WAAAA parece que con este OS llegare al millon :o avisenme en comentarios si es asi UwU que felicidad~~~
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El alba apenas se asomaba por el horizonte, tiñendo el cielo con delicados tonos de rosa y naranja, cuando la luz incipiente comenzó a filtrarse por las persianas de la ventana. Las finas franjas doradas se deslizaron sobre el rostro sereno de [T/N], que dormía plácidamente acurrucada contra el pecho de Kakashi. El calor de su cuerpo era un ancla que lo mantenía en el presente, un recordatorio constante de la vida que habían construido juntos. Kakashi la observaba, con una sonrisa tan sutil que apenas se notaba en la comisura de sus labios, pero que emanaba una felicidad inmensa que le calentaba el alma.
Diez años. Diez años de compartir risas, tristezas, misiones y, sobre todo, un amor que había crecido más fuerte con cada estación, cada batalla, cada simple momento de paz. Y tres de matrimonio, una eternidad en el volátil mundo ninja donde el mañana nunca estaba garantizado.
—Buenos días, mi amor —susurró Kakashi, inclinándose para depositar un suave beso en la frente de su esposa. El gesto era una caricia de seda, un eco del profundo afecto que sentía por ella.
[T/N] se removió, sus ojos entreabiertos revelando una mirada somnolienta pero cargada de cariño. Un suspiro de satisfacción se escapó de sus labios mientras se acurrucaba más cerca de él, buscando el calor familiar de su cuerpo. El olor a lavanda de su cabello llenó el aire, un perfume suave y reconfortante que era tan suyo como su voz.
—Buenos días, dormilón —respondió ella con la voz ronca por el sueño. El apodo era una broma recurrente entre ellos, una referencia a la tendencia de Kakashi de llegar tarde a todo. Hoy, sin embargo, él había planeado ser puntual. El día perfecto. Un día entero dedicado a ella. Un desayuno con los panqueques que tanto le gustaban, una larga caminata por el bosque, un baño relajante en las aguas termales y, finalmente, una cena íntima a la luz de las velas. Un día para recordar, sin interrupciones, sin misiones, sin nada más que ellos dos.
Pero la paz es una rareza para un ninja, y para uno como Kakashi, la suerte tiende a ser un concepto esquivo. Justo cuando se disponía a levantarse para preparar el desayuno, su mano tropezó con una pila de pergaminos que había dejado sobre la mesita de noche. Los papeles se desparramaron por el suelo con un sonido seco y aterrador. Uno de ellos, el que había quedado abierto, tenía un sello de misión estampado con urgencia y una lista de los miembros del equipo: Kakashi, Naruto, Sakura y Sasuke. La fecha brillaba como una estrella fatal, un presagio de desastre: hoy.
El corazón de Kakashi se encogió. El pergamino, un pequeño y aparentemente insignificante pedazo de papel, se sentía como una sentencia de muerte para sus planes. Lo había olvidado por completo. El pánico se apoderó de él con una intensidad helada. No podía simplemente cancelar. La misión era importante, una escolta de un señor feudal a un pueblo vecino. Tampoco podía simplemente decirle a [T/N] que tenía que irse. La decepción en sus ojos sería peor que cualquier tortura de I&T. Sus ojos se movieron frenéticamente entre el pergamino y el rostro de su esposa, buscando desesperadamente una solución que no existía.