இ 122. Sabaku no Gaara.

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El sol se deslizaba lentamente hacia el horizonte, pintando el cielo de la Aldea de la Arena con tonos dorados y anaranjados

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El sol se deslizaba lentamente hacia el horizonte, pintando el cielo de la Aldea de la Arena con tonos dorados y anaranjados. Las dunas reflejaban la luz como si estuvieran cubiertas de brasas apagadas, y el viento traía consigo un susurro cálido que acariciaba la piel.

[T/N] caminaba por las calles con una mezcla de nostalgia y nerviosismo en el pecho. Habían pasado años desde la última vez que pisó aquel suelo. Desde la guerra, desde la despedida. Desde él.

Sabía que tarde o temprano se encontraría con Gaara. No solo porque era el Kazekage y su presencia en la aldea no pasaría desapercibida, sino porque en el fondo lo deseaba. Quería verlo. Quería saber si aún quedaba algo de lo que fueron.

Y entonces, ahí estaba.

Gaara se encontraba de pie frente a la torre del Kazekage, su silueta recortada contra la luz dorada del atardecer. Sus ropas se movían levemente con la brisa, y su mirada, fija en ella, contenía algo que la hizo detenerse en seco.

Era él, pero también era distinto. Más maduro, más solemne, más... lejano.

—[T/N]... —Su voz sonó como un eco, como si estuviera probando la realidad de su presencia.

Ella tragó saliva y forzó una sonrisa.

—Gaara.

El silencio se instaló entre ellos por unos segundos. No era incómodo, pero estaba cargado de todo lo que no se decían.

Finalmente, él desvió la mirada hacia el cielo teñido de colores cálidos.

—Han pasado muchos años.

—Sí. Demasiados.

Gaara inclinó levemente la cabeza.

—No pensé que volverías a la Arena.

[T/N] sintió una punzada en el pecho. ¿Era eso lo único que tenía que decirle? ¿Después de todo?

—Soy parte de un acuerdo entre aldeas. Konoha quiere fortalecer los lazos con la Arena —respondió, con un tono formal que no se sentía propio.

—Lo sé —asintió él—. Temari me lo mencionó.

Ah, claro. Temari. Kankuro. Ellos siempre fueron el puente entre los dos, los testigos silenciosos de lo que alguna vez existió.

Gaara la observó con atención, como si intentara leer su mente.

—¿Quieres caminar un poco?

[T/N] dudó un momento, pero luego asintió.

Pasearon por la aldea, intercambiando conversaciones sobre la guerra, la reconstrucción, los años que pasaron. [T/N] se encontró riendo suavemente con algunas de las anécdotas que Gaara le contaba sobre Kankuro y Temari, sobre lo difícil que era hacer que su hermana dejara de darle órdenes incluso siendo el Kazekage.

Pero cada vez que ella intentaba llevar la conversación hacia el pasado, hacia ellos, él se cerraba.

—¿Recuerdas aquella noche antes de la batalla final? —preguntó de repente, esperando una reacción.

Gaara se tensó.

—Sí.

Solo eso. Ni una palabra más.

[T/N] suspiró.

—Pensé que... no sé, que al menos hablaríamos de eso.

Gaara se detuvo y la miró fijamente.

—No hay mucho que decir.

—¿No? —Ella frunció el ceño—. ¿Ni siquiera me extrañaste?

Él abrió la boca, pero no respondió de inmediato. Sus labios se fruncieron en una línea tensa, y luego apartó la mirada.

—No es tan simple, [T/N].

Ella sintió el golpe directo al pecho.

—Supongo que no —murmuró, decepcionada.

El aire entre ellos se volvió denso.

—La guerra cambió muchas cosas —continuó él, con un tono que intentaba sonar racional, pero que ocultaba algo más profundo—. No podíamos permitirnos apegos.

[T/N] sintió un nudo en la garganta.

—Yo nunca quise que esto fuera un "apego" cualquiera.

Gaara la miró de nuevo, y por un segundo, creyó ver dolor en sus ojos. Pero entonces, como siempre, lo reprimió.

—Es mejor así.

Ese fue el golpe final.

[T/N] apretó los puños y sintió que los ojos le ardían. Claro. Por supuesto. Solo había sido ella. Solo ella seguía aferrándose a algo que ya no existía.

—Entiendo.

No, no entendía. Pero no tenía sentido seguir luchando contra un muro de arena.

—Debería irme. Tengo cosas que hacer antes de regresar a Konoha.

Se giró para marcharse, sintiendo que el alma se le desplomaba en el pecho.

Pero en el último segundo, cuando sus pasos la alejaban de él, la escuchó.

—No quiero volver a perderte.

Sus pies se detuvieron de golpe.

El silencio se extendió como un mar infinito.

Sintió sus manos temblar. Su corazón latía con fuerza, como si su cuerpo supiera algo que su mente aún no procesaba.

Y entonces, sintió su tacto. Los dedos de Gaara se cerraron en torno a su muñeca con un agarre firme, cálido y desesperado.

—Siempre te he amado, [T/N] —su voz se quebró con la emoción contenida—. Nunca dejé de hacerlo.

[T/N] sintió que el mundo giraba y se tambaleaba.

Se giró lentamente, con los ojos abiertos de par en par.

Gaara la miraba con el alma desnuda en su expresión, con la vulnerabilidad que siempre había temido mostrar.

—¿Por qué... por qué no lo dijiste antes?

Él exhaló lentamente, su agarre en su muñeca aflojándose apenas para deslizarse hasta entrelazar sus dedos con los de ella.—Porque tenía miedo. Miedo de que hubieras seguido adelante. De que para ti, yo solo fuera un recuerdo.

[T/N] sintió que la garganta se le cerraba.—Eres un idiota.

Gaara parpadeó, sorprendido.

—¿Qué?

—¡Eres un idiota, Gaara! —soltó, con la voz temblando—. ¿Cómo pudiste pensar que yo...?

Las palabras se quedaron atrapadas en su boca cuando Gaara la atrajo hacia él con un tirón suave pero decidido.

Y entonces, sus labios se encontraron. Fue un beso desesperado, contenido por años de silencios y dudas. Sus labios encajaron como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si hubieran sido hechos para encontrarse una y otra vez.

Gaara la rodeó con sus brazos, aferrándola contra él como si temiera que desapareciera en cualquier momento. [T/N] se hundió en el abrazo, en la calidez que tanto había extrañado, en la certeza de que finalmente estaban donde siempre habían querido estar.

Juntos.

El viento sopló a su alrededor, envolviéndolos en la arena dorada del desierto, pero ellos no sintieron más que el latido de sus corazones al unísono.

Esta vez, nada ni nadie podría separarlos.

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𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora