இ 131. Shiranui Genma.

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El sol de la tarde se colaba por los biombos de bambú del pequeño apartamento que compartían, pintando el suelo de madera con rayas doradas

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El sol de la tarde se colaba por los biombos de bambú del pequeño apartamento que compartían, pintando el suelo de madera con rayas doradas. El aroma a menta, siempre presente cuando él estaba cerca, se mezclaba con el sutil dulzor de la fruta fresca. [T/N], con veintipocos años y una energía inagotable, estaba de pie junto a la ventana, observando el bullicio de Konoha. De pronto, unos brazos fuertes la rodearon por la cintura, y una barbilla se apoyó en su hombro.

—¿Soñando despierta, mi sol? —la voz de Genma, profunda y con un rastro de sueño, resonó en su oído. El senbon, su marca personal, no estaba entre sus labios, señal de que acababa de despertar de una siesta reparadora.

[T/N] se apoyó en él, sintiendo la firmeza de su cuerpo, la familiar calidez que siempre la hacía sentir segura. Sus manos se posaron sobre los antebrazos de su pareja, sintiendo la tensión relajada de sus músculos. Era su hombre, su ancla, su todo.

—Solo observaba la aldea. Y pensando en lo afortunada que soy —respondió [T/N], sonriendo.

Genma se rió suavemente, un sonido grave y tranquilizador. La apretó un poco más. —Yo soy el afortunado, corazón. Tenerte a mi lado... es el mejor final para cualquier misión. Y el mejor inicio para cualquier tarde.

La conversación fluyó, sin prisas, llena de la comodidad que solo los años de convivencia y amor podían forjar. A veces, [T/N] se giraba ligeramente para mirarlo, observando la línea fuerte de su mandíbula, sus ojos oscuros, la forma en que el cabello caía liso sobre su frente. Había una calma en él, una fuerza silenciosa que la atraía como un imán.

Él era su Genma, el hombre que la entendía sin palabras y la protegía con cada fibra de su ser.

Un par de semanas después, se encontraban en una misión de reconocimiento de rutina, explorando una serie de cavernas profundas y desconocidas en las afueras de la Tierra del Fuego. La entrada era estrecha y el interior, un laberinto de túneles oscuros y húmedos. La única luz venía de sus linternas de chakra y de la esporádica bioluminiscencia de hongos extraños.

Mientras avanzaban, el sendero se volvió precario. Un paso en falso, y una roca suelta provocó un derrumbe parcial detrás de ellos, bloqueando el camino por el que habían entrado. El ruido ensordecedor reverberó en la oscuridad, y una nube de polvo y pequeños escombros los envolvió.

[T/N] sintió un escalofrío. La oscuridad, el encierro... era una sensación inquietante. De pronto, una mano fuerte y familiar se extendió en la oscuridad, encontrando la suya y entrelazando sus dedos con una firmeza tranquilizadora.

—Tranquila, mi sol —la voz de Genma era un murmullo bajo, casi inaudible sobre el ruido, pero resonó en su pecho como una vibración. En la penumbra, sus ojos oscuros buscaron los de ella, transmitiendo una calma que disipó su creciente ansiedad.

Él la guio a través del polvo, sus pasos seguros y firmes. No había duda en su movimiento. La detuvo justo antes de un profundo abismo que se abría repentinamente en el suelo de la caverna. Genma activó su chakra, iluminando el abismo con un brillo verde que reveló una caída aparentemente interminable.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Donde viven las historias. Descúbrelo ahora