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இ 146. Nara Shikamaru.

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Llevaba diecisiete años con el peso de la comparación sobre sus hombros

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Llevaba diecisiete años con el peso de la comparación sobre sus hombros. Diecisiete años en los que su nombre, [T/N] Haruno, sonaba siempre a un eco, a una sombra. Y esa sombra, densa y omnipresente, era la de su hermana mayor, Sakura. Desde que eran niñas, la gente la miraba con una mezcla de lástima y desconcierto. «—Pero si tú no tienes el pelo rosa...» «—¿Y dónde está el cabello de tu madre? Se supone que son gemelas...» «—¿No eres tan fuerte como Sakura, verdad?» Era el estribillo de su existencia.

A diferencia de su hermana, [T/N] no tenía el cabello rosa de su madre. El suyo era un tono castaño claro, una réplica exacta del cabello de su padre, un hombre que prefería pasar inadvertido y que se rehusaba a opinar sobre la belleza de sus hijas. No tenía los ojos grandes y verdes de Sakura, sino unos más pequeños y de color avellana, un tono que se diluía en la palidez de su rostro. Era alta y delgada, pero no con la musculatura definida que su hermana había desarrollado en el entrenamiento. Sus manos eran finas, sus movimientos más fluidos que fuertes. En la academia, mientras Sakura sobresalía con su control de chakra y sus habilidades médicas, [T/N] se destacaba en el sigilo y las ilusiones, un arte ninja que la mantenía en la periferia de la atención.

La vida de [T/N] era un constante "pero no es Sakura". En el barrio, en la academia, incluso en su propia casa. Mebuki, su madre, solía decir: «—Sakura ha sido un regalo de la vida. Tú, [T/N], fuiste una hermosa sorpresa.» La frase, aunque bien intencionada, resonaba en su cabeza como una disculpa por su existencia.

Sin embargo, había una persona en Konoha que parecía verla, y no a la sombra que la opacaba. Se trataba de Shikamaru Nara. Desde pequeños, él había sido un observador silencioso. No era una persona de muchas palabras, pero cuando las usaba, eran como un movimiento de ajedrez, precisas y cargadas de significado.

Cuando [T/N] tenía doce años, y acababa de reprobar su examen de genin por segunda vez, se sentó en el parque, con las rodillas contra el pecho, y las lágrimas rodando por sus mejillas. Estaba a punto de renunciar. Fue entonces cuando Shikamaru se acercó, arrastrando los pies, y se sentó a su lado en el banco de madera.

—Vaya fastidio. Las nubes se ven mucho más aburridas desde abajo —dijo, sin mirarla directamente, pero su voz era un bálsamo.

—No sé qué es más aburrido, si la vida o yo —respondió [T/N], con la voz quebrada.

—Las nubes no se mueven rápido. Pero si te quedas quieto, se alejan de ti. Tienes que moverte con ellas —Shikamaru dibujó un círculo en el polvo con su dedo—. Si sigues aquí, no las alcanzarás.

[T/N] levantó la cabeza y lo miró. La expresión de su rostro era seria.

—¿Te refieres a mi examen?

—Un buen estratega aprende del fracaso. Te has caído, así que ahora ya sabes dónde están los obstáculos. Y los obstáculos son el camino, si lo piensas bien.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora