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இ 139. Inuzuka Kiba.

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La luz del atardecer teñía el cielo de Konoha de tonos anaranjados y violetas

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La luz del atardecer teñía el cielo de Konoha de tonos anaranjados y violetas. Era el día de la festividad de la aldea, un evento anual que llenaba las calles de puestos de comida, juegos y risas. Pero para Kiba Inuzuka, el festival solo servía como un molesto recordatorio de su situación actual: su incapacidad para confesarse a la chica que le gustaba.

Se encontraba sentado en el tejado de su casa, con las piernas colgando al vacío, mientras Akamaru dormitaba a su lado. El viento le revolvía los mechones de cabello castaño y su ceño estaba ligeramente fruncido. Podía oír el murmullo de la gente abajo, la música lejana de los tambores. Su corazón, sin embargo, latía un ritmo distinto, uno de nerviosismo y frustración.

[T/N].

Su nombre resonaba en su mente como una campana. No era una shinobi cualquiera; pertenecía al renombrado clan Yamanaka, prima de Ino, y poseía una habilidad increíble con las técnicas de su clan. Pero más allá de su destreza en combate, lo que realmente había capturado a Kiba era su sonrisa. Una sonrisa tímida y sincera que iluminaba su rostro cada vez que lo veía. Y lo veía a menudo. Entrenaban en el mismo campo a veces, se cruzaban por las calles del pueblo, y sus equipos a menudo trabajaban juntos en misiones. Cada encuentro era una batalla interna para Kiba, un torbellino de emociones que lo dejaban casi sin aliento.

Akamaru, sintiendo la tensión de su compañero, levantó la cabeza y emitió un suave ladrido. Apoyó su hocico en el muslo de Kiba y lo miró con sus ojos inteligentes.

—Ya lo sé, Akamaru —murmuró Kiba, acariciando la suave piel del perro. —No sé qué hacer. Es una fiesta. Se supone que debería divertirme, pero todo lo que puedo pensar es en... ella.

El perro ladró de nuevo, esta vez con más energía, como si le estuviera dando un consejo. Kiba suspiró, recostándose sobre la teja fría.

—No es tan fácil. ¿Qué le digo? ¿"Hola, me he dado cuenta de que me gustas desde hace un tiempo y ahora mis manos sudan cada vez que te veo"? No, eso es patético.

Akamaru resopló, como si encontrara la idea ridícula. Kiba se rio entre dientes, pero la risa no llegó a sus ojos. Estaba genuinamente preocupado. Había pasado las últimas semanas practicando discursos en su mente, visualizando un momento perfecto para confesar sus sentimientos. Pero cada vez que la veía, todas sus palabras se disolvían en una bruma de nerviosismo, reemplazadas por un simple, y casi siempre torpe, "Hola, [T/N]".

Las horas habían pasado volando, en un rincón más tranquilo del festival, Hinata Hyūga observaba el bullicio con una dulzura serena en sus ojos perlados. Su equipo, Kurenai, Shino y Kiba, se había dispersado para disfrutar del evento, pero una parte de ella siempre buscaba a sus amigos. Vio a Kiba en la distancia, en el tejado, y una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Lo conocía demasiado bien.

Sabía de su amor por [T/N]. También sabía que [T/N] no era indiferente a los encantos de Kiba, aunque el orgulloso Inuzuka era demasiado ciego para darse cuenta. Hinata había visto la forma en que los ojos de [T/N] se iluminaban cuando Kiba estaba cerca, la forma en que su sonrisa se volvía más suave. Era un secreto a voces, pero Kiba necesitaba un empujón.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora