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La misión había terminado, pero las emociones estaban lejos de calmarse. Kakashi y [T/N] caminaban en silencio hacia la posada donde pasarían la noche. La lluvia caía con fuerza, empapándolos, pero ninguno parecía notarlo. Detrás de ellos, Naruto, Sakura y Sasuke seguían de cerca, intercambiando miradas incómodas. Habían sido testigos de la discusión que estalló entre los dos líderes durante la misión, y aunque los tres admiraban profundamente a su sensei, no podían ignorar el daño que había causado con sus palabras.
Al llegar a la posada, Kakashi asignó las habitaciones sin levantar la mirada. —Naruto, Sasuke, Sakura, descansen. Partiremos temprano.
Sin esperar una respuesta, se dirigió a la habitación que compartiría con [T/N]. Sin embargo, apenas cerró la puerta, ella habló.
—¿Es que no tienes nada más que decir? —[T/N] lo enfrentó, su voz contenía una mezcla de enojo y decepción.
Kakashi dejó escapar un suspiro, quitándose la máscara y la banda de su frente. Sus ojos reflejaban cansancio, pero también una frialdad calculada que [T/N] conocía demasiado bien. —No sé qué esperas que diga. Hicieron lo que tenían que hacer. Sobrevivieron. Eso es lo que importa.
Ella frunció el ceño, cruzando los brazos. —¿Eso es todo lo que importa para ti? ¿Sobrevivir? ¿Incluso si los dejas emocionalmente destrozados? Naruto casi pierde la confianza en sí mismo hoy. Sakura estaba aterrada, y Sasuke... —hizo una pausa, conteniendo las lágrimas—. Él no va a admitirlo, pero incluso él estaba al borde de su límite. Tú solo miraste.
—Ellos necesitan aprender, [T/N]. —La voz de Kakashi era firme, pero su tono cortante—. Si intervengo cada vez que están en peligro, nunca serán lo suficientemente fuertes para enfrentar lo que viene. Tú sabes cómo es este mundo. No hay lugar para la debilidad.
—¿Debilidad? —La palabra la golpeó como un latigazo. Dio un paso hacia él, sus ojos brillando con indignación—. ¿Crees que preocuparse por las personas es ser débil? ¿Eso piensas de mí?
Kakashi se quedó en silencio por un momento, su mirada fija en el suelo. Cuando finalmente habló, lo hizo con un tono que dejó helada a [T/N]. —A veces, sí. Eres demasiado emocional. Eso podría ponernos a todos en peligro algún día.
El silencio que siguió fue ensordecedor. [T/N] retrocedió, como si las palabras de Kakashi la hubieran golpeado físicamente. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero las contuvo. No quería darle la satisfacción de verla llorar.
—Entendido, Hatake. —Su voz era baja, pero cada palabra cargaba un filo peligroso—. Tal vez debería aprender a ser como tú: distante, frío, incapaz de conectar con nadie. Debe ser fácil vivir sin preocuparte por nada.
Kakashi levantó la vista, sus ojos reflejando una mezcla de culpa y enojo. —[T/N], no es lo que quise decir...
—No importa. —Lo interrumpió, dándole la espalda. Su voz temblaba ligeramente—. Tú ya lo dijiste todo.
Sin decir más, salió de la habitación, dejando a Kakashi solo.
En la sala común, Naruto, Sakura y Sasuke estaban sentados, sus rostros serios. Cuando [T/N] pasó junto a ellos, Naruto intentó decir algo, pero ella lo detuvo con un gesto.
—Estoy bien. Sólo necesito un poco de aire.
Cuando la puerta principal se cerró tras ella, los tres alumnos se miraron entre sí antes de levantarse y dirigirse a la habitación de Kakashi. Naruto fue el primero en entrar, sin molestarse en tocar.
—¡Sensei! —gritó, sus brazos cruzados—. ¿Qué rayos le dijiste a [T/N]-chan?
Kakashi estaba sentado en el borde de la cama, con el rostro entre las manos. Miró a sus alumnos, pero no dijo nada.
—Fue horrible lo que hiciste. —La voz de Sakura era firme, casi enojada—. [T/N]-san se preocupa por nosotros. Siempre está ahí para protegernos. Y tú... tú solo la heriste.
Sasuke, que normalmente se mantenía al margen, dio un paso adelante. —Eres el líder del equipo. Pero a veces, ella actúa más como nuestro sensei que tú. Deberías aprender algo de ella.
Kakashi cerró los ojos, dejando escapar un largo suspiro. Las palabras de sus alumnos lo golpearon más fuerte de lo que esperaba. Sabía que tenían razón. Había sido cruel, injusto. Pero admitirlo en voz alta... eso era lo difícil.
—Lo estropeé todo, ¿verdad? —murmuró, más para sí mismo que para ellos.
Naruto asintió, sin vacilar. —Sí, lo hiciste. Pero aún puedes arreglarlo, sensei. Ella te ama. Y nosotros también confiamos en ti. Pero no puedes seguir así.
Esas palabras lo sacudieron. Miró a sus alumnos, y por primera vez en años, dejó que la vulnerabilidad apareciera en su rostro.
—Gracias, chicos. —Su voz era suave, casi un susurro—. Haré lo correcto.
Kakashi encontró a [T/N] sentada en un banco en el pequeño jardín detrás de la posada. La lluvia había cesado, y las estrellas brillaban tímidamente entre las nubes. Ella estaba abrazándose a sí misma, mirando al cielo con los ojos hinchados.
—[T/N]. —Su voz rompió el silencio.
Ella no se giró, pero él vio cómo su postura se tensaba. —¿Qué quieres, Kakashi?
Él se acercó lentamente, deteniéndose a un par de pasos de ella. —Quiero disculparme.
[T/N] dejó escapar una risa amarga. —¿Disculparte? Tú no te disculpas, Kakashi. Siempre crees que tienes la razón.
—No esta vez. —Se arrodilló frente a ella, tomando sus manos entre las suyas. Su mirada era intensa, llena de arrepentimiento—. Me equivoqué. Te lastimé, y no hay excusa para eso. Dijiste que debería aprender algo de ti, y tienes razón. Tú tienes la fuerza que a mí me falta: la fuerza de preocuparte, de amar, incluso cuando es difícil. Y por eso... por eso te amo más de lo que puedo poner en palabras.
Los ojos de [T/N] se llenaron de lágrimas nuevamente, pero esta vez no las contuvo. —Eres un idiota, Kakashi. Pero... también te amo.
Él sonrió detrás de la máscara, antes de bajarla lentamente. Se inclinó hacia ella, rozando sus labios con los de ella en un beso que fue suave al principio, pero pronto se volvió más profundo, lleno de todas las emociones que ninguno de los dos había podido expresar antes.
Cuando se separaron, Kakashi apoyó su frente contra la de ella. —No prometo ser perfecto, pero sí prometo intentar ser mejor. Por ti. Por nosotros.
[T/N] asintió, dejando que una pequeña sonrisa cruzara su rostro. —Eso es todo lo que necesito.
Y así, bajo el cielo despejado, los dos encontraron nuevamente su equilibrio, reafirmando el amor que los había unido durante años.