No suelo hacer esto, pero para que disfruten x3000 la experiencia de este OS, les recomiendo escuchar en bucle Skyfall de Adele. Me dicen en los comentarios cómo se sintió :p y si les gustó obvio asdads.
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El sol de la tarde se filtraba entre las hojas de los árboles, proyectando motas de luz dorada sobre el camino de tierra. [T/N] caminaba con el corazón desbocado, un remolino de emociones que se agitaban en su interior. No podía borrar la sonrisa de su rostro mientras recordaba el suave toque de la mano de Minato sobre la suya, la calidez que se expandía por su brazo y subía hasta su pecho, instalándose en el punto exacto donde latía su alma.
Aquella mañana, él la había detenido en la calle principal de Konoha, justo a la salida de la tienda de dango. Sus ojos azules, tan profundos como el cielo sin nubes, la habían mirado con una ternura que había hecho temblar sus rodillas.
—[T/N] —había dicho, con esa voz suave y melódica que tenía el poder de calmar sus miedos más profundos. Sus labios se habían curvado en una sonrisa nerviosa, algo raro en él, el genio sereno de la aldea—. Me preguntaba... si podrías encontrarte conmigo esta noche. En el claro del bosque, cerca del río. Sé que no es la costumbre, pero me gustaría hablar contigo a solas.
El aliento de [T/N] se había atorado en su garganta. Él nunca la había invitado a solas a un lugar así. Sus encuentros siempre habían sido en las concurridas calles de Konoha, en las misiones o en los campos de entrenamiento. El corazón le había dado un vuelco de emoción. Era lo que había estado esperando. La confirmación de que sus sentimientos no eran un delirio, de que la chispa que sentía entre ellos era real. Su mente ya estaba construyendo futuros improbables: un paseo bajo la luna, una confesión, quizás el suave roce de sus labios. La simple idea la hacía sentir mareada.
—Claro, Minato. Estaré allí —había respondido, intentando que su voz no delatara la euforia que la consumía. Él le había sonreído, y esa sonrisa había sido la única luz que [T/N] había necesitado para el resto del día.
Ahora, mientras avanzaba por el sendero, cada paso la acercaba más a esa promesa. Se detuvo un momento, llevándose una mano al pecho. El sello en su vientre, la razón por la que muchos la miraban con recelo y miedo, parecía arder bajo su piel. Sentía la energía del zorro de las nueve colas, Kurama, inquieto en su interior, pero por alguna razón, hoy su furia se sentía más intensa. Normalmente, podía calmar al bijuu con un simple pensamiento, un susurro mental que apaciguaba la bestia, pero en este instante, era como si el kyubi estuviera intentando advertirle de un peligro inminente, un presagio sombrío que ignoraba con la obstinación del enamoramiento.
Decidió ignorarlo. El amor que sentía por Minato era una coraza impenetrable contra cualquier oscuridad. Él era su luz. La única persona que la había mirado más allá del monstruo que llevaba dentro, que había visto en ella a la mujer que era, la shinobi que se esforzaba por ser mejor cada día.