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இ 145. Senju Tobirama.

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El aire en el campo de entrenamiento era ligero y fresco, apenas un susurro que se mezclaba con el canto de los pájaros

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El aire en el campo de entrenamiento era ligero y fresco, apenas un susurro que se mezclaba con el canto de los pájaros. Dos figuras menudas, una con el cabello blanco inconfundible y la otra con hebras oscuras, reían con despreocupación mientras perfeccionaban sus movimientos. Tobirama Senju, con sus ojos carmesí brillando de picardía, se escondía detrás de un árbol, listo para lanzar un shuriken de madera a su cómplice, [T/N] Uchiha. Ella, su mejor amiga y compañera de todas las travesuras, se reía a carcajadas, esperando el ataque fingido.

—No me vas a atrapar, baka —vociferó ella, su risa era un eco alegre en el claro.

—Eso lo veremos, [T/N]-chan —replicó él, con un tono burlón, mientras le lanzaba el proyectil.

El sol de la mañana se filtraba entre las hojas de los árboles, iluminando un claro en el bosque donde las risas infantiles resonaban con alegría. Tobirama, con su cabello blanco como la nieve, correteaba persiguiendo a [T/N], cuyo cabello azabache ondeaba mientras intentaba alcanzarlo.

—¡Te voy a alcanzar, Tobirama! —gritó [T/N] con una sonrisa traviesa en su rostro.

—¡Eso quiero verlo, [T/N]! —respondió él, doblando su velocidad.

Ese era su mundo. Un universo de risas, de tierra en las rodillas y de un juramento silencioso de protección. Tobirama jamás había sentido la sombra de la discordia que los clanes Senju y Uchiha llevaban a cuestas. Para él, [T/N] era la única realidad, la persona que lo comprendía sin palabras, la que lo desafiaba a ser mejor. Con ella, no había clanes, solo dos niños unidos por un vínculo inquebrantable.

En aquel día en particular, se encontraron con Madara Uchiha, el primo mayor de [T/N]. Madara, ya mostrando una seriedad impropia de su edad, propuso un entrenamiento para mejorar las habilidades de [T/N]. Tobirama observaba con curiosidad mientras Madara comenzaba a lanzar shuriken a su prima. Al principio, los movimientos eran lentos y predecibles, permitiendo a [T/N] esquivarlos con agilidad.

—¡Bien, [T/N]! ¡Sigue así! —la animó Tobirama.

Pero la intensidad de los ataques de Madara comenzó a aumentar de forma alarmante. Los shuriken volaban cada vez más rápido y en trayectorias más complejas, forzando a [T/N] a retroceder y defenderse con dificultad. La sonrisa de su rostro comenzó a desvanecerse, reemplazada por una expresión de esfuerzo y creciente temor.

Tobirama sintió una punzada de inquietud. El entrenamiento parecía volverse demasiado peligroso. Iba a intervenir cuando Madara realizó una serie de sellos con una velocidad asombrosa y liberó un jutsu de elemento fuego. Las llamas danzaron en dirección a [T/N] a una velocidad que sus pequeños ojos apenas pudieron registrar. Ella intentó esquivar, pero las llamas la alcanzaron de lleno, haciéndola gritar de dolor y caer al suelo como una muñeca rota.

Desde la distancia, el corazón de Tobirama se detuvo. Vio el instante exacto en que las llamas impactaron a [T/N], el grito desgarrador que escapó de sus labios, su cuerpo desplomándose inerte. Un terror frío lo invadió, paralizándolo por una fracción de segundo antes de que sus piernas reaccionaran por sí solas.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora