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இ 1o5. Uchiha Itachi.

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Era una mañana tranquila en la aldea de la Hoja

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Era una mañana tranquila en la aldea de la Hoja. [T/N] caminaba hacia la torre Hokage, con su capa ondeando al compás del viento. Como siempre, un grupo de cuervos la seguía, revoloteando a su alrededor en una danza casi hipnótica. Era algo que había comenzado a notar desde hacía algunos meses, pero lo había atribuido a una coincidencia extraña. Sin embargo, las miradas curiosas de los aldeanos y los comentarios al pasar comenzaban a inquietarla.

—¿Siempre te siguen esos cuervos?— preguntó Kakashi cuando se cruzó con ella en el camino.

—Parece que sí... No sé por qué lo hacen. Es raro, ¿no?— respondió [T/N], intentando restarle importancia.

Kakashi se detuvo y la observó con detenimiento.

—No es normal. Los animales no suelen actuar así sin una razón. Tal vez estén tratando de protegerte o... ¿podría ser que alguien los esté controlando?

[T/N] frunció el ceño. La idea de que alguien estuviera detras de aquello era inquietante. Antes de que pudiera responder, uno de los cuervos graznó fuerte y se lanzó hacia Kakashi, seguido por otros tres. El ninja tuvo que retroceder rápidamente, cubriéndose el rostro con un kunai.

—¡Qué están haciendo!— exclamó [T/N], alarmada.

Sorprendentemente, a su voz, los cuervos se detuvieron en seco y regresaron a su posición habitual, rodeándola como si nada hubiera ocurrido. Kakashi bajó su arma y la miró con suspicacia.

—Definitivamente esto no es algo común. Deberías investigar qué está ocurriendo.

[T/N] asintió, aunque por dentro sentía una mezcla de confusión y temor. Decidió que lo mejor sería concentrarse en sus misiones y, si los cuervos seguían comportándose de forma extraña, buscaría respuestas más adelante.

Días después, mientras regresaba de una patrulla, los cuervos comenzaron a comportarse de manera inusual. Graznaban con insistencia, volaban en círculos sobre su cabeza y luego avanzaban unos metros para volver hacia ella. [T/N] entendió que querían que los siguiera.

—¿Qué es lo que quieren mostrarme?— murmuró, acelerando el paso.

Los siguió a través del bosque, pasando entre altos árboles y claros iluminados por la luz del sol. Finalmente, llegó a un espacio despejado donde los cuervos se posaron en las ramas circundantes, como si custodiaran algo importante. En el centro del claro, rodeado de plumas negras que flotaban en el aire, estaba él: Itachi Uchiha.

[T/N] sintió que el corazón se le detenía. Su mente se llenó de recuerdos: sus risas compartidas, los entrenamientos juntos, las miradas furtivas que siempre habían dicho más de lo que sus labios se atrevieron a pronunciar. ¿Cómo era posible que estuviera allí, después de tantos años?

—Itachi... ¿eres tú?— su voz tembló mientras daba un paso hacia él.

Itachi levantó la mirada, sus ojos negros brillaban con una mezcla de melancolía y cariño.

—Siempre has sido perceptiva, [T/N]. No podía mantenerme lejos de ti.

Ella se detuvo a pocos pasos de él, con la respiración entrecortada. Los cuervos seguían observándolos en silencio, como si fueran los únicos testigos permitidos de ese momento.

—Todo este tiempo... ¿has sido tú? ¿Eras tú quien enviaba a los cuervos para seguirme?

Itachi asintió lentamente.

—Ellos son una extensión de mí. A través de ellos, siempre he estado a tu lado, cuidándote desde las sombras.

Las palabras de Itachi eran como un golpe al corazón. [T/N] apretó los puños mientras los recuerdos la inundaban: los días felices antes de que él abandonara la aldea, la devastación que sintió cuando se fue, y la soledad que había intentado llenar sin éxito.

—¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Por qué desapareciste de esa forma!— sus palabras estaban cargadas de emoción, su voz quebrándose al final.

Itachi se acercó un paso, su expresión permanecía serena, pero sus ojos reflejaban un dolor profundo.

—Lo hice para protegerte. Para proteger a todos. Pero nunca dejé de pensar en ti, nunca dejé de amarte. Mi amor por ti ha sido una de las pocas cosas que me ha mantenido vivo en este camino.

[T/N] sintió que las lágrimas amenazaban con brotar. Se cruzaron las miradas, y por un momento todo el dolor y la distancia desaparecieron. Solo quedaban ellos dos, dos almas que habían esperado demasiado tiempo para volver a encontrarse.

—Itachi... yo también nunca dejé de amarte. Pero el saber que estabas ahí y no podía alcanzarte... era insoportable.

Itachi extendió una mano hacia ella, y [T/N] no dudó en tomarla. Su toque era cálido, real, como si quisiera grabar ese momento en su memoria.

—Lo siento por todo el dolor que te causé. Pero ahora estoy aquí. Aunque sea solo por un instante, quiero estar contigo.

Los cuervos graznaron suavemente, como si compartieran la emoción de ambos. [T/N] dio un paso más y envolvió a Itachi en un abrazo. Podía sentir su corazón latiendo rápidamente contra su pecho, y supo que esas palabras eran sinceras.

Itachi la separó suavemente, mirándola con una intensidad que hizo que su corazón latiera aún más rápido.

—[T/N], tú has sido mi luz en la oscuridad. Cuando elegí este camino, lo hice sabiendo que jamás podría volver a estar contigo, pero nunca dejé de soñarlo. Tus recuerdos han sido mi refugio, y tu amor, mi mayor fuerza. Cada vez que las sombras me rodeaban, pensaba en ti, en tu sonrisa, en tu risa, y eso me mantenía en pie. No importa cuánto haya sufrido, mi amor por ti nunca ha cambiado, nunca ha disminuido.

[T/N] sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas, incapaz de contener la oleada de emociones que las palabras de Itachi despertaban en ella.

—Itachi... yo también he vivido con tu ausencia. Siempre te busqué en las sombras, esperando encontrar alguna señal de que seguías ahí, de que no me habías olvidado. Pero ahora sé que nunca te fuiste realmente. Siempre estuviste conmigo.

—Siempre estaré contigo— respondió Itachi, inclinándose hacia ella.

Por un momento que pareció eterno, sus labios se encontraron en un beso suave pero lleno de pasión contenida, un beso que hablaba de los años perdidos y del amor que había sobrevivido a todo. Los cuervos revolotearon alrededor de ellos, como si celebraran la unión de dos almas destinadas a encontrarse.

Cuando finalmente se separaron, Itachi la miró con ternura, sus dedos acariciando suavemente su mejilla.

—No sé cuánto tiempo me quede, [T/N]. Pero quiero que sepas que, mientras mi corazón lata, siempre será tuyo.

[T/N] asintió, su resolución clara en sus ojos.

—Entonces no desperdiciemos ni un segundo. Ahora que te he encontrado, no te dejaré ir de nuevo.

Bajo el cielo despejado y rodeados de cuervos, los dos se abrazaron nuevamente, conscientes de que su amor había vencido incluso a las más oscuras adversidades. A pesar de todo, el destino los había reunido, y en ese momento, nada más importaba.

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𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora