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El sol se colaba con suavidad por las cortinas de la habitación, pero [T/N] no podía disfrutar de la calma matutina. El peso de su mochila shinobi le recordaba la inminente misión, y el pequeño bulto acurrucado en la cuna, el corazón de su preocupación.
Sarada, su hija, dormía plácidamente, ajena a los dilemas de sus padres.
—Ya está el desayuno—la voz de Sasuke resonó desde la cocina, tan calmada como siempre, aunque [T/N] detectó un matiz de su cansancio mañanero. Se giró, su mirada fija en el hombre que, contra todo pronóstico, se había convertido en su roca, su hogar. El Uchiha, el último de su clan, el que había vagado por el mundo, ahora preparaba el arroz para Sarada con una meticulosidad casi obsesiva.
[T/N] se acercó a él, rodeándolo con sus brazos por la cintura. Apoyó la cabeza en su espalda, sintiendo la firmeza de sus músculos, el calor de su piel. —No quiero irme—murmuró, la voz un poco quebrada. Era una misión de exploración en territorio inestable, y la dejaría lejos de casa por unos días.
Sasuke se giró en sus brazos, su única mano libre acariciándole el cabello. Sus ojos oscuros, que habían visto tanto, la miraron con una ternura que solo ella conocía. —Lo sé—dijo, su voz más suave de lo habitual—. Pero es una misión importante. Y sabes que la aldea te necesita.
—Pero Sarada... es tan pequeña—la preocupación de madre la consumía.
Una media sonrisa se dibujó en los labios de Sasuke, una expresión rara, casi un guiño. —Tranquila. ¿Crees que no puedo con esto? He enfrentado a Kaguya, a innumerables ninjas renegados. Cuidar de una Uchiha no puede ser más difícil. Además—añadió, inclinándose un poco para que su voz fuera un susurro coqueto—, soy el mejor ninja del mundo. Puedo dominar cualquier jutsu. Incluso el "Jutsu de Cuidado Infantil: Modo Padre Definitivo".
[T/N] no pudo evitar reírse, aunque las lágrimas aún picaban sus ojos. Sasuke tenía una forma extraña de quitarle peso a las situaciones, de hacerla sentir que todo estaría bien, incluso cuando no lo parecía.
—Y no te preocupes por el Chidori en el biberón—continuó él, con un tono serio que la hizo sonreír más ampliamente—. Seré cuidadoso. Solo una pizca de chakra para mantener la leche tibia.
El momento de la partida llegó. Sarada ya estaba despierta, balbuceando alegremente en el regazo de Sasuke. Él la sostenía con una naturalidad asombrosa, su gran mano fuerte apoyada en su espalda. La imagen de Sasuke, el vengador, el solitario, ahora un padre cariñoso, le llenó el corazón de una mezcla de nostalgia y amor.
—Cuídala bien—dijo [T/N], dándole un beso a Sarada en la frente y luego a Sasuke en los labios.
—Vuelve a salvo—respondió él, sus ojos encontrándose con los de ella, una promesa silenciosa en su mirada. —Aquí te esperamos. Mi clan estará... organizado.
Cuando [T/N] salió de la casa, supo que dejaba a su hija en las manos más capaces y, sorprendentemente, en las más inesperadamente dulces. El primer día sin [T/N] fue, para Sasuke, una prueba de paciencia y adaptación. Después de que Sarada desayunara su arroz y leche, Sasuke se dispuso a la tarea de la compra. Agarró el carrito del bebé, acomodó a Sarada, y salió.