboraciones con David y que él me anunciara como su ahijada.

Strangers - Justin Bieber Donde viven las historias. Descúbrelo ahora