Día en familia

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Narra Mónica

- Hablando de comida, recuerdas que mañana comemos con mi familia, ¿verdad? - escuché como me decía Vanesa antes de entrar a la cocina.

Todo la relajación que me había proporcionado hace unos minutos gracias a sus maravillosas manos y su maravillosa boca, se desvaneció al instante. Vanesa tenía el don de conseguir que el mundo a mi alrededor desapareciera solo con tocarme, en esos instantes solo existíamos ella y yo. Pero fue oír esa frase y los nervios aparecieron de golpe.

- Dios, me había olvidado completamente -

Entré en pánico, cosa que le hizo mucha gracia a Vanesa, podía oír sus carcajadas desde la cocina.

- ¿En serio estás nerviosa? son solo mis padres y mis hermanos, totalmente inofensivos - me dijo al volver al salón y sentarse de nuevo a mi lado.

Vanesa preparó todo y empezó a servir la cena, muy concentrada. Yo levanté la vista para mirarla, tenía el pelo totalmente alborotado, culpa de mis manos por supuesto, y el semblante relajado. No paraba de sonreír, la veía feliz, nunca la había visto más bonita, y fue en ese momento cuando me volví a relajar. Mañana todo iría bien...¿verdad?

- ¡Listo! - la cena estaba lista.

Abrió una botella de vino tinto y me sirvió una copa.

- ¿Por qué brindamos? - le pregunté levantando una ceja - ¿Por el aquí y el ahora?-

- Por el aquí, el ahora, y el mañana -

Bebió un poco y dejó la copa en la mesa. Yo seguía mirándola. "Y el mañana". Ella se dio cuenta.

- ¿Qué? - me preguntó divertida

- ¿Y el mañana? - no podía dejar de mirarla y cada vez me acercaba más.

- Y el mañana. Contigo - me dijo provocándome.

Y tuve que besarla. Un beso tierno, suave, lento. Muy lento.

- Si cada vez que me ponga cursi voy a recibir estos premios, te juro que voy a conseguir que Bécquer te parezca un principiante - dijo sobre mis labios.

Y ambas nos echamos a reír.

Acabamos de cenar, recogimos todo y nos fuimos directas a la cama. Estábamos destrozadas, había sido un día largo e intenso. No duramos ni medio minuto, fue estirarnos en la cama y caímos rendidas.

Narra Vanesa

- Mónicaaaaa, va, déjame entrar - le repetía por enésima vez desde fuera de la ducha.

Mónica se había levantado nerviosa, mucho. Estaba histérica por tener que conocer a mis padres, y a mí me parecía todo extremadamente gracioso.

Después de unos cuantos besos en la cama al despertarnos, demasiado pocos para mi gusto, saltó corriendo hacia el baño, diciendo que tenía que arreglarse y prepararse para el encuentro con mi familia. Le pedí por activa y por pasiva que me dejara entrar a la ducha con ella, pero nada. Cabezota como ella sola.

- Vanesa Martín, me esperas fuera, nada de juegos que en unas horas vemos a tus padres - me dijo sacando la cabeza por la mampara de la ducha.

- ¡Por eso mismo! aún es pronto y tenemos tiempo de sobras, vaaaaa - le repetía cual niña pequeña. La escena me divertía muchísimo pero también me moría por entrar y hacerle el amor bajo el agua.

- Vanesa no - volvió a sacar la cabeza - nada de sexo antes de ver a tus padres. Lo notarían -

Y aquí no pude aguantar más y estallé en una carcajada.

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