இ 132. Senju Hashirama.

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El río Nakano fluía con la misma indiferencia con la que el tiempo arrastraba a las almas jóvenes hacia un destino incierto

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El río Nakano fluía con la misma indiferencia con la que el tiempo arrastraba a las almas jóvenes hacia un destino incierto. Sus aguas cristalinas reflejaban el cielo azul inmenso y las siluetas de dos clanes en eterna disputa: los Senju y los Uchiha. Pero para [T/N], una Uchiha de dieciséis años, y Hashirama Senju, un joven con la misma edad y el espíritu de un bosque en crecimiento, ese río era el único lugar donde podían ser simplemente Hashirama y [T/N], lejos de los apellidos y los odios ancestrales.

Se encontraban en su claro secreto, un pequeño oasis entre árboles frondosos, donde el murmullo del agua ahogaba los ecos de la guerra. [T/N] observaba al chico, que intentaba hacer una flor de madera para ella, sus dedos grandes y fuertes torpes con los pequeños pétalos. Su risa, abierta y sincera, era un bálsamo para su alma, que estaba más acostumbrada a la seriedad y el ceño fruncido de su hermano mayor, Madara.

—No te rías, [T/N] —dijo Hashirama, con una mueca, el rostro manchado de savia. Sus ojos, del color de las hojas nuevas, la miraban con una devoción que calentaba el pecho de ella—. ¡Es más difícil de lo que parece! ¿Quién diría que el futuro Hokage no es un artista de la madera?

[T/N] se acercó, la sonrisa en sus labios se desvanecía en una tristeza familiar. El "futuro Hokage". Una palabra que, para ella, significaba un futuro de paz entre clanes, un sueño que su hermano, Madara, consideraba una utopía peligrosa.

—Quizás no eres el artista, pero tienes la mejor intención —dijo ella, tomando la flor de madera, imperfecta pero hecha con cariño. Sus dedos se rozaron con los de él, y una corriente eléctrica recorrió su brazo.

Hashirama captó el cambio en su humor. Su sonrisa se borró, reemplazada por la preocupación. —Sé lo que piensas. Tu hermano... sigue igual. Y tú... sigues apoyándolo.

[T/N] apartó la mirada, el brillo en sus ojos amargándose. —Es mi hermano, Hashirama. Mi sangre. Él cree que la paz no se logra con tratados, sino con fuerza. Cree que la traición está a la vuelta de la esquina. Y... él tiene razón. Hemos visto demasiadas muertes, demasiadas traiciones. Mi clan ha sufrido.

Hashirama suspiró, acercándose para tomar su mano. Su pulgar acarició suavemente su piel. —Pero si no lo intentamos, ¿qué sentido tiene todo? Podemos construir un futuro. Una aldea donde nadie tenga que morir por su apellido. Una aldea donde los niños como nosotros no tengan que crecer en el campo de batalla.

Ella quería creerle, con todo su corazón. Quería aferrarse a esa esperanza que Hashirama representaba, esa luz que él traía a su vida. Pero la sombra de Madara, la sombra de su propio dolor, la mantenía anclada a la realidad. Los Uchiha habían sido traicionados antes. La confianza era un lujo que no podían permitirse.

—Madara dice que eres ingenuo —murmuró [T/N], su voz apenas un susurro—. Dice que la única forma de que los Uchiha sobrevivan es si somos más fuertes que todos los demás. Que cualquier tratado es un engaño.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora