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இ 129. Senju Tobirama.

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El laboratorio de investigación de Konoha, normalmente un santuario de orden impoluto bajo la atenta y a veces intimidante mirada de Senju Tobirama, era hoy un vibrante, caótico y sorprendentemente aromático campo de juegos

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El laboratorio de investigación de Konoha, normalmente un santuario de orden impoluto bajo la atenta y a veces intimidante mirada de Senju Tobirama, era hoy un vibrante, caótico y sorprendentemente aromático campo de juegos. Tubos de ensayo de cristal, que en sus manos eran herramientas de precisión, en las de ella se convertían en malabares peligrosos, tintineando como campanillas en una tormenta. Líquidos de colores brillantes—demasiado brillantes, Tobirama pensaba con un escalofrío—burbujeaban descontroladamente en matraces, y el aire estaba cargado con una mezcla indescriptible a... ¿quemado, caramelo y quizás algo parecido a un zorro mojado? Tobirama, el Segundo Hokage, un shinobi legendario cuya mente era un baluarte de lógica férrea y un temperamento que podía congelar el aire ante la menor señal de incompetencia, se encontraba de pie, con los brazos cruzados firmemente sobre su pecho, una vena pulsando visiblemente en su sien, el pulso que solo ella lograba provocar.

Frente a él, con una mancha de hollín en la mejilla que solo la hacía ver más adorable, y su cabello pelirrojo, vibrante como una llama furiosa, despeinado en todas direcciones cual nubes de algodón de azúcar, estaba [T/N] Uzumaki. Sus ojos, profundos y expresivos, del color de las amatistas más puras, brillaban con una mezcla de frustración cómica y una determinación inquebrantable, pero también con esa chispa de travesura que lo había cautivado—y exasperado—desde el primer momento en que la vio. Llevaba una bata de laboratorio que le quedaba cómicamente grande, con las mangas enrolladas hasta los codos, y en su mano, que en cualquier otro contexto sería una herramienta de arte, sostenía una pinza de laboratorio de la que goteaba un líquido morado.

—Cariño —la voz de Tobirama era un gruñido bajo, una cuerda tensa a punto de romperse, pero con un hilo de afecto que solo ella era capaz de percibir. Su tono era una mezcla de control férreo y desesperación contenida—. Mi cielo, te pedí que prepararas una solución estabilizadora de chakra. Una solución estabilizadora, no un... ¿qué se supone que es esto? ¿Un volcán de uva en miniatura con efectos secundarios de pesadilla?

[T/N] le dedicó una sonrisa inocente que él sabía que era una máscara, una fachada encantadora para el caos que se gestaba en su mente. —¡Pero Tobirama-kun! Estaba experimentando. Pensé que si añadía un poco más de esencia de ciruela silvestre, el chakra se anclaría mejor al sistema digestivo. ¡Para una absorción más eficiente y sin desperdicios, amor!

La mandíbula de Tobirama se apretó. Podía sentir el familiar tic en su ojo izquierdo. La "esencia de ciruela silvestre" no era parte de ninguna fórmula conocida—y mucho menos aprobada—y el "sistema digestivo" no era, en absoluto, el objetivo de su investigación actual. Era el tipo de lógica que solo [T/N] podía articular con tal convicción. —Mi amor... Con todo el respeto que te tengo... tu comprensión de la anatomía humana y la química del chakra es... creativa, por decir lo menos.

—¡Creativa, exactamente! —exclamó ella, apuntándole con la pinza goteante, el líquido morado a punto de caer sobre su inmaculado rostro. —¡Eres un genio, Tobirama! ¿Ves? Lo entendiste. ¡A veces hay que pensar fuera de la caja de las reglas y lo predecible! ¡No todo es lógica fría!

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora