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La tarde avanzaba con una quietud incómoda en la base de la Akatsuki.
La actividad usual de los miembros había disminuido después de la competencia entre Obito y [T/N], y el aire parecía cargado de tensión. Mientras tanto, Obito, siempre tan impredecible y juguetón, se encontraba en una de sus típicas actitudes relajadas, con una mano descansando sobre su máscara mientras observaba desde las sombras.
Su mente no paraba de dar vueltas en torno a la escena anterior: la forma en que [T/N] había reaccionado a sus provocaciones, su rostro tan sonrojado que se veía incluso debajo de la sombra de su capucha. Ella estaba empezando a ceder, y eso solo lo excitaba más.
Obito sabía cómo jugar con las emociones ajenas, especialmente las de [T/N]. Ella era inteligente, reservada, pero también vulnerable ante su humor tan explosivo y sus bromas descaradas. Le divertía ver cómo intentaba mantenerse firme frente a él, aunque sabía que cada vez era más difícil para ella ocultar la atracción que sentía, la cual no podía ser más evidente.
En ese momento, Obito se cruzó de brazos, disfrutando de la quietud que lo rodeaba. Sabía que [T/N] no tardaría en buscarlo nuevamente. Después de todo, su pequeña competencia no había terminado en el sentido más literal, y los "acuerdos" que habían hecho seguían siendo una promesa mutua. La sonrisa traviesa se dibujó en su rostro bajo la máscara mientras pensaba en cómo podía hacer que ella se sintiera aún más desconcertada y nerviosa.
[T/N] había tratado de evitarlo durante todo el día, ocupándose en otras tareas que requerían su atención. Sin embargo, cuando el sol comenzaba a ponerse, y la base de la Akatsuki se sumía en la penumbra, no pudo evitar buscar a Obito.
Sabía que no podía ignorarlo por mucho más tiempo, y aunque se sentía molesta por su actitud descarada, algo dentro de ella también le atraía. Había algo en su actitud desafiante y en su constante coquetería que la hacía sentir una mezcla de frustración y deseo que no lograba entender.
Recorrió los pasillos en silencio hasta que llegó a la sala común, un lugar de descanso donde los miembros de la Akatsuki solían relajarse entre misiones. Allí lo vio, como siempre, recostado en una esquina, con una postura relajada y casi arrogante. Cuando sus ojos se cruzaron, él no tardó en sonreír con esa mirada tan característica suya, como si ya supiera lo que pasaba por su mente.
—¿Volviendo a por más, [T/N]? —dijo Obito, su tono burlón, pero de alguna manera, con una suavidad que la hizo estremecerse. Se incorporó lentamente, estirando los brazos como si estuviera preparándose para un nuevo juego, un nuevo reto.
[T/N] no dijo nada, solo lo miró fijamente, tratando de mantener la compostura, aunque su corazón latía rápido. Sabía que Obito estaba jugando con ella, pero, por alguna razón, no podía apartar la mirada. Esa era la forma en que él la hacía sentirse: atrapada en su encanto, en su desvergüenza. Y no importaba lo que hiciera para evitarlo, siempre lo encontraba.
—¿Qué quieres ahora, Obito? —preguntó, intentando sonar indiferente. Sin embargo, su voz tembló ligeramente, revelando lo que realmente sentía.
Obito se acercó, con esa manera tan suya de moverse, como si nada pudiera perturbarlo. Al estar tan cerca de ella, pudo notar cómo su respiración se aceleraba ligeramente. Era sutil, pero él siempre sabía leer esos pequeños detalles.
—Solo quiero saber... ¿qué harás ahora que he ganado? —dijo Obito, su tono claramente lascivo mientras sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. Se inclinó ligeramente hacia ella, con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas de sus intenciones. —Sé que no te gusta perder, [T/N]. ¿Vas a cumplir con el trato?
[T/N] intentó apartarse, pero no pudo evitar sentirse algo inquieta ante la cercanía de Obito. Su respiración, de alguna manera, se hacía más densa a medida que la miraba, y esa sensación de estar atrapada comenzó a embriagarla.
