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El reflejo en el espejo devolvía la imagen de un hombre que apenas lograba reconocer. Kakashi Hatake, el legendario ninja de la copia, un enigma perpetuo en Konoha, aquel que había enfrentado innumerables batallas y superado adversidades extremas... se encontraba temblando.
Su cabello, habitualmente desordenado, lucía ligeramente más acomodado, aunque mantenía su inconfundible estilo despeinado. Vestía un traje formal de corte impecable, con detalles sobrios que resaltaban su porte. Sin embargo, lo que realmente lo diferenciaba en ese momento no era su atuendo, sino la intensidad de las emociones que lo embargaban desde el amanecer: una combinación abrumadora de ansiedad y euforia.
—Kakashi, ¿estás bien? —La voz enérgica de Maito Gai lo sacó de su ensimismamiento.
El ninja de la fuerza juvenil se encontraba en el umbral del baño, de brazos cruzados y con una sonrisa satisfecha. A su lado, Asuma Sarutobi lo observaba con una expresión entre divertida y comprensiva, sosteniendo un cigarro sin encender entre los dedos.
—Más que bien —respondió Kakashi, aunque su tono no logró convencer a ninguno de los dos.
Asuma arqueó una ceja y se apoyó en el marco de la puerta con aire relajado.
—No me engañas. Estás nervioso.
—¡Por supuesto que lo está! —exclamó Gai, dándole un efusivo golpe en el hombro—. ¡Hoy es el día más trascendental de su vida! ¡No se trata de una simple misión, sino de su boda!
Kakashi suspiró, llevándose una mano a la nuca.
—He estado al borde de la muerte más veces de las que puedo contar... pero esto... esto es diferente.
Asuma soltó una breve carcajada y se inclinó ligeramente hacia él.—¿Temes que ella no aparezca?
—No, no es eso. —Kakashi negó con la cabeza y volvió a mirar su reflejo en el espejo. Su ojo visible reflejaba el torbellino de pensamientos que lo atravesaban—. He soñado con este día durante años... pero sigue pareciendo irreal. Me cuesta creer que esto esté ocurriendo.
Gai sonrió con energía y le propinó otra palmada en la espalda, esta vez más moderada.
—¡Pues será mejor que lo creas, Kakashi! ¡Porque en este preciso instante, la mujer que amas se está preparando para convertirse en tu esposa! ¡El destino ha tejido este momento, y no hay marcha atrás!
Asuma esbozó una sonrisa serena y le palmeó el hombro.—No necesitas ser el ninja perfecto hoy. Solo necesitas ser tú mismo. Y eso es más que suficiente para ella.
Kakashi bajó la mirada hacia sus manos. Durante años, aquellas mismas manos habían empuñado kunais, ejecutado sellos y sostenido vidas en su último aliento. Pero ahora, su propósito era diferente. Esas manos no estaban hechas solo para la guerra, sino también para entrelazarse con las de la mujer que amaba, para sostenerla en cada paso y prometerle que nunca la dejaría sola.
Respiró hondo. A pesar de los nervios y la incertidumbre, una certeza se afianzaba en su mente: ella era su hogar. Su refugio verdadero. Y nada en el mundo lo haría perder la oportunidad de ser su esposo.
Se ajustó el traje y, por primera vez en la mañana, esbozó una sonrisa decidida.
—Está bien —dijo, girándose hacia sus amigos—. Estoy listo.
Gai levantó el puño en señal de victoria, mientras Asuma, con una expresión cómplice, asintió con la cabeza indicándole que era hora de partir. Kakashi exhaló profundamente antes de abandonar el baño, dejando atrás cualquier duda y caminando con paso firme hacia el altar, donde lo aguardaba el amor de su vida.
Naruto y Sasuke, situados en la entrada, lo observaron con expresiones contrastantes: Naruto con una sonrisa radiante y Sasuke con su habitual aire impasible, aunque sus ojos denotaban cierto respeto por el acontecimiento.
—Tú puedes, Kakashi-sensei —dijo Naruto, dándole una palmada en la espalda—. No dejes que los nervios te ganen ahora.
Kakashi asintió con una sonrisa oculta tras su máscara, y en ese instante, la música comenzó a sonar. Las puertas del templo se abrieron lentamente, y entonces la vio.
[T/N] avanzaba con gracia, envuelta en un vestido blanco que parecía hecho de luz. Sus ojos reflejaban la misma emoción que él sentía, y por un instante, todo el mundo se desvaneció. Solo estaban ellos dos, en un momento suspendido en el tiempo.
El legendario ninja de la copia, el hombre que había sobrevivido a incontables batallas, sintió su corazón rendirse ante la imagen de su futura esposa.
Y en ese momento, supo con absoluta certeza que, más allá de la guerra y la soledad, su verdadera batalla siempre había sido por alcanzar este instante de felicidad absoluta.
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Cortito lo sé. Pero es que recién retomando los libros luego de mis pequeñas auto-vacaciones asdsd prepárense con todos los libro porque habrá actualizaciones sin parar!