இ 121. Uzumaki Naruto.

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El aire nocturno de Konoha era fresco y tranquilo, pero en el corazón de [T/N], una tempestad silenciosa comenzaba a gestarse

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El aire nocturno de Konoha era fresco y tranquilo, pero en el corazón de [T/N], una tempestad silenciosa comenzaba a gestarse. Al principio, todo fue sutil, casi imperceptible. Pequeñas excusas que se acumulaban con los días, con las semanas. Naruto, su Naruto, siempre tan enérgico y entregado, comenzó a alejarse de maneras que, en un inicio, parecían inofensivas.

Todo comenzó con pequeñas cosas, casi imperceptibles, detalles que cualquiera podría haber pasado por alto. Al principio, Naruto simplemente llegaba a casa más tarde de lo habitual, justificándose con reuniones prolongadas en la Torre del Hokage o asuntos urgentes en la aldea.

—Lo siento, amor, pero Tsunade me ha pedido que revise unos documentos antes de la reunión de mañana —dijo una noche, mientras se acomodaba en el futón con rapidez y le daba un beso fugaz a [T/N].

No era la primera vez que llegaba tarde, pero [T/N] entendía su trabajo y no le dio mayor importancia. Sin embargo, la costumbre se transformó en norma. Las noches en las que Naruto llegaba a tiempo para cenar juntos se volvieron cada vez más escasas, y cuando estaba presente, parecía ausente, sumergido en pensamientos lejanos o con la vista fija en algún punto de la habitación.

Las conversaciones largas y divertidas de antes se redujeron a frases cortas y respuestas automáticas.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntaba [T/N] con la esperanza de escuchar sus historias entusiastas sobre la aldea. —Bien, lo de siempre, mucho trabajo —respondía Naruto sin siquiera mirarla, su atención centrada en los pergaminos.

Los paseos juntos, que solían ser su escape del ajetreo diario, comenzaron a desvanecerse. Naruto siempre tenía una excusa para evitarlos.

—Hace mucho calor hoy, mejor otro día. —Estoy agotado, la misión de hoy fue dura. —Tengo que entrenar con Sasuke mañana temprano, mejor descansemos.

Las excusas se amontonaban como hojas en otoño, y aunque al principio [T/N] se convencía de que era solo una fase, el frío en su corazón comenzó a instalarse de manera permanente.

El momento más doloroso llegó cuando Naruto empezó a salir de la aldea con más frecuencia. Antes, evitaba tomar misiones que lo alejaran mucho tiempo, especialmente cuando no era necesario. Pero de pronto, parecía ansioso por aceptar cualquier encargo que lo mantuviera lejos.

—Volveré en unos días —decía con una sonrisa apagada, acariciándole el cabello antes de marcharse sin siquiera girarse a mirarla al salir.

Los días pasaban y las noches se sentían cada vez más largas. [T/N] comenzó a dormir sola más veces de las que podía contar, abrazando la almohada en un intento de llenar el espacio vacío en la cama.

Entonces llegaron los olvidos. Primero fue una cena especial que ella había preparado con esmero.

—Lo siento, me quedé en la oficina. ¿Aún queda algo? —preguntó él sin notar el plato frío que lo esperaba sobre la mesa.

Después fueron las promesas incumplidas.

—Te lo juro, estaré ahí para la ceremonia —había dicho una vez con absoluta seguridad.—Te lo prometo, no faltaré.

Aquella vez, [T/N] lo esperó de pie entre la multitud, observando pacientemente con la esperanza de que por aquella puerta de que Naruto apareciera en cualquier momento. Pero él nunca llegó.

Cada una de estas pequeñas heridas se acumuló en el corazón de [T/N], convirtiéndose en cicatrices invisibles. Lo que una vez fue un amor fuerte y vibrante, ahora se sentía como una sombra de lo que solía ser. 

Y en el fondo, el temor más profundo comenzaba a enraizarse en su mente: Naruto ya no quería estar con ella.

El tiempo siguió su cruel curso hasta aquella noche fatídica. [T/N] había decidido hacer algo especial para Naruto, como en los viejos tiempos. Salió al mercado y compró cuidadosamente los ingredientes para preparar su platillo favorito. Mientras caminaba de regreso a casa, con la bolsa apretada contra su pecho, se repetía a sí misma que todo estaba bien, que solo eran ideas suyas, que esta cena los ayudaría a reconectar.

El sonido de sus pasos resonaba en las calles silenciosas de Konoha, y con cada paso, su corazón latía más rápido, como si presintiera lo que estaba por ver. Al girar en la esquina de su calle, sus ojos se fijaron en la ventana iluminada de su hogar. Un impulso la hizo detenerse. Lo que vio le robó el aliento.

Allí, en la cocina de su casa, Naruto estaba con Hinata.

Era una imagen tan simple, tan íntima, que dolía más que cualquier pelea o traición estruendosa. Naruto estaba de pie junto a la encimera, con una expresión de ternura en el rostro que hacía mucho no le mostraba a ella. Hinata sonreía con dulzura, sosteniendo su mano mientras le pasaba un plato. Sus dedos se rozaron y, en un gesto que [T/N] nunca esperó ver, Naruto inclinó el rostro y la besó.

La bolsa con los ingredientes cayó al suelo con un sonido sordo, pero ni Naruto ni Hinata lo notaron. [T/N] sintió que todo el aire de sus pulmones desaparecía. Su estómago se encogió con un dolor insoportable, sus piernas temblaron y su mente se negó a aceptar lo que sus ojos veían.

No eran simples amigos. No era solo una charla en la cocina. Era el tipo de complicidad que ella pensó que era solo suya y de Naruto. Era la certeza de que, en algún momento, él había dejado de amarla y había comenzado a amar a otra.

[T/N] llevó una mano a su pecho, sintiendo el vacío crecer, expandirse, consumiéndola. Todo lo que creía real, todo lo que había construido junto a él, se desmoronaba ante sus ojos. Su hogar, su vida, su amor... una mentira bien sostenida por la rutina y las falsas promesas.

Las lágrimas cayeron silenciosas por su rostro mientras se alejaba de la ventana, su corazón quebrándose en pedazos irreparables.

Naruto la había perdido. Y lo peor de todo era que ni siquiera parecía importarle lo más mínimo sus sentimientos; cometiendo aquella infidelidad en su rincón especial. 

Su hogar, que habían construido con tanto amor y cariño, y que ahora... quedaban totalmente sepultados en el pasado.

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𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Donde viven las historias. Descúbrelo ahora