—No soy una tonta, Obito —dijo, con tono desafiante—. No voy a caer en tus bromas. Lo que pasó antes no me afecta.
Obito sonrió de manera aún más amplia, completamente seguro de lo que había logrado. No había nada más que lo excitara que desafiar los límites de [T/N], empujarla más allá de su zona de confort.
—Claro que sí te afecta, [T/N]. Y lo sé porque te veo. —Obito dio un paso más cerca, su aliento cálido rozando su rostro—. Cada vez que digo algo provocador, te sonrojas. Cada vez que te miro, no puedes evitar desviar la mirada. Sé que te excita, que te incomoda, y eso me hace pensar... ¿qué tan lejos puedo llegar antes de que te rindas?
[T/N] trató de mantener la calma, pero el tono provocador de Obito la hizo sentirse completamente vulnerable. Intentó responder con dureza, pero su voz se quebró cuando él acarició ligeramente su mejilla con la palma de su mano. Su contacto era suave pero intensamente persuasivo, y ella no pudo evitar sentirse cautivada por la manera en que la miraba.
—Obito, basta... —susurró, aunque su voz no tenía la fuerza que ella quería transmitir.
Obito, como siempre, no cedió. De hecho, se acercó aún más, hasta que sus labios estuvieron peligrosamente cerca de los suyos. La tensión entre los dos era palpable, y [T/N] pudo sentir cómo su corazón latía fuertemente en su pecho. Sabía que estaba en una encrucijada. ¿Debería seguir resistiéndose a él? ¿O finalmente cedería a la atracción que, a pesar de todo, sentía por él?
—¿Por qué no dejas que todo esto pase, [T/N]? —susurró Obito, su aliento rozando sus labios—. Déjame mostrarte algo que nunca olvidarás.
[T/N] estaba atrapada entre el deseo y la razón, luchando contra lo que su cuerpo le pedía y lo que su mente le dictaba. No quería caer en su juego, pero al mismo tiempo, no podía evitar sentir la atracción tan palpable que existía entre ambos. Sus ojos se encontraron nuevamente, y en ese breve instante, todo lo demás desapareció.
Obito, al ver la indecisión en su rostro, no pudo evitar sonreír con más descaro. Sabía que había ganado, que en el fondo ella quería lo mismo que él, solo que se estaba resistiendo. La atracción que existía entre ellos era innegable.
—Vamos, [T/N]. —dijo Obito, con una voz más suave, casi tierna. Su tono ya no era tan provocador, pero su mirada era lo suficientemente intensa como para hacerla estremecer—. Deja de pelear contra lo que sientes. Sé que te atraigo, y no tienes por qué avergonzarte de ello.
[T/N] lo miró, el rostro completamente sonrojado, pero una parte de ella quería rendirse, quería permitir que la cercanía de Obito, esa mezcla entre humor, descaro y una profunda atracción, la envolviera por completo. El juego entre ambos había cambiado, y ahora no estaba segura de qué camino tomar.
—No... no sé qué hacer contigo, Obito. —respondió con voz temblorosa, finalmente permitiendo que su mirada se suavizara.
Obito sonrió satisfecho, aprovechando ese momento de vulnerabilidad. Sabía que la tenía justo donde quería. Ahora, la parte divertida era hacer que ella se rindiera completamente.
—No tienes que hacer nada, [T/N]. Solo relájate y deja que las cosas sigan su curso. —dijo con un tono más suave, más íntimo. Finalmente, se acercó lo suficiente para que sus labios casi se rozaran, disfrutando del poder que tenía sobre ella.
Cuando por fin sus labios se encontraron, fue un beso suave pero cargado de promesas, una caricia que dejaba en claro que las palabras y las bromas ya no eran necesarias. Todo lo que quedaba entre ellos era la atracción que había crecido entre risas, provocaciones y el constante tira y afloja.
Obito la había ganado, y ahora, todo lo que restaba era disfrutar del resultado. Y, como siempre, él no tenía intenciones de ser suave con ella.