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Era un día soleado en la aldea oculta entre las hojas. El cielo despejado y la brisa suave hacían que el ambiente fuera perfecto para disfrutar al aire libre. En una casa acogedora cerca del bosque, Hashirama Senju, el legendario Primer Hokage, jugaba con su pequeña nieta, Tsunade. La niña, con su característico cabello rubio y su energía desbordante, se reía a carcajadas mientras su abuelo fingía ser un monstruo de madera que intentaba atraparla con pequeñas ramas.
—¡Atraparé a la pequeña Tsunade! —exclamó Hashirama mientras extendía una mano hecha de madera hacia ella.
—¡Nunca me atraparás, abuelo! ¡Soy más rápida que tú! —respondió Tsunade, esquivando las "garras" de madera con agilidad sorprendente.
Desde la cocina, [T/N], la esposa de Hashirama, observaba la escena con una sonrisa en los labios mientras preparaba un cesto con verduras frescas. Ella era la verdadera piedra angular de la familia, la que mantenía el equilibrio en la vida caótica de Hashirama. Aunque ya no era joven, su belleza y gracia seguían siendo tan notables como el día en que el Primer Hokage se había enamorado de ella. Su larga cabellera ondeaba mientras organizaba las cosas que llevaría al mercado.
—Hashirama, voy al mercado. Cuida bien de Tsunade, ¿de acuerdo? —le dijo, lanzándole una mirada seria, pero cargada de cariño.
Hashirama levantó la mano en un saludo despreocupado.
—Por supuesto, querida. ¡Confía en mí!
Ella suspiró. Sabía que esas palabras siempre venían acompañadas de algún desastre. Se inclinó para besar a Tsunade en la frente.
—Pórtate bien, Tsunade. Nada de travesuras, ¿de acuerdo?
La niña asintió vigorosamente, pero en sus ojos brillaba la chispa de la curiosidad y la picardía. [T/N] tomó su cesta y salió de la casa, dejando a Hashirama y Tsunade a solas.
Una vez que [T/N] estuvo fuera de vista, Hashirama se inclinó hacia su nieta, con una sonrisa traviesa en el rostro.
—Oye, Tsunade... ¿te gustaría hacer algo emocionante? —preguntó en un tono conspirador.
Tsunade lo miró con ojos brillantes.
—¿Algo emocionante? ¿Qué, abuelo?
Hashirama miró a ambos lados, como si estuviera asegurándose de que nadie escuchaba.
—Vamos a... ¡un salón de apuestas!
La pequeña Tsunade ladeó la cabeza, confundida.
—¿Un salón de apuestas? ¿Qué es eso?
—Es un lugar donde puedes ganar dinero si tienes suerte. ¡Y yo sé que tú tienes mucha suerte!
Tsunade sonrió ampliamente. La idea de hacer algo "prohibido" la emocionaba. Hashirama la levantó en brazos y se dirigió hacia el pueblo.