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இ 118. Uchiha Madara.

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El aire fresco de la noche recorría las calles silenciosas

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El aire fresco de la noche recorría las calles silenciosas. El cielo estaba despejado, y la luna llena bañaba los tejados y callejones con un brillo plateado. La aldea parecía en calma, pero dentro de la mente de Madara, la tormenta de una decisión lo atormentaba. Su mirada permanecía fija en el camino frente a él mientras sus pasos resonaban en la soledad. No estaba huyendo, pero tampoco avanzaba con convicción. Estaba atrapado entre su deber como líder del clan Uchiha y su deseo más profundo de abandonar todo por la mujer que lo seguía de cerca.

—¡Madara, detente! —la voz de [T/N] quebró la quietud de la noche.

El azabache se detuvo,  con sus hombros tensándose de inmediato al escucharla. Apretó los dientes antes de girarse lentamente, encontrándose con los ojos llenos de lágrimas de [T/N]. Ella llevaba un simple yukata azul, pero para él, siempre había sido la imagen misma de la paz que tanto anhelaba.

—[T/N], vuelve a casa. No tiene sentido discutir esto otra vez —dijo, intentando sonar frío, pero su voz delató un matiz de cansancio y dolor.

Ella negó con la cabeza, acercándose con pasos decididos. Su mirada estaba llena de angustia, pero también de una determinación que Madara conocía bien. Era la misma mirada que lo había cautivado desde el principio, aquella que no se rendía incluso ante las sombras más oscuras.

—¿Cómo puedes pedirme que me quede tranquila cuando sé que vas a marcharte a la guerra? —exclamó ella, su voz quebrándose. Sus manos se aferraron al yukata de Madara, tirando de él con desesperación—. ¡Esta pelea no traerá nada bueno! Solo más muerte, más odio. Madara, ¿cuánto más tienes que sacrificar? ¡Ya has perdido tanto!

Madara apartó la mirada. Las palabras de [T/N] eran como kunais perforando las defensas que había construido en su corazón. Su mente se llenó de imágenes de su hermano, Izuna, cayendo bajo la espada de un Senju, y su propio grito de dolor resonando en su memoria. Había jurado proteger a su clan, pero ahora se encontraba debatiéndose entre ese juramento y el amor que sentía por la mujer frente a él.

—Tú no lo entiendes, [T/N]. Esto no es solo una pelea. Es el futuro de los Uchiha. Si no lucho, nuestro clan será borrado de la historia. ¡No puedo permitir eso! —su voz se elevó, pero su tono estaba teñido de frustración, no de ira.

Ella lo miró, su rostro reflejando una mezcla de dolor y amor infinito. Sus manos, temblorosas, subieron hasta el rostro de Madara, obligándolo a mirarla a los ojos.

—¿Y qué hay de mí, Madara? ¿Qué hay de nosotros? —susurró, sus dedos acariciando suavemente su mejilla—. ¿Te has detenido a pensar en lo que pasará si no regresas?

Él cerró los ojos, intentando bloquear el torrente de emociones que amenazaban con abrumarlo. Había pasado noches enteras imaginando una vida junto a ella, lejos de la guerra y el odio. Una casa tranquila, risas compartidas, hijos que no tendrían que cargar con el peso de los clanes. Pero todo eso parecía un sueño imposible en el mundo en el que vivían.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora