Capítulo 9

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                   20 de Octubre de 1944

Me levanté temprano, como de costumbre. Tenía planeado hacer el desayuno para Jackson, para luego cuando se vaya ir a la colina una vez más. Mamá como ya era de esperar no estaba en casa, había pasado casi la semana entera alejada de mi, luego del incidente de La Liga, (donde la cual se supone que empezaba a ir la semana que viene), no había vuelto a hablar con ella. Y estaba molesta.

Molesta con el hecho de que me obliguen a casarme con un idiota, molesta con el hecho de que me obliguen a alistarme a un lugar donde no quiero, molesta con el hecho de que todo el mundo quiera entrar en mi cabeza de alguna forma.

Bueno, excepto Stiles. Él era sin duda el único que podía comprenderme, y ni siquiera tenía que explicarle.

Me alegraba tener a una persona con la cual podía estar sin la necesidad de hablar. Con el silencio nos entendíamos.

Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando escuché a alguien interrumpir en la habitación.

— Buenos días —lo saludé, tratando de no sonar descortés.

Y sí que me costaba, porque me gustaría poder ser una persona para nada cortés con él. Jackson no merece eso. Él se cruzo de brazos frente a mi.

— ¿Donde esta mi ropa? —preguntó con el semblante serio.

Dejé encima de la mesa los cubiertos, mientras revisaba si el té ya estaba listo. Levanté la vista y me hundí de hombros.

— Supongo que debe estar donde la dejaste ayer —contesté obvia y lo mire bastante ironica.

Él rió irónicamente, y para decir verdad, metiéndome miedo.

— ¿No la lavaste? —me preguntó. Se había cruzado de hombros, y me miraba de una forma intimidante.

Traté de contestar sin temblar.

— Nunca me pediste que la lavara.

Volvió a reír, y dio un paso más hacia mí. En consecuencia, di un paso hacia atrás, tratando de mantener distancia. Sin embargo, choqué contra la mesada de la cocina, por lo que no pude evitar que él se acercara hasta que sólo unos pocos centímetros nos separaran.

— Mira, Lydia, creo que no nos hemos entendido aún... —balbuceó acercándose aún más. Me quise mover a un lado pero él dio un movimiento para llegar al frente mío. Un paso más y quedaba pegado a mi.

— Yo... pensaba que tú ibas a decirme cuando tengo que hacer cosa —respondí temblando, él rió de nuevo.

— No creí que fueras tan estúpida para tener que recordártelo —respondió esta vez más enojado. Por alguna razón mi corazón empezó a estallar, pero no de miedo, sino de ira.

— Y créeme, yo no pensé que fueras tan estúpido para no poder ordenar tu propia ropa —respondí. Y tan rápido como las palabras salieron de mis labios, me di cuenta de lo que acababa de decir.

Quizás era valiente, quizás era estúpida, o quizás era ambas. Pero el enojo me ganó esta vez.

— ¿Disculpa? —preguntó él, como si le hubiera hecho una broma.

— ¡No soy tu sirvienta! ¡No soy tu esclava! —exclamé— ¡No puedo creer que seas tan estúpido como para no...!

Y ahí lo tienen. Por fin, llegó el golpe.

Me callé al sentir su mano chocando contra mi mejilla con brutalidad. Gemí ante el dolor que me provocó. Lo miré llena de ira.

— ¡No vuelvas a tocarm...! —no llegué a terminar. Esta vez, no me abofeteó, sino que me pegó en el estómago, con su rodilla.

Love on a Hill || StydiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora