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Corrías lo más rápido que tus piernas podían en aquel momento. Con una fuerte hemorragia en tu estómago no estimabas que llegaras demasiado lejos. Cerraste los ojos un momento dándote fuerzas para poder seguir.
Un poco más. Sólo un poco más.
Sentías el chakra de aquellos ninjas que estuvieron siguiéndote y eran los causantes de tu fuerte herida. Al ir perdiendo fuerzas poco a poco el tramo adelantado que llevabas se iba acortando. Sin duda tenían la orden de aniquilarte cueste lo que cueste.
Con los últimos esfuerzos, diste un gran salto para aumentar aquella distancia, logrando separarte por lo menos 30 metros de ellos. A lo lejos entre todas las hojas de aquellos altos árboles, viste la entrada a la aldea. Tus ojos se iluminaron con esperanza esperando lograr tu objetivo. Una vez que los guardias te vieran te socorrerían en el instante y acabarían con aquellos ninjas que llevaban siguiéndote.
Estabas tan cerca, ya podías sentir la suavidad de la cama del hospital. Diste un último salto de fe hacia la salida del bosque. En la entrada pudiste ver a los guardias, sonreíste triunfante, lo habías conseguido.
—¡Señora Senju-sama!—Gritaron ambos al verme tratando de llegar a la entrada. Se pusieron alerta al verte escapando de alguien y sobretodo, tu gran herida.—¡Rápido, avisa al hokage!—Dijo uno de ellos mandando inmediatamente a su compañero, quien no dudó un seguro en correr hacia el interior de la aldea—.
De pronto, entre la maleza, salió un shuriken directo hacia tu espalda, que impactó de lleno en esta y generó que cayeras estrepitosamente al suelo.
—¡Señora Senju-sama!—Volvió a gritar aquel ninja al verte caer. Corrió rápidamente hacia ti para evitar tu caída, con cuidado sacó el arma de tu espalda y ejerció presión en la herida—. No se preocupe mi señora, el Hokage ya viene para acá.—Te dejó delicadamente en el suelo y utilizó su habilidad para llamar a refuerzos. Al cabo de unos segundos aparecieron dos ANBU de la aldea de la hoja, quienes al verte se alarmaron.— Dos ninjas venían siguiéndola, está demasiado herida. Elimínenlos.
Ambos asintieron para desaparecer hacia el bosque y terminar con aquellos intrusos qué habían osado atacar a la esposa de su Hokage.
Corrían tiempos difíciles y no habían muchos ninjas totalmente capacitados para realizar misiones complicadas. Perdieron a muchos debido a las guerras.
A pesar de que Hashirama te había casi rogado de que no aceptaras la misión, insististe de que podías lograr el objetivo con éxito. Suspiraste al saber que se venía un regaño de su parte bastante extenso cuando estuvieras recuperada.
El pelinegro apareció a tu lado unos minutos después, apartando con una seria mirada al guardia, quien se apartó velozmente de ti luego de saludarlo formalmente y volviendo a su posición. El Hokage se arrodilló a tu lado y te observó con soslayo.—Creo que esta será la última vez que te dejare asistir a una misión. Estás perdiendo tus reflejos.
Chasqueaste la lengua molesta.—Estoy a punto de morirme pero prefieres regañarme y destacarme que tú tenías razón. Que buen esposo eres.
El hombre negó varias veces con la cabeza a la vez que te levantaba entre sus brazos delicadamente. Tenía tanta fuerza que no tuvo que hacer ningún esfuerzo. Con rudeza, te apretó contra su cuerpo y comenzó a caminar despacio hacia el hospital.—Querida mía, si estuvieras realmente a punto de morir ni siquiera tendrías fuerzas para seguirme la pelea. Tienes una herida en tu abdomen, pero hasta yo sé que no es tan mortal como para que tu vida penda de un hilo.
—Quizás puede ser que esté exagerando un poco.—Contestaste sonrojada; él realmente te conocía muy bien.—Bueno, ahora que estoy herida... necesitaré que alguien me cuide.
Pensativo te observó con una ceja arqueada.—En el hospital te cuidarán como tú te mereces. Tendrás a los mejores médicos de la aldea atendiéndote, a la esposa del primer Hokage.
—Pero...—Refunfuñaste.—Yo quiero a mi doctor personal.
—¿Ah...?—Dijo confundido. Tardó unos segundos antes de sonreír coquetamente.—Quizás... pueda seguir con mis tareas de Hokage en casa, cuidando a mi paciente personal.
Sonreíste feliz de que aceptara tu proposición. Y cómo no iba a hacerlo si te adoraba tanto que haría cualquier cosa por ti sin importar que el fuera la figura más respetada de la aldea.
Si tú le pedías algo, por muy vergonzoso que fuese, Hashirama lo hacía.