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இ 127. Uchiha Shisui.

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El hospital de Konoha olía a desinfectante y a flores frescas del jardín interior

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El hospital de Konoha olía a desinfectante y a flores frescas del jardín interior. [T/N], con la bata médica mal abrochada y una carpeta contra el pecho, corría por los pasillos tratando de llegar a tiempo a la práctica de soporte de campo.

—¡Lo siento, lo siento! ¡Me perdí entre los pabellones! —exclamó cuando entró al campo de entrenamiento improvisado detrás del hospital.

Frente a ella, los miembros del escuadrón de elite ya estaban reunidos... y entre ellos, uno destacaba por más que intentara esconderse bajo la sombra de un árbol.

Shisui Uchiha.

El muchacho de cabello oscuro como tinta, ojos vivaces que parecían verlo todo... y una sonrisa que no pertenecía a alguien de su edad. Como si hubiera vivido mil primaveras, y aun así siguiera encontrando algo por lo que reír.

—¿Una kunoichi que se pierde? Suena a contradicción —bromeó, inclinando la cabeza.

[T/N] no supo si responder o quedarse embobada mirando cómo la luz del sol caía sobre su rostro. Él rió.

—Pero te perdono... porque pareces ser el tipo de persona que lleva caos bonito a donde va.

Esa tarde, entrenaron juntos. A pesar de que eran de divisiones distintas, el ejercicio implicaba colaboración cuerpo a cuerpo: simular curación bajo presión mientras esquivaban ataques controlados. Shisui era veloz como un relámpago. [T/N], ágil con los sellos y la intuición. Y aunque apenas se conocían, sus movimientos se entrelazaron como si hubieran entrenado toda la vida juntos.

—¿Siempre sonríes mientras esquivas ataques? —le preguntó ella, con la frente sudada.

—¿Y tú siempre frunces el ceño cuando curas? Parece que odias salvar vidas.

Rieron.

La tarde terminó con el cielo teñido de ámbar y los dos sentados bajo un árbol, compartiendo una botella de agua.

—¿Tu nombre? —preguntó él de pronto.

—Nara [T/N]. ¿Y tú?

Shisui la miró de reojo, como si esperara que ella lo supiera.

—Uchiha Shisui.

Ella asintió, pero no dijo nada más.

—No me reconociste al instante. Es refrescante —susurró él—. Gracias por eso.

Y ella, sin entender del todo por qué, sintió que acababa de ganar algo importante.

Los días fueron pasando, los meses lentamente también. Era una tarde gris. [T/N] había terminado de revisar informes médicos en la sala de descanso del hospital cuando, entre los papeles olvidados sobre la mesa, notó un objeto inusual: un pequeño cuaderno negro, con las esquinas gastadas y una cinta roja que lo mantenía cerrado.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora