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இ 15o. Uchiha Sasuke.

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El viento matutino de Konoha se filtraba por las rendijas de la ventana, arrastrando consigo el aroma a tierra húmeda y a hojas de pino

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El viento matutino de Konoha se filtraba por las rendijas de la ventana, arrastrando consigo el aroma a tierra húmeda y a hojas de pino. La aldea aún despertaba bajo un manto de bruma delgada, pero en el pasillo del segundo piso del complejo residencial, la tensión ya cortaba el aire como el filo de un kunai recién afilado.

Sasuke Uchiha estaba apoyado contra el marco de su propia puerta. Su postura era la imagen misma de la indiferencia calculada: los brazos cruzados sobre el pecho, un pie apoyado en la pared detrás de él y la mirada fija en la puerta de madera que tenía exactamente enfrente. La puerta de [T/N]. Su respiración era pausada, inaudible, pero sus ojos oscuros, dos pozos de ónix insondable, delataban una atención depredadora.

Cuando la cerradura hizo clic, el cuerpo de Sasuke se tensó imperceptiblemente. La puerta se abrió, revelando a [T/N]. Ella llevaba su equipo ninja ajustado, el cabello ligeramente alborotado por la prisa y una tostada a medio morder en la mano.

—Llegas tarde. —La voz de Sasuke resonó en el pasillo estrecho. Fue un sonido grave, carente de cualquier inflexión emocional, pero que reverberó contra las paredes.

[T/N] dio un respingo, casi dejando caer su desayuno, y lo miró con los ojos muy abiertos.

—¡Por los dioses, Sasuke! —exclamó ella, llevándose una mano al pecho para calmar los latidos desbocados de su corazón—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí parado en la oscuridad? Pareces un fantasma.

Él no sonrió. Ni siquiera parpadeó. Su mirada descendió lentamente desde los ojos de ella, recorriendo el cuello de su chaqueta, deteniéndose un microsegundo en la cremallera que no estaba subida hasta el tope, para luego volver a su rostro. La mandíbula del Uchiha se endureció sutilmente.

—El tiempo suficiente para notar que tu disciplina matutina es deficiente —respondió él, despegándose de la pared con un movimiento fluido y felino—. Un shinobi debe estar alerta en todo momento. Si yo hubiera sido un enemigo, habrías muerto antes de tragar ese trozo de pan.

—Pero no eres un enemigo —replicó ella, rodando los ojos con una mezcla de exasperación y costumbre—. Y estamos en medio de la aldea. La guerra terminó, por si no te has enterado.

Sasuke acortó la distancia entre ellos con dos zancadas largas y silenciosas. Se detuvo mucho más cerca de lo que las normas sociales dictaban como apropiado. [T/N] tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de él, el olor a bosque, acero y algo inherentemente eléctrico que siempre acompañaba su chakra.

—La complacencia es la muerte de los débiles —murmuró él, bajando el tono de voz hasta convertirlo en una vibración ronca—. Tu cremallera está mal ajustada. En un combate cuerpo a cuerpo, es un punto de agarre perfecto para que te rompan el cuello.

Antes de que ella pudiera reaccionar, los dedos largos y pálidos de Sasuke se acercaron a su garganta. [T/N] contuvo el aliento. Sus nudillos rozaron levemente la piel cálida de su clavícula, un contacto tan efímero que quemó, y de un tirón seco y preciso, subió la cremallera de su chaqueta hasta la barbilla.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora