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Era una tarde tranquila en los alrededores de Konoha. Los rayos del sol atravesaban las ramas de los árboles, iluminando el río Naka con destellos dorados. Tobirama Senju, con apenas diez años, se encontraba sentado en una roca junto al agua, lanzando pequeñas piedras planas que rebotaban en la superficie antes de hundirse. Su expresión era seria, como siempre, mientras sus pensamientos se perdían en el murmullo del río.
—Siempre tan concentrado, ¿verdad, Tobirama? —dijo una voz suave detrás de él.
Sin siquiera girarse, Tobirama supo quién era. [T/N] Hyūga, con su mirada perlada y serena, llevaba un pequeño cesto lleno de flores recién recogidas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó él, intentando sonar indiferente mientras lanzaba otra piedra.
—Vine a buscar flores para mi madre. Pero parece que encontré algo más interesante.
Tobirama levantó una ceja, finalmente volviendo la cabeza hacia ella. [T/N] se sentó junto a él, dejando el cesto a un lado, y comenzó a observar las piedras que él sostenía.
—¿Siempre vienes aquí solo? —preguntó con curiosidad.
—Es un buen lugar para pensar —respondió él.
[T/N] inclinó la cabeza con una sonrisa juguetona. —¿Y en qué piensas tanto?
Tobirama dudó, pero finalmente respondió: —En cómo mejorar mis técnicas. Hashirama dice que debo estar preparado para cualquier cosa.
Ella lo miró fijamente, analizando su expresión seria. —Siempre estás entrenando o pensando en entrenar. ¿Alguna vez te diviertes?
Tobirama frunció ligeramente el ceño, pero antes de que pudiera responder, [T/N] se puso de pie de un salto y lo miró con desafío.
—¡Vamos, Tobirama! Te reto a ver quién puede lanzar la piedra que rebote más veces en el agua.
Él suspiró, pero al ver la determinación en su rostro, tomó una piedra y aceptó el desafío.
La relación entre Tobirama y [T/N] había comenzado meses antes, cuando ambas familias decidieron organizar una reunión entre los clanes Senju y Hyūga. En ese entonces, Tobirama no se mostró particularmente interesado en socializar, pero no pudo evitar notar a la niña Hyūga que miraba con curiosidad los pergaminos en los que él practicaba caligrafía.
—¿Puedo intentarlo? —preguntó ella, inclinándose sobre el pergamino.
—Dudo que lo hagas bien. No es algo sencillo.
[T/N] no se dejó intimidar y tomó el pincel con delicadeza. Aunque su caligrafía no fue perfecta, su determinación impresionó a Tobirama. Desde ese día, algo en él cambió. No entendía del todo qué era, pero cada vez que la veía, sentía que su usual lógica se desvanecía.
Hashirama, siempre el más expresivo de los hermanos Senju, fue el primero en notar cómo Tobirama observaba a [T/N] cuando creía que nadie lo veía.
—Tobirama, ¿por qué no vas y le dices que te gusta? —le dijo una tarde mientras entrenaban juntos.
—No sé de qué hablas —respondió Tobirama, endureciendo su mirada.
—Oh, claro que sí. Siempre te quedas callado cuando ella está cerca. Y ni siquiera protestas cuando te gana en una discusión.
—Eso no significa nada. Ella es... interesante, eso es todo.
Hashirama rió a carcajadas. —"Interesante", ¿eh? ¡Hermano, estás perdido!
Tobirama trató de ignorar las burlas de su hermano, pero no pudo evitar sentirse expuesto.
En otra ocasión, mientras los dos niños caminaban junto al río, [T/N] le habló de su deseo de ser más que una simple heredera del clan Hyūga.
—No quiero que me vean solo como la hermana de mi hermano. Quiero ser fuerte por mí misma.
Tobirama la miró, admirado por su determinación. —Entonces, trabaja para lograrlo. Eres capaz de mucho más de lo que piensas.
[T/N] se detuvo y lo miró fijamente. —¿De verdad lo crees?
—Sí —dijo él, y aunque su tono era neutral, sus palabras estaban cargadas de sinceridad.
Ese día, Tobirama decidió en silencio que haría todo lo posible por protegerla, aunque nunca lo dijera en voz alta.
Durante el festival anual de Konoha, los clanes se reunían para celebrar la paz. Hashirama convenció a Tobirama de que acompañara a [T/N] a recorrer los puestos.
—¿No es raro que vayamos juntos? —preguntó Tobirama, tratando de ocultar su nerviosismo.
—¿Por qué sería raro? Eres mi amigo, ¿no? —respondió [T/N] con una sonrisa radiante.
Mientras caminaban, los otros niños los miraban y cuchicheaban. Aunque Tobirama fingió no darse cuenta, su oído agudo captó comentarios como: "Mira, Tobirama y la niña Hyūga están juntos".
Esa noche, mientras observaban los fuegos artificiales, [T/N] se giró hacia él. —Gracias por acompañarme hoy. Me siento más cómoda contigo que con cualquiera.
—No es nada —respondió él, aunque su pecho se llenó de una cálida sensación que no pudo explicar.
Meses después, durante una tranquila tarde en el bosque, Hashirama y Tobirama se sentaron juntos a descansar después de un entrenamiento.
—No puedes seguir guardando tus sentimientos para siempre, Tobirama —dijo Hashirama de repente.
Tobirama se tensó. —No sé de qué hablas.
—Vamos, hermano. Es obvio. La manera en que la miras, cómo te esfuerzas más cuando está cerca. Admítelo.
Tobirama guardó silencio por un largo momento antes de finalmente suspirar.
—Está bien. Me gusta [T/N]. Desde hace mucho tiempo.
Hashirama lo miró sorprendido. —¡Por fin lo admites!
Tobirama lo miró seriamente. —Pero no quiero que se lo digas a nadie.
—No diré nada. Pero deberías decírselo tú.
Tobirama miró hacia el horizonte, pensando en las palabras de su hermano. En su corazón sabía que algún día tendría que confesar sus sentimientos, pero por ahora, estaba satisfecho con protegerla y estar a su lado en silencio.
El viento soplaba suavemente, llevando consigo una promesa no pronunciada: un día, Tobirama encontraría el valor para decirle todo a [T/N].