Capítulo 50

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28 de Noviembre de 1944

Estaba desesperada. Tanto que anhelaba por llegar a donde él y besarlo. O tan sólo llegar donde él y disculparme.

Llegué a la usual cima donde siempre estábamos, pero él no estaba ahí, cosa que me hizo sólo el trabajo más duro, pero no me importó. Giré hacia el lado contrario, chocando con un par de ramas en el camino, pero no era importante, no me importaba en lo absoluto lastimarme si de esa forma lo iba a ver.

Cuando mis ojos se toparon con su casa, noté como ahí estaba él, y fue suficiente para que yo parará en seco. Estaba sentado en el borde de su casa, casi afuera de esta, tenía las manos entre su cabeza y esta escondida entre sus piernas. Creo que escuchó mi respiración agitada, ya que en aquel momento en el que yo estaba a unos cuantos metros, él levantó la cabeza.

- ¿Lydia? -su voz rota me tocó el alma, al igual que sus ojeras y lágrimas sobre su rostro provocaron que se me ablandara el corazón.

Solté un sollozo sin poder evitarlo, quedándome quieta ante él desde mi lugar. Me parecía casi increíble poder volver a tener la oportunidad de mirarlo luego de tres largos y duros días.

Stiles se paró, quedándose también quieto en su lugar. Por un momento, pensé que todavía seguía enojado, cosa que sería lógica. Sin embargo, su débil sonrisa me demostró lo contrario. Sin perder más tiempo, corrí rápidamente hacia él. Stiles aceleró también el paso, y yo al llegar allí salté para agarrarme de su cuello. Él puso sus manos alrededor de mi cuerpo, sosteniéndome, pero aún así cayó al suelo, con todo mi peso encima.

De todas formas, ninguno de los dos le dio importancia aquel detalle. Stiles se sentó en el suelo, y yo quedé aferrada a su pecho. Nuestras lágrimas lograron mezclarse en algún punto, mientras me acariciaba con ternura. Mis manos se aferraban con fuerza a su nuca y lo único que hacía era sollozar en su hombro, él hacia lo mismo, apretando mi cintura y sollozando en mi hombro. Cosa que tan sólo hacía que lo apretara más.

Me alejó lentamente agarrando mis mejillas, empezando a limpiar mis lágrimas mientras una débil sonrisa pintaba su rostro, se acercó y besó mis labios. No fue sólo un beso, fueron varios. Cada vez que terminaba de darme un beso, empezaba con el otro, no era necesario separar los labios, o hacer que nuestras lenguas se encuentren, sólo queríamos tocarnos, probarnos, sentirnos...

- Lo siento... -susurró contra mis labios. Lo miré incrédula.

- No, Stiles. No -lo detuve, poniendo una pequeña y mínima distancia entre los dos-. Perdóname tú a mí, discúlpame por haber desconfiado de ti. Dios... No me da la cara para pedirte disculpas. Me he portado terrible.

Dejé caer mi cabeza en su hombro, pero él me atajó y me sonrió con cariño, provocando que la herida de mi corazón sanara un poco, tan solo un poco.

- Lyds, no pasa nada... -trató de tranquilizarme, pero yo negué un poco angustiada.

- Stiles, escucha, por favor -le pedí silencio y él asintió-. No puedo creérmelo de mí. Me arrepiento tanto. No sé lo que pasaba por mi cabeza. Yo... Yo no tengo ni excusa. Yo solo quería ofrecerme a ti, quería buscar alguna manera en la que pudiera entregarme a ti. Pero creo que he hecho todo tan mal... Dios.

Stiles me miró a los ojos y alejó los cabellos rebeldes en mi rostro, luego limpió mis lágrimas, cada una de ellas. Sonrió. Sonrió como si estuviera viendo lo más lindo del mundo.

- Esta bien... -susurró. Su voz se mantenía rota y sus mejillas seguían bañadas en lágrimas, opté por llevar mis dedos a su rostro-. Me heriste, si, pero... Ya no me importa, estás aquí...

Love on a Hill || StydiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora