இ 128. Nara Shikaku.

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El sol de la mañana se filtraba perezosamente entre las hojas de los árboles centenarios del complejo Nara, dibujando patrones danzantes sobre el suelo de madera pulida

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El sol de la mañana se filtraba perezosamente entre las hojas de los árboles centenarios del complejo Nara, dibujando patrones danzantes sobre el suelo de madera pulida. En el engawa, Nara Shikaku—con sus veinticuatro años y una mente que ya era leyenda en Konoha—suspiraba, el humo de su cigarrillo elevándose en espirales perezosas hacia el cielo azul. No era un suspiro de cansancio, sino de una profunda, casi molesta, contemplación. A su lado, un tablero de shogi permanecía inmaculado, esperando la partida que, curiosamente, no esperaba contra ningún oponente habitual. Su mente, una fortaleza de lógica y previsión, se sentía extrañamente desordenada hoy.

—¿Perdido en tus pensamientos, Shikaku-kun? —Una voz cálida y melodiosa, como el tintineo de campanillas de viento, lo sacó de su letargo. [T/N] Sarutobi apareció en el umbral, su cabello azabache recogido en una elegante trenza que caía sobre su hombro. Sus ojos, profundos y expresivos, albergaban una chispa de inteligencia que rivalizaba con la suya, aunque de una manera diferente. Llevaba un kimono sencillo pero elegante, el emblema de su clan discretamente bordado en la espalda. En sus manos, sostenía una tetera humeante y dos tazas de té.

Shikaku la observó, sus ojos oscuros deslizándose por el suave contorno de su rostro, la delicadeza de sus manos al depositar las tazas. Una leve sonrisa, apenas perceptible, curvó sus labios. —Como siempre, [T/N]-chan. Pero hoy, mis pensamientos son... más complicados de lo usual.

Ella se sentó frente a él, cruzando las piernas con gracia. El aroma a jazmín del té llenó el aire, mezclándose con el sutil aroma a tabaco. —Complicados, ¿eh? Eso es inusual en ti. Normalmente, tu mente es un laberinto de planes perfectamente trazados.

—Precisamente por eso. —Él tomó un sorbo de té, el calor reconfortándolo. —Hay ciertas variables que simplemente no puedo... predecir.

[T/N] arqueó una ceja, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. —Eso suena a un desafío para el gran Nara Shikaku. ¿Qué variable incontrolable te tiene tan perplejo?

La mirada de Shikaku se detuvo en ella, y por un momento, la calculada indiferencia que siempre lo caracterizaba se desvaneció. Un atisbo de algo más—algo vulnerable y sorprendentemente tierno—brilló en sus ojos. Él desvió la mirada hacia el jardín, donde las nubes flotaban despreocupadamente. —Digamos que... la vida amorosa de cierto estratega.

[T/N] se rió suavemente, un sonido que le provocó a Shikaku una extraña sensación de calidez en el pecho. —Ah, ya veo. ¿Y quién es la desafortunada, o afortunada, persona que ha logrado desestabilizar tu mente tan brillante?

El silencio se estiró entre ellos, lleno de una tensión tácita que era casi palpable. Shikaku tomó otra calada de su cigarrillo, el humo denso formando una pantalla momentánea entre ellos. Su mente, que podía desentrañar los planes más complejos de batalla, se sentía ahora como un nudo inextricable. La respuesta a la pregunta de [T/N] era tan obvia para él, pero decirlo en voz alta... eso era lo que lo tenía atrapado. Su orgullo, su naturaleza perezosa, y el temor a la complicación.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora