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இ 149. Hyūga Neji.

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El cielo sobre Konoha sangraba en tonos violetas y anaranjados, un crepúsculo que parecía presagiar el final de algo mucho más grande que el simple día

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El cielo sobre Konoha sangraba en tonos violetas y anaranjados, un crepúsculo que parecía presagiar el final de algo mucho más grande que el simple día. El aire estaba cargado, denso, saturado con el aroma a grasa quemada y carbón proveniente de las parrillas de Yakiniku Q. Para cualquier otro, era el olor de la celebración después de una misión exitosa; para [T/N], aquella noche, se convertiría en el aroma de la asfixia.

Dentro del reservado, el bullicio era ensordecedor. Rock Lee gesticulaba con sus palillos como si fueran kunais, narrando una batalla contra unos ninjas renegados con la pasión de un teatro ambulante, mientras Guy-sensei asentía con lágrimas de orgullo varonil brillando en sus ojos. Pero [T/N] apenas los escuchaba. Su mundo se había reducido a un eje gravitacional situado justo frente a ella, al otro lado de la mesa de madera barnizada.

Neji Hyuga.

A sus dieciséis años, Neji había dejado de ser el niño prodigio resentido para convertirse en una figura de una elegancia letal. Estaba sentado con esa postura inmaculada, la espalda recta como una vara de bambú, sus manos —envueltas meticulosamente en vendas blancas— descansando sobre la mesa con una quietud que contrastaba con el caos de sus compañeros.

[T/N] lo observó por encima del borde de su taza de té. Era una tortura deliciosa y secreta. Notó cómo la luz de las lámparas de papel aceitado se reflejaba en el protector frontal de Neji, y cómo sus pestañas, largas y oscuras, proyectaban sombras sobre sus pómulos altos. Había una tensión eléctrica entre ellos, un hilo invisible de chakra que vibraba cada vez que sus miradas se cruzaban por accidente. No era sutil. [T/N] sabía que eran pésimos disimulando. Si Neji rozaba su rodilla bajo la mesa, el tiempo se detenía para ambos, y el rubor que subía por el cuello de [T/N] no tenía nada que ver con el calor de las brasas.

Él la miró. Sus ojos, esas dos lunas pálidas y sin pupilas, se suavizaron imperceptiblemente. Era una mirada reservada solo para ella, una grieta en la armadura del genio del clan Hyuga. En ese silencio compartido, [T/N] leyó promesas que nunca se habían pronunciado en voz alta, futuros imaginados en los que el emblema del "Pájaro Enjaulado" no importaba tanto como la calidez de sus manos entrelazadas.

—¡Y entonces, Neji usó la Rotación y los mandó a volar a todos! —exclamó Tenten, riendo mientras volteaba un trozo de carne que siseó al tocar el metal caliente—. Aunque, hablando de Neji...

El tono de Tenten cambió. Dejó de ser la compañera de armas eufórica para adoptar un matiz más confidencial, casi conspirativo. [T/N] sintió un extraño frío en el estómago, una intuición ninja que gritaba peligro sin haber visto al enemigo.

—Escuché algo interesante cuando fui a la mansión Hyuga a entregar los pergaminos de la misión —continuó Tenten, bajando la voz, aunque el ruido del restaurante hacía innecesaria la precaución—. Parece que el Consejo del Clan finalmente se ha decidido. Hiashi-sama ha formalizado el compromiso.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora