Capítulo 1

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12 de Octubre de 1944

Mi mirada estaba en el techo, una vez más las cosas parecían más interesantes mirando al normal techo. Sin embargo, mi mente vagaba por rincones donde esa mirada miel dorada reinaba.

Vaya, si que ese chico había entrado en mi mente para no salir de ahí. No había dejado un sólo día de subir a aquella colina desde aquel encuentro. Al principio, me perdí, ya que me había desviado bastante en aquel primer momento que fui. Pero, finalmente, había logrado ubicarme.

Era bastante linda, más de lo que podía imaginar cuando ese día llegue basicamente llorando y con ninguna intensión de encontrarme con un paisaje lindo o con una persona linda.

Por que si, ahora si que había visto al chico, bueno no frente de frente pero si había visto más rasgos que aquel día no había visto.

Aquel chico, me había cautivado de una manera que era imposible de describir. Y estaría mintiendo si llegaba a decir o siquiera a pensar que no quiero hablar con ese chico, pero lo intenté, bueno no directamente, pero lo intenté.

Luego de haber llegado a mi casa después de esas lágrimas, por alguna razón me dormí pensando en aquel chico. Al día siguiente subí a la colina a primer momento, a paso rápidos, perdiéndome más de una vez pero finalmente llegando al mismo lugar donde había llegado la noche anterior.

El pasto era oscuro, y las hojas de color café estaban sobre todo el suelo, arbustos y arboles por todas partes, pero mi mente estaba concentrada en no buscar paisajes, mi mente estaba concentrada en encontrar aquella mirada. Y estaba segura de que la había sentido. Más de una vez. Pero el chico no había aparecido en ningún momento, al menos por el primer día luego del encuentro.

Luego de estar cerca de unas dos horas tuvo que volver colina bajo, donde las pesadillas ocurrían. Sin embargo mi distraída mente estaba tan cohibida por esa mirada que ni siquiera se inmutó en aquellos problemas, y aquella noche también me dormí pensando en aquel chico y en como tal vez si al día siguiente podría verlo.

Y así fue. Al segundo día, subí nuevamente, y puedo asegurar que estaba allí. Me senté sobre el césped, y escuché como los arbustos se movían, como si una persona estuviese atrás. Entre las hojas, pude ver señales de aquellos ojos que me habían cautivado desde la primera vez. Una sonrisa involuntaria había aparecido en mi rostro y enseguida bajé la mirada.

Me hubiera gustado que el chico fuera a hablarme, a preguntarme algo, lo que sea. Pero no lo hizo. Pero de lo que si estoy segura es de que no se movió de su lugar hasta que volví colina abajo, y esa noche las únicas dudas que tenía era que tal vez el chico era demasiado tímido.

Pero lo más probable, es que él tuviera miedo. Pero, si realmente estaba asustado, ¿por qué se arriesgaba a ser visto? ¿Por que me observaba si estaba tan asustado? Así que tan rápido como esa idea llego a mi cabeza la eliminé, por que creía, o quería creer que él no temía de mi.

Al tercer día deseé que fuera diferente, que esta vez él haya practicado las palabras que decirme frente al espejo, tal como yo lo había hecho. Y si, practique mis palabras frente al espejo porque mi torpeza puede salir al aire al momento de decir "¡Hola!", y no era que hubiera algo pero por alguna razón quería lucir inteligente frente a él, o al menos atractiva de alguna manera.

Así que tuve la idea perfecta. Al tercer día lleve un libro conmigo, si él me veía leer de seguro pensaría que era alguien nata de inteligencia, alguien más "sofisticada", y quizás le interesara y terminaría acercándose finalmente. Pero no paso.

¡Dios mío! Si mi padre o Jackson o cualquiera me hubiera visto en este momento, tan interesada en captar la atención de alguien semita, probablemente me hubiesen lavado el cerebro hasta meterme en la cabeza de que "estaba mal y era totalmente inapropiado"

Love on a Hill || StydiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora