இ o47. Sabaku no Kankurō.

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Era un día soleado en la aldea de la Arena, y Kankurō se sentía especialmente nervioso

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Era un día soleado en la aldea de la Arena, y Kankurō se sentía especialmente nervioso. Había estado pensando en [T/N] todo el día, pero cuando se trataba de hablar con ella, sus palabras se convertían en un revoltijo de nervios y tropiezos. Decidió que hoy era el día en que debía acercarse y, tal vez, finalmente confesar sus sentimientos.

Mientras se preparaba, sus hermanos, Temari y Gaara, decidieron que era el momento perfecto para "ayudarle" un poco.

—Kankurō, ¿te has puesto perfume? —preguntó Temari con una sonrisa maliciosa.

—¿Qué? No... ¡Es solo jabón! —respondió Kankurō, sintiéndose avergonzado.

—¿Qué vas a hacer hoy? —dijo Gaara, levantando una ceja, intentando parecer desinteresado pero con una pizca de diversión en su tono—. ¿Vas a hacerle un espectáculo de marionetas?

Kankurō se sonrojó—. No voy a hacerle un espectáculo... ¡Solo quiero hablar con ella!

Temari y Gaara intercambiaron miradas cómplices antes de salir corriendo hacia donde estaba [T/N], dejándolo solo con sus nervios.

Al llegar, Temari se acercó a [T/N]—. Oye, [T/N], ¿sabías que Kankurō tiene una marioneta que se parece a ti?

[T/N] se rió, sin creer lo que escuchaba—. ¿De verdad? Eso suena... extraño.

Mientras tanto, Kankurō, que había seguido a sus hermanos a una distancia prudente, escuchó la conversación y su cara se puso tan roja como su cabello. ¡¿Cómo se atrevían a contar eso?! Se acercó sigilosamente, intentando escuchar mejor.

—Sí, y estoy segura de que tiene una presentación preparada para ti —continuó Temari—. ¿Por qué no le das una oportunidad?

Kankurō, sintiendo que iba a desmayarse de la vergüenza, decidió que era hora de actuar. Se acercó con pasos tambaleantes, con la intención de desmentir la historia.

—¡Hola! —saludó, intentando sonar casual pero terminando en un tono demasiado alto.

[T/N] se volvió, sorprendida—. ¡Kankurō! ¿Qué tal? Estábamos hablando de ti.

Kankurō sintió que su corazón latía con fuerza—. Ah, sí, ¿de mí? —dijo, forzando una sonrisa—. Solo quería... eh... saber si... ¿tienes planes para hoy?

—No realmente —respondió [T/N], con una sonrisa amistosa—. ¿Por qué?

Justo cuando Kankurō iba a hablar, Temari se interpuso—. Porque Kankurō estaba pensando en hacer un espectáculo de marionetas en tu honor. Pero tú deberías decidir si quieres ser la estrella o no.

La sonrisa de Kankurō se desvaneció mientras se convertía en una mezcla de risa y desesperación—. ¡¿Qué?! ¡Eso no es cierto!

[T/N] se rió, disfrutando de la confusión de Kankurō—. Vamos, no me digas que no tienes una marioneta que se parece a mí.

Kankurō, con una mezcla de nervios y determinación, se cruzó de brazos—. Sí, la tengo, pero no es un espectáculo. ¡Es una obra maestra!

—¿Una obra maestra? —preguntó Temari con una risa burlona—. ¿Quieres que [T/N] la vea?

Kankurō sintió que el suelo se movía bajo sus pies, y decidió que era hora de terminar con el espectáculo. Corrió hacia su taller, decidido a mostrarle a [T/N] la marioneta que había creado.

—¡Mira! —exclamó, regresando en un momento, cargando la marioneta, que realmente se parecía a [T/N], aunque con un par de detalles extraños, como un peinado exagerado y una sonrisa exageradamente grande.

[T/N] no pudo contener la risa—. ¡Eso es lo más divertido que he visto! ¡Te quedó genial!

Kankurō, ahora completamente sonrojado, trató de mantener la calma—. Sí, lo sé. Solo quise... hacer algo especial.

—¿Un espectáculo especial? —preguntó Temari, con una sonrisa burlona—. ¿Qué sigue? ¿Vas a bailar con ella?

Kankurō, ahora en un ataque de pánico, comenzó a mover la marioneta de forma ridícula, haciendo que la marioneta se moviera de un lado a otro, mientras se burlaba de sí mismo—. ¡Sí, por supuesto! ¡Esto es lo que hago en mi tiempo libre!

[T/N] se unió a la broma, imitando los movimientos de la marioneta, lo que hizo que Kankurō se riera a carcajadas—. ¡Eso es! ¡Tienes que ser la estrella del espectáculo!

Los hermanos de Kankurō no podían dejar de reírse mientras la escena se volvía más absurda, con Kankurō intentando bailar mientras sostenía la marioneta, y [T/N] tratando de seguir el ritmo, todo mientras Temari y Gaara aplaudían con entusiasmo.

Finalmente, Kankurō dejó caer la marioneta y se unió a la diversión, haciendo que todos se rieran aún más. En ese momento, Kankurō se dio cuenta de que, aunque había hecho el ridículo, la risa y el buen humor lo acercaban más a [T/N].

—Tal vez no sea un espectáculo, pero definitivamente es una buena manera de pasar el tiempo —dijo Kankurō, sonriendo.

[T/N] le dio una mirada tierna—. Me parece perfecto. A veces, solo hay que reírse de uno mismo.

Kankurō, sintiéndose más relajado y feliz, finalmente encontró la confianza para mirar a [T/N] a los ojos—. Quizás un día, te invite a un espectáculo de verdad.

—Me encantaría —respondió [T/N], sonriendo.

Mientras se reían y disfrutaban del momento, Kankurō se sintió más cerca de ella que nunca. La conexión que compartían, llena de risas y momentos absurdos, era exactamente lo que había estado esperando.

Y así, mientras el sol comenzaba a ocultarse, Kankurō se sintió aliviado de haber sido él mismo, con su torpeza y todo, y eso lo llevó a descubrir un nuevo capítulo en su relación con [T/N]. Sin duda, la aventura apenas comenzaba.

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𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